jueves, 20 de agosto de 2009

San Bernardo de Claraval



San Bernardo de Claraval
Hoy, día 20 de agosto. Fiesta de San Bernardo de Claraval
San Bernardo,
el gran devoto de
LA SANTÍSIMA VIRGEN.
Que le pidamos hoy,
que si la devoción a la
Santísima Virgen,
es señal de predestinación,
seamos tambien
nosotros,
unos enamorados de
SANTA MARIA.
Oración de San Bernardo
a la Virgen:
Acordaos,
oh piadosísima Virgen María,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido a tu protección,
implorando tu asistencia y reclamando tu socorro,
haya sido abandonado de ti.
Animado con esta confianza,
a ti también acudo,oh Madre,Virgen de las vírgenes,
y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados,
me atrevo a comparecer
ante tu presencia soberana.
No deseches mis humildes súplicas,
oh Madre del Verbo divino,
antes bien, escúchalas
y acógelas benignamente.
Amén.
Enlace :
en

sábado, 15 de agosto de 2009

http://La Asunción de Nuestra Señora a los cielos

dia 15 de agosto
Sin quieres leer una explicación preciosa
del la ASUNCIÓN DE LA VIRGEN AL CIELO,
tienes que hacer clic en el enlace,
pero antes ten en cuenta la fórmula del
DOGMA DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN
A LOS CIELOS
del PAPA PIO XII
""44. Por tanto, después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces e invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para acrecentar la gloria de esta misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, por la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y por la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma de revelación divina que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste.""De la Bula "Munificentíssimus Deus".

martes, 11 de agosto de 2009

Santa Clara de Asís




SANTA CLARA DE ASÍS






Hoy, día de Santa Clara de Asís,
podemos meditar
en qué situación nos encontramos,
en nuestra relación íntima con Dios.
También nosotros podemos ser
contemplativos en medio del mundo,
si vivimos a tope
nuestra condición de cristianos,
y nos damos cuenta de que
el Bautismo
nos llama a la Santidad...
también a los que no somos religiosos.
Cada caminante siga su camino.
Dios llama de muchas maneras.

domingo, 9 de agosto de 2009











Ultimas noticias de

D. Gilberto, Obispo de ABANCAY

.Enrique Gil, el amigo de D. Gilberto,

que aunque nosotros lo seamos también,

él es mucho más,me escribe esas notas,

porque allá se fué con D. Benito y D. Antonio,

y unos cuantos amigos y familiares,

para acompañarle en estosmomentos emotivos

de suTOMA DE POSESIÓN DE LA DIOCESIS.


Querido amigo:Ya estamos aquí . Atrás quedan abismos, emociones, precipicios,vértigos, montañas de colosales picos y perpendiculares y abismalesparedes, cansancios, lágrimas de alegría…No olvidarán jamás los visitantes la constante atención de mr.Gilberto: el viaje de ida y vuelta con él de Cuzco a Abancay, susanécdotas, la visita al hospital diocesano, a las carmelitas declausura, al asilo, al seminario, a la cárcel, a la cima delKizapata. El encuentro aquí con Teodora Monzón, ancianita quevolvía, descalza, del mercado. Mr. Gilberto le dió un beso y unrosario, a lo que ella, agradecida, le contestó en su inca yúnica lengua conocida: “ Gracias, padrecito. Ofreceré missufrimientos por usted”. (adjuno foto)No se borrará jamás de sus sentidos sobre todo la fecha grande yfuerte del Espíritu Santo: a la cima del Kizapata, el 8, día de sutoma de posesión. La recepción festiva y gozosa de sus diocesanos,la cercanía y profundidad de las palabras de monseñor, la emociónen los cantos, la mística de la oración de aquellas gentessencillas…Mientras preparamos el álbum de fotos del viaje e inolvidableconvivencia con él, os adelantamos algunas en torno a su solemne yfestiva toma de posesión.… Bueno, en realidad es Abancay quien lo toma a él. Y es él el que seentrega.: “Hasta ahora era el amigo del esposo. Ahora soy el esposo dela iglesia de Abancay. Así lo expresa este anillo que nunca, sale demi mano” (exhortación pastoral Eucaristía toma posesión). Todavía resistiéndonos a bajar del Tabor de este viaje maravillosoy transmitiéndoos el abrazo de monseñor y la petición de oraciónpor sus intenciones, os saludo en su nombre y el de todos miscompañeros. Enrique.



Antes, Enrique, había escrito:


Querido amigo: 8 de agosto de 2009:


SOLEMNE TOMA DE POSESION DE MR. GILBERTO.


Impresionante la espontanea manifestación popular deafecto y cariño . Cantos, música, desfiles... Difícil relatarlo. Enuna de las pancartas: "Dios ama a mr. Gilberto"“Estas cosas no se improvisan”, me diría Miguel Ángel DomínguezMontes. Mr. Gilberto es monseñor gestos”. Ya en plena celebración litúrgica un coro compuesto por más de cienvoces nos deleitó con sus cantos. Aplausos interminables tras la bula de nombramiento. En su alocución monseñor estuvo como siempre: cercano y profundo,ocurrente y reflexivo, emotivo y sereno.Solo un par de citas: “El seminario seguirá siendo la niña de mis ojos.” “Pensaba poner en mi escudo el salmo 20, el “ levanto mis ojos alos montes… muy fácil aquí en Perú…” “Solo confiando en la oración de ustedes he podido aceptar estaresponsabilidad. De lo contrario me iría con mis sobrinos a casa.Vamos pues a soñar con la cosecha…“ “La prioridad de vuestro obispo es ser santo. No tendría sentidovenir a estas tierras y no buscar la santidad con todas mis fuerzas.Ayúdenme para mantener en alto los brazos de la oración, abrazar lacruz con amor y alegría “. Los asistentes a la celebración – la catedral estaba abarrotada-prorrumpieron en un interminable y fuerte aplauso tras los últimosdiez minutos en lengua quechua en su alocución. Añadir solo que “choramos como videiras na poda”. Enviaré fotos. De momento unas de nuestro encuentro con Mr. En Cuzco. De todos mis compañeros de viaje recibe nuestro cordial abrazo Enrique
Monseñor 169.jpg

Y ahora, en un último envío, me envia Enrique la

HOMILÍA de la toma de posesión:

Mons. Gilberto Gómez González, Obispo de Abancay.8 de Agosto del 2009.
DEO OMNIS GLORIA
“Para Dios toda la gloria”, para alabanza y gloria de la Trinidad Beatísima nos hemos reunido. Y celebramos esta Eucaristía en honor de Santa María, la Madre de la Iglesia, Madre y Patrona también de esta partecita de la Iglesia, que es la diócesis de Abancay. Imploramos su protección sobre esta familia diocesana y sobre mi persona débil e indigna, que, desde hoy, será vuestro pastor.
Saludo al Arzobispo metropolitano de Cuzco y a todos los Obispos que han querido acompañarme con su oración y su aliento. Efectivamente, los obispos, sucesores de los Apóstoles formamos, bajo el Papa, un Colegio, y estamos unidos en la solicitud por la Iglesia Santa. Sé que el obispo nunca está solo, que está siempre y continuamente unido a sus hermanos en el episcopado y al Sucesor de Pedro.
Permítanme saludar, especialmente, a Monseñor Isidro, a quien agradezco en nombre propio y en nombre de toda la diócesis su dedicación misionera, amorosa y entregada, de 40 años -23 como obispo. Él ha sido mi padre y maestro en estos siete años como obispo auxiliar a su lado.
Saludo a Mons. José Luis López-Jurado, Vicario regional del Opus Dei, a quien agradezco la atención espiritual que la Obra me presta a mí, como a otros sacerdotes de la Sociedad Sacardotal de la Santa Cruz.
Saludo agradecido a los sacerdotes: a los que han venido de fuera y a los que en esta viña del Señor- en Abancay o Andahuaylas, Aymaraes o Chincheros- “soportan el peso del día y del calor”. Ustedes son mis más estrechos colaboradores, “mi alegría y mi corona”.
Saludo a las religiosas y religiosos, indispensables en la misión, testigos de la presencia viva de Dios en medio de su pueblo.
A los seminaristas, futuros sacerdotes, esperanza y porvenir de la diócesis. A la formación de sacerdotes he dedicado 28 años de mi vida. El seminario será, ciertamente, “la niña de mis ojos”
Saludos a Juan y Tere, mis queridos sobrinos, y a Enrique y Ana , hermanos y papás, a la vez.
Y a Todos ustedes mis queridos hermanos presentes de todas las parroquias de nuestras cuatro provincias, miembros de los grupos apostólicos y cofradías; padres de familia, jóvenes, abuelos y niños, que están representando a la grey que debo apacentar.
El día 20 de Junio, fiesta del Corazón Inmaculado de María, se hizo pública la noticia de mi nombramiento como Obispo de Abancay. Nuestra vida está en manos de la Providencia del Buen Dios. Hemos de cumplir la voluntad de Dios y “servir a la Iglesia como ella quiere ser servida” . Escribí al Santo Padre agradeciendo la confianza que pone en mi débil e indigna persona. La tarea es muy superior a mis fuerzas.
Adeamus cum fiducia
Hace siete años adopté como lema episcopal aquellas palabras de la carta a los Hebreos : “Acerquémonos con confianza al trono de la gracia para hallar misericordia y el auxilio de la gracia en el tiempo oportuno”( Hbr 4,16).
Mi confianza está puesta en el Cielo. “Levanto los ojos a los montes, ¿de dónde me vendrá el auxilio? El Auxilio me viene del Señor que hizo el Cielo y la tierra.”(Sal 120) “A ti levanto mis ojos, a Ti que habitas en el Cielo, a Ti levanto mis ojos porque espero tu misericordia”. Quise poner la Cruz de Santiago no tanto para recordar mi Galicia natal, sino el Possumus pronunciado por los hijos de Zebedeo(“ ¿Pueden beber el cáliz que yo voy a beber y ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado? –Podemos”), Consciente de mi debilidad y sin saber todo lo que me espera, con los ojos puestos en Cristo, los invito a todos ustedes –sacerdotes y fieles- a decir con esa humildad y confianza, ante los desafíos que nos esperan: Podemos.
“¿De dónde me vendrá el auxilio?”
