lunes, 29 de febrero de 2016

CUARESMA 2016, MIÉRCOLES DE LA TERCERA SEMANA. 2 DE MARZO

Blog católico de Javier Olivares-baionés jubilado-Baiona

Texto del P. José Pedro Manglano Castellary

EXPLICACIÓN DE LA CUARESMA
I  CUARENTA DÍAS DE TRABAJO

UNA REFLEXIÓN PARA CADA DÍA DE LA CUARESMA 2016

Cuaresma - Oración - Conversión - Solidaridad - Pascua. Se trata de que hagas oración cada día. Todos los días puedes empezar el rato de oración con la   "oración inicial para cada día"; después, leyendo con atención el "texto de cada día", charlas con Dios y con María; por último, terminar rezando la "oración final".

Dos ideas previas:

1. PROHIBIDO CORRER: Es corto; no tengas prisa en acabar. No es leer y ya está.

2. LO QUE NO ESTÁ ESCRITO: ¿Sabes qué es lo mejor de este texto? Lo que no está escrito y tú le digas; la conversación que tú, personalmente, tengas con Él.

ORACIÓN INICIAL  PARA CADA DÍA

Señor mío, Jesucristo, creo firmemente que estás aquí; en estos pocos minutos de oración que empiezