miércoles, 22 de julio de 2009

BAIONA LA REAL Y EL VERANEANTE INCÓMODO

BAIONA
ES UN LUGAR MARAVILLOSO.
Pero ahora nos empieza a suceder lo del artículo,
que va a continuación.
No tenemos el burca, que no tardará, pero sí aquellos y
aquellas, que hacen poco elegante
un lugar de veraneo tan extraordinario.
El veraneo familiar de otros años, se ve empobrecido
por los desaprensivos,
que no respetan ni a los niños.

Entre el burka y el biquini en la ciudad

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'Entre el burka y el biquini en la ciudad',

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Firmado por Ignacio Aréchaga
Fecha: 20 Julio 2009
Mientras en Francia se discute si hay que erradicar el burka en el espacio público, en Barcelona se debate si hay que prohibir ir en traje de baño por la calle. Taparlo todo o exhibirlo casi todo son las dos posturas extremistas, y ambas provocan el debate sobre si hay que excluir determinadas indumentarias en el espacio público.
En Barcelona ha sido Jordi Clos, presidente de los hoteleros de la ciudad, quien se ha quejado del ambiente que impera en dos de las principales zonas turísticas de la capital catalana: las Ramblas y la Barceloneta, zona portuaria cercana a las playas. Clos reclamó abiertamente que “se prohíba que la gente vaya en bañador por la Rambla”, porque rebaja el ambiente de la zona. Clos, que va a abrir un hotel de su propia cadena en las Ramblas, declara a La Vanguardia que la proliferación de gente en bañador y sin camiseta degrada la imagen de Barcelona como marca. “El incivismo ha aumentado en la ciudad en los últimos años”, asegura el hotelero, preocupado por su negocio.
Porque el desaliño personal, por comodidad o afán exhibicionista, ha acabado deteriorando la zona turística, que “ha sido invadida por gente en bañador, por lateros, por prostitutas”... cuando “hace cinco años no era así”. De hecho, en algunas localidades de gran afluencia turística como Sitges, se han aprobado normas de “buenas prácticas” que excluyen ir sin camiseta o en traje de baño por la calle.
Pero no hace falta ir a la Barceloneta para notar este deterioro en la vestimenta veraniega en la calle. Más que nada parece que se van borrando las diferencias en el modo de vestir según los ámbitos, como si ya no se hiciera distinción entre la casa y la calle, la playa y la ciudad. Solo el ámbito del trabajo resiste, porque ahí está en juego la imagen de la empresa.
En algunos casos este descuido es pura comodidad. En otros se detecta un estudiado afán de llamar la atención, no ya con la elegancia, sino con los atributos más evidentes. Por eso no le falta razón a la musulmana Pamela Taylor, cofundadora de Muslims for Progressive Values, cuando hace un paralelo entre el burka, que externaliza la creencia de que los hombres solo pueden ver a las mujeres como objetos sexuales, y la obsesión occidental por el cuidado corporal y la instrumentalización del cuerpo femenino como reclamo publicitario. “La fijación de Occidente en la sexualidad femenina, y la búsqueda de una apariencia cada vez más seductora, es la imagen simétrica de la idea que lleva a cubrir la cara con el velo en Oriente; la diferencia es que en Occidente explotamos el mismo modo de pensar que el burka intenta suprimir”.
“Si criticamos el burka como denigrante para la mujer –añade–, también deberíamos criticar una cultura donde la búsqueda interminable de la belleza ha llevado a una epidemia de anorexia, cirugía plástica y miles de millones gastados en cosméticos, tintes y modas debilitantes. Debemos buscar un justo término medio en el que las mujeres sean solo personas” (The Washington Post, 25-06-2009)
Personas que hagan valer también su elegancia y su atractivo físico, mientras lo tengan, pero cuya presentación no las cosifique. Pues si el burka borra la identidad femenina, hay algunas exhibiciones corporales que animan al hombre a quedarse en lo más epidérmico, sin interesarse por la persona.
Es un artículo de ACEPRENSA.
¡Y NO DIGAMOS DE EL BOTELLÓN!
¡¡¡NOS HAN INVADIDO!!!

martes, 21 de julio de 2009

Don Gilberto Gómez González, OBISPO RESIDENCIAL DE ABANCAY,


Don Gilberto Gómez González, ha sido nombrado


por S.S. el Papa, Benedicto XVI


OBISPO RESIDENCIAL DE ABANCAY,


tras la renuncia del Obispo, D. Isidro.


Hasta ahora fué, Obispo Auxiliar de Abancay.


Tenemos que encomendarle,


y mandarle ánimos, todos los que le conocemos,


porque lo necesitará mucho.


Pedimos su bendición.


Me ha respondido a la felicitación:



Gracias, don Javier. Todavía con la pena de no haberlo visto, le agradezco muchos sus oraciones y buenos deseos. Confío en la ayuda de los de arriba -nuestro Padre, don Alvaro, don Enrique- y en la de los de abajo: la Obra, esta familia diocesana y de todos los que , como usted, me quieren.
El Señor me lo bendiga.