De lo alto. Espero la misericordia divina a través de la Reina y Madre de misericordia – nuestra Señora de Cocharcas. Cuento con la intercesión de los santos Apóstoles y de esos grandes pastores de la Iglesia, obispos y sacerdotes, como Santo Toribio o san Juan Maria Vianney o San Josemaría, También de aquellos pastores fieles y ejemplares en el servicio de la Iglesia como don Alvaro o don Enrique Pélach, sepultado en esta catedral, a quien todos recordamos con tanta veneración. También –¿cómo no?- al P- Leopoldo y P- Eliseo y otros buenos pastores de la diócesis que nos han precedido.
Monseñor Enrique contaba que cuando le propusieron ser obispo de Abancay, se fue al Sagrario muy preocupado, dándole vueltas y vueltas, hasta que escuchó una voz que le dijo: “Tonto, tú eres instrumento”.
Pera ser buen instrumento, además del auxilio de lo alto, pongo también mi confianza en el auxilio de abajo: de ustedes, mis hermanos obispos, que me sabrán ayudar y corregir; de ustedes, sacerdotes de Abancay, que son la gran riqueza de esta diócesis. Sólo confiando en ustedes podía aceptar la carga pastoral.
Apoyándome también en la fidelidad de las religiosas y religiosos, en su testimonio de vida entregada, y en el de todos los fieles laicos que ofrecen cada día el sacrificio de su vida.
La prioridad
No es necesario diseñar un nuevo programa de pastoral. El Papa junto con los Obispos Latinoamericanos nos lo han entregado ya en Aparecida: La misión continental, un estado de misión permanente, en dos palabras: una nueva evangelización. Efectivamente, se nos propone ser “discípulos y misioneros” de Jesús, que eligió a sus discípulos: “para que estuvieran con él y enviarlos a predicar”.
Así pues, ¿cuál es la prioridad? La prioridad es que vuestro obispo sea santo, que –como recuerda San Pablo a Timoteo- “practique la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza” (1Tim 6,11) (No tendría sentido venir a esta linda tierra o permanecer en ella con otro objetivo) Buscar la santidad con todas las fuerzas. Esa búsqueda está, en primer lugar, en buscar el rostro de Cristo en la oración. Sólo así podré tener los sentimientos del buen Pastor para gobernar con “suavidad fortaleza”. “Señor de Misericordia, dame la sabiduría asistente de tu trono y no me excluyas del número de tus siervos, porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva, hombre débil y demasiado pequeño para conocer lo que es justo” "Envía la Sabiduría para que me asista en mis trabajos y llegue a saber lo que te es grato” (Sab 9). Ayúdenme a mantener los brazos en alto en la oración asidua. Ayúdenme a no recibir la Cruz con resignación, sino a salir a su encuentro y abrazarla con amor y alegría. Ayúdenme a andar tras los pasos del Buen Pastor, “delante de las ovejas” con el ejemplo, a “entrar por la Puerta de las ovejas”, que es Cristo, a conocerlas una a una, a buscar a la descarriada…Ayúdenme a ser fiel a esta esposa, la iglesia particular con que he sido desposado. Permítanme decir aquella plegaria encendida de San Josemaría: “Señor, hazme santo, aunque se a palos”
¿Cuál es la segunda prioridad?
Que nuestros sacerdotes sean santos
La víspera de mi nombramiento comenzaba el Año Sacerdotal, en el que con todo empeño nos vamos a centrar, con nuestra mirada en el ejemplo del santo Cura de Ars. Sabemos que “el sacerdote tibio es el gran enemigo de las almas”. Hemos de “reavivar el don de Dios que hemos recibido por la imposición de manos” "Imitánimi quod tractatis" – nos dijo el Obispo el día de la ordenación-, Imita lo que ofreces. Sacerdotes centrados en la Eucaristía, que sepan ofrecer la Eucaristía y ser ellos mismos Eucaristía. En efecto, nosotros hacemos la Eucaristía y la Eucaristía nos hace. El Santo Cura nos anima a “ofrecernos cada mañana en sacrificio” para que seamos sacerdotes a la medida del Corazón de Jesús.
De igual modo, nosotros hacemos la oración y la oración nos hace a nosotros. Sacerdotes que recen y trabajen. Sólo si oramos, tendremos espíritu sacerdotal –obedientes, castos, limpios de corazón, con celo por las almas. Y entonces no tendremos miedo a la pobreza porque “las cosas no salen por falta de medios, sino por falta de espíritu”. Este espíritu es fruto del Espíritu con mayúscula, el Espíritu Santo, que recibimos el día de nuestra ordenación. Lo pido para ustedes y para mí, queridos sacerdotes en este Año Sacerdotal..
El Espíritu es fruto de la Cruz . La Cruz nos ha engendrado y la Cruz nos espera, pues venimos al Calvario y no al Tabor: nos espera sufrir con alegría. Quisiera recordar al Santo Padre en aquella conversación sin papeles con los sacerdotes de la diócesis de Aosta en su breve periodo de vacaciones en julio del 2005: “Yo también sufro. Pero todos juntos queremos, por una parte, sufrir con estos problemas y, sufriendo, transformar los problemas, porque el sufrimiento es precisamente el camino de la transformación y sin sufrimiento no se transforma nada (….) Tenemos que tomar en serio estas dificultades de nuestro tiempo y transformarlas sufriendo con Cristo, y así transformarnos nosotros mismos”. Él también nos ha recordado que “apacentar quiere decir amar y amar quiere decir también estar dispuesto a sufrir”. Volvamos a decir ustedes y yo con el Apóstol: “Podemos”.
Hemos de estar unidos, cumpliendo el deseo ardiente de Jesús: “Que todos sean uno”. Sé que el Obispo debe ser principio de unidad. Les invito a que juntos vivamos la pasión por la unidad, viviendo una profunda espiritualidad de comunión afectiva y efectiva.
Si los pastores nos empeñamos en nuestra santidad, la santidad de los demás fieles nos vendrá por añadidura: nuestros templos - algunos tan humildes como el portal de Belén en nuestras comunidades- serán escuelas de oración; afrontaremos la pastoral familiar y nuestras familia se formarán en la vida cristiana y serán unidas, “hogares luminosos y alegres” que respeten la vida desde la concepción hasta la muerte natural; y la pastoral juvenil: nuestros niños y jóvenes serán limpios y generosos, y el Señor pondrá en algunos sus ojos para llamarlos al sacerdocio y a la vida religiosa; y los más –que recibirán la vocación matrimonial- aprenderán a vivir un amor hermoso en la castidad en su noviazgo.
Si los pastores buscamos la santidad, tendremos a los más pobres y necesitados como especialmente confiados a nuestro cuidado, porque en ello veremos a Cristo. Así mantendremos y acrecentaremos las obras que la caridad de la Iglesia que la diócesis lleva adelante con tanto esfuerzo, ajustándolas al perfil que diseña el Santo Padre en su primera carta encíclica. (Pienso en la Cáritas Abancay, el Centro Médico Santa Teresa, El Centro Oftalmológico, los Hogares y los Asilos, los comedores parroquiales…)
Si buscamos la santidad, todos los laicos tendrán alma sacerdotal – sabrán presentar su vida a Dios como ofrenda- y serán apóstoles y misioneros y contagiarán a otros el Amor de Dios, grande y misericordioso. Con ese espíritu afrontaremos el III Congreso Misionero Diocesano a celebrarse en Uripa el próximo año, como una gran oportunidad para poner en marcha la Misión Continental.
(Palabras en quechua)
Queridos hermanos –sacerdotes, religiosos/as y fieles laicos: vamos a soñar con la cosecha. Sé que no estoy sólo, que todos ustedes me acompañan con su fe, su esperanza y su amor.
Acudamos de nuevo a nuestra Madre de Cocharcas:
“Salve, oh Virgen de Cocharcas,
Nuestra Reina y nuestro amor,
Bendecid estas comarcas,
Dulce Madre del Señor”
Amén.