+Gilberto

Mons. Gilberto GÓMEZ GONZÁLEZ nació en Albeos, diócesis de Tui-Vigo (ESPAÑA) el 12 de febrero de 1952. Tras los estudios secundarios, filosóficos y teológicos en el Seminario diocesano de Tui-Vigo, recibió la ordenación sacerdotal el 14 de septiembre de 1975. Ha sido vicerrector del Seminario Menor de Tui-Vigo de 1975 a 1985. Pertenece a la "Obra di Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana", y fue destinado a la diócesis de Abancay, primero como Rector del Seminario Menor diocesano (1986-1992) y párroco de Tamburco, y después como vicerrector (1992-1997) y finalmente como rector del Seminario Mayor de Abancay; contemporáneamente ha sido capellán de las Hermanas Carmelitas Descalzas de Abancay y miembro del Consejo presbiteral diocesano. Ha colaborado en la publicación del Catecismo de la Doctrina Cristiana y es autor de algunos artículos de carácter religioso y espiritual publicados en el boletín diocesano de Abancay.

En el año 2004, D. GILBERTO GOMEZ GONZÁLEZ,

fué el GANADOR DEL PREMIO MUNDIAL DE LA

FUNDACIÓN FERNANDO RIELO DE

POESÍA MÍSTICA, CON EL POEMA,

VIA LUCIS.

Y D. Guillermo Juán Morado escribe de él....


D. Gilberto, Obispo de Abancay


Entre los dones recibidos de la Providencia, estimo que uno de los más valiosos ha sido el hecho de haber tenido buenos profesores. Si vuelvo atrás y proyecto sobre mi pasado el foco de la memoria no encuentro ni un solo profesor del que guarde mal recuerdo. Incluso les he perdonado a los que se ocupaban del Dibujo o de la Educación Física, asignaturas temibles y temidas, que me recordaban, quizá sin pretenderlo, mis limitaciones, en una etapa – la infancia adulta o la adolescencia – en la que uno lo que quiere, lo que desea de verdad, es “ser”; es decir, afirmarse a sí mismo, hacerse merecedor del derecho de ciudadanía como habitante del mundo.

El recién nombrado Obispo de Abancay, D. Gilberto Gómez González, es uno de esos maestros. Creo que ingresé en el Seminario Menor de Tui a los once años, poco después de la muerte del Papa Pablo VI y del Papa Juan Pablo I. El funeral de este último Pontífice, en la Catedral de Tui, lo recuerdo con bastante nitidez. Yo no sabía muy bien quién era el Papa, pero sabía que era la cabeza visible de la congregación de los fieles cristianos fundada por Jesucristo. Es decir, sabía bastante más de lo que, en aquel entonces, podía asumir reflejamente. Existía una realidad sobrenatural, divina, en la tierra y esa realidad tenía un “jefe”, un punto visible de referencia: El Papa.

De D. Gilberto, por entonces formador y profesor del Seminario, recuerdo tres cosas. La primera, era un sacerdote muy piadoso, muy rezador, hasta un poco místico, en el mejor sentido de esta palabra tan polivalente. Cuando celebraba la Misa, después de la Comunión, se quedaba en silencio, sentado en la sede, durante un buen rato. Yo tenía la sensación de que ese hombre amaba a Dios y creía firmemente en él. El segundo rasgo se refiere a pericia con el lenguaje. Era, y es, un poeta. Heidegger decía que el hombre es “el pastor del ser”. Pues esa función de pastoreo, de cura, de cuidado, de vigilancia, la ejercen sobre todo los poetas, aquellos que trabajan con las palabras levantando, poco a poco, el edificio prodigioso del sentido. Sus clases de Lengua Española me han quedado grabadas: la lengua, la maravilla del idioma, no era un instrumento sobre el que disertar desde afuera, con una neutral distancia, sino algo que formaba parte de nosotros mismos. El tercer rasgo era su vocación de estudio. A su modo, a su manera. Un poeta no suele ser un académico. Pero D. Gilberto leía y releía obras teológicas. No sé el motivo, pero evoco en mi mente uno de los volúmenes de los “Escritos de Teología” de Karl Rahner.

Hace ya años, D. Gilberto se fue a Perú, como misionero. Nacido en 1952, en Albeos (Pontevedra), fue ordenado sacerdote en 1975 y Obispo en 2002 – Obispo auxiliar de Abancay - . Ayer mismo, 20 de Junio de 2009, Benedicto XVI lo nombró Obispo residencial de esa Diócesis. Vaya desde aquí mi reconocimiento a él y a todos los que, como él, han formado, y forman aún, parte de la urdimbre de la propia biografía. Sí, en ese conjunto de hilos, han dejado huella mis profesores y mis maestros.

Guillermo Juan Morado


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