TOMA DE POSESESÓN DE D. GILBERTO,
OBISPO RESIDENCIAL DE ABANCAY-PERÚ
Enrique Gil, el amigo de D. Gilberto,
que aunque nosotros lo seamos también,
él es mucho más,
me escribe esas notas, porque allá se fué
con D. Benito y D. Antonio,
y unos cuantos amigos y familiares,
para acompañarle en estos
momentos emotivos de su
TOMA DE POSESIÓN DE LA DIOCESIS.


Querido amigo:
Porque una imagen vale más que mil palabras
te adelanto algunas de las fotos de nuestras gozosas vivencias peruanas en torno a monseñorGilberto.Añadir solo algunas de sus gestos y palabras.
Nuestro común yquerido amigo monseñor Gilberto
es grito y revelación para todosnosotros:
“¡Dios te ama, María te ama!”,
como reza un cartel en este despacho del “Jardín de Niños”
a los que sirven las Hijas de laDivina Providencia
y que la madre Lucina amablemente me facilita.
Está pendiente de nosotros desde el primer momento.
Nos facilitó elalojamiento en Lima
y desde la inca y bella Cuzco
puso a nuestradisposición a Joselu,
joven, entusiasta y dinámico sacerdote .
Cuando regresamos de Machu Picchu, la noche del 6,
ya nos esperaba en Cuzco monseñor, para traernos aquí a Abancay:
“Le felicitamos, monseñor por haber elegido a Joselu
como persona cercana a usted y comoexcepcional guía para nosotros” .
Con una amplia sonrisa nos contestó:
“ ¡Oh, un obispo estaría perdido si no elige bien!”.
Luego ante nuestra admiración
ejerció con enorme sencillez yespontaneidad de monaguillo
en la misa que concelebraban Antonio , J.Benito y Joselu
en la capilla de las Madres Dominicas de la InmaculadaConcepción.
El viaje a Abancay es un camino sobre el abismo.
Colosales ycaprichosas montañas andinas,
encañonados y profundos ríos,espectaculares curvas y anuncios de
“peligro de derribo” en la carretera,
entorno natural imponente y bello que encoge el alma y los sentidos….
Pero monseñor entretuvo y alivió
con su humor,anécdotas y cantos nuestros vértigos y temores.
Querido amigo: En estos momentos fuertes del Espíritu Santo,
- y apocas horas de su solemne toma de posesión episcopal -
unámonos a lasoraciones de este pueblo sencillo.
Tan alegre, vivo y dulce como los colores de sus vestidos.
Para que nuestro querido monseñor, Gilberto, como con Joselu,
acierte en todos las labores que asumirá ya
de forma oficial y solemne
dentro de unas horas.
En nombre de todo este grupo de afortunados compañeros
que hemos tenido la gracia de poder estar aquí,
recibe nuestro cordial abrazo. Enrique
Y yo se las agradezco, porque de esta manera,
las puedo yo poner en el blog parroquial, como primicias
Franja.
Crónica de una ceremonia apoteósica
Toma de Posesión del nuevo Obispo de Abancay
08 de agosto de 2009
Han pasado poco más de 30 días desde que, una mañana en la que desayunábamos luego de la Misa, el padre Eliseo Carrasco agitado y gozoso, sumándose a la mesa comentó alborozado la buena nueva ¡Ya tenemos nuevo obispo! Una extraña mezcla de sentimientos nos embargó entonces. Por un lado, la inmensa alegría de saber que había sido nombrado como obispo titular de nuestra diócesis Monseñor Gilberto, y por el otro, el de saber que nuestro pastor Mon. Isidro, oficialmente dejaba la responsabilidad de la Diócesis a su discípulo bien querido.
Realmente, Dios nos había hecho un doble regalo. Teníamos nuevo Obispo, y nuestro querido Monseñor Isidro nos anunció que se quedaría con nosotros predicando y ayudando a las familias y, cuando los años pasen, dijo, para que practiquen la caridad conmigo.
Pasaron los días, se fijó la fecha para la ceremonia de Toma de Posesión Canónica y nos pusimos a trabajar, hombro a hombro, sacerdotes, religiosas y laicos, para hacer una ceremonia digna, que mostrase al Señor cuánto lo queremos a través de sus representantes.
Se empezó a afinar los detalles para la celebración, empezando por seleccionar voces y fijar fechas de ensayo para el coro “diocesano”. A iniciativa del P. Darío Dueñas se unificaron varios coros locales, el de Juclla, el Coro de Mayores, el de las Hijas de la Divina Providencia, el de Cáritas y el de los Seminaristas.
Luego, en concurridas reuniones fuimos tomando acuerdos, separando actividades, nombrando comisiones y puntualizando opiniones con pasión y hasta algunas extravagancias que, debidamente analizadas y pulidas, contribuyeron al objetivo que buscábamos. Todos hacíamos las tareas con voluntad y alegría.
En Cáritas, decidimos apoyar a los beneficiarios de distintas comunidades que nos hicieron saber su deseo de participar de esta fiesta y presentar sus saludos a Mons. Gilberto, como Presidente del Directorio de nuestra Institución.
La última semana estuvo llena de ajetreos y coordinaciones con las autoridades locales. El coro ensayó a diario y se completó con la llegada de los seminaristas, que con sus cultivadas voces, dieron el acento final al conjunto.
El viernes siete, día previo a la ceremonia, empezaron a llegar las delegaciones de todas partes; Obispos y sacerdotes de todo el Perú, representantes de los laicos y religiosos de las distintas parroquias de la Diócesis y de las comunidades beneficiarias de Cáritas, algunos de ellos, desde los confines más remotos de nuestra Diócesis.
Esa noche nos quedamos hasta la madrugada instalando los equipos de video, audio e iluminación en la Catedral. Julio Casas, Marcos Hermoza y Saul Baldotano, con mucha voluntad y demostrando gran conocimiento de sus especialidades, dejaron todo finiquitado para el día siguiente.
El sábado ocho la actividad comenzó muy temprano. Había ruido de ollas y sartenes por doquier. Se compartía el desayuno con los visitantes y se preparaban los almuerzos. Las religiosas Hijas de la Divina Providencia, encargadas de atender el almuerzo oficial que se ofrecería a los invitados en el Centro de Catequesis, trabajaban como hormiguitas blancas.
Hacía las 9 de la mañana llegó la banda de la Policía Nacional. Se repartieron las banderitas de saludo a todos y, poco después, se comenzó con el colorido pasacalle, que impresionó gratamente a nuestros homenajeados y a los visitantes.
Monseñor Gilberto, desde el frontis del Palacio Episcopal, repartiendo bendiciones con una gran sonrisa, acompañado de obispos, sacerdotes, junto a sus familiares y amigos venidos desde España, disfrutó de los detalles de este desfile en su honor.
Mientras tanto en la Catedral, el coro afinaba gargantas y calentaba cuerdas vocales. Las luces se encendieron dando al recinto una claridad meridiana: Los fieles iban llegando y asegurando su sitio para participar de esta magna ceremonia: Las distintas comisiones hacían sus labores y el nerviosismo, en algunos momentos, hacía presa de algunas hermanas muy comprometidas con su misión.
A las once, una procesión de sacerdotes y obispos salió ordenadamente desde la casa solariega de nuestro pastor, hacía la catedral, repleta a rebozar. A su paso, los fieles apostados en todo el trayecto saludaban con aplausos y hurras, agitando banderitas y rociándolos con pétalos de flores.
Ordenadamente ingresaron a la catedral, donde tomaron sus ubicaciones. El coro los recibió entonando “Pueblo de Reyes”, haciendo cimbrar la catedral y los corazones emocionados de los asistentes.
Se comenzó la ceremonia, leyendo la Bula Papal en que se encargaba a Monseñor Gilberto Gómez Gonzales la Diócesis de Abancay.
Monseñor Isidro, como Administrador Apostólico de la Diócesis, presento a su sucesor, dándole sus mejores augurios.
Acto seguido, el Arzobispo del Cusco, Mons. Juan Antonio Ugarte, en una breve alocución contó como él, acompañado del padre Miguel Ángel, había ido a España y consiguió que Monseñor Gilberto, por entonces joven sacerdote de la diócesis de Tui-Vigo, a través de la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana, se viniera a trabajar en nuestra diócesis.
Luego, Mons. Gilberto recibió el báculo y tomó asiento en la Cátedra, ya como Obispo de Abancay. El abrazo prolongado entre los dos obispos -Isidro y Gilberto-, fue muy elocuente. Hubo emocionadas lagrimas, mientras la concurrencia lo aplaudía y saludaba agitando banderitas.
A continuación, erguido frente al altar, recibió en manifestación de obediencia y reverencia, el saludo y reconocimiento de todos los sacerdotes y representantes de las religiosas, laicos y autoridades locales.
Luego de la liturgia de la palabra, en su homilía, Monseñor Gilberto esbozó los planes para su gestión, agradeciendo y comprometiendo más el apoyo de todas las organizaciones, movimientos e instituciones de la diócesis, señalando que daría énfasis en la santidad personal del propio Obispo, de los sacerdotes y de todos los bautizados, además de poner hincapié especial en la labor social y caritativa de la Iglesia.
Así fue transcurriendo la Santa Misa, el coro iba entonando diversas canciones a cuatro voces que resonaban en la bóveda con gran armonía. Muchas personas que llegaron tarde se quedaron a escuchar la Misa de pie en los pasillos; aguantaron –estoicamente- así durante más de dos horas.
La Eucaristía fue recibida por muchísimas personas; sin embargo, muchos nos quedamos sin poder recibirla por lo dificultoso que resultaba moverse en la atestada Catedral, recibiendo al Señor tan solo espiritualmente. Entre las canciones que se interpretaron, alguna llegaba a tocar las fibras más íntimas del corazón. Por ejemplo, el “Pescador de hombres”, cantada a cuatro voces, mostró la gran maestría de nuestro Director.
Terminada la ceremonia, Monseñor Gilberto recibió el emocionado saludo de su grey mientras salía. El sol caía a plomo, cuando salió a la Plaza de Armas donde se vivía un gran ambiente festivo.
Terminada la transmisión en vivo y en directo, se empezó a desarmar todo el tinglado técnico, mientras la concurrencia lentamente evacuaba la catedral. Poco después comenzó el almuerzo. Una nutrida concurrencia degustó los platos preparados por las expertas monjitas de blanco, que con diligencia y alegría atendieron a los invitados.
Seguidamente se disfrutó de un programa en el que instituciones y autoridades locales entregaron bien merecidos reconocimientos a nuestros obispos. También algunos laicos les saludaron y les expresaron, en nombre de todos, nuestra admiración y agradecimiento a Monseñor Isidro, “nuestro viejito”, como –enternecido– confesó José Guevara, le llamaban.
Terminó el evento con una colorida danza preparada por unos jóvenes talaverinos.Había acabado la fiesta, pero comenzaba una nueva era.
Monseñor Gilberto –no nos cabe duda– estará a la altura de los gigantes que le precedieron. Los laicos –como lo expresó Mariluz Elguera– estamos comprometidos y prestos a ayudarle en la misión que nos encomendó Jesucristo para trabajar en la construcción del Reino del Señor.
¡Monseñor Gilberto, siguiendo el lema de tu escudo episcopal, nos acercamos a ti con la confianza con la que nos acercamos al mismo Jesús. ¡Confiamos en ti, estamos contigo!
Por Carlos Casas

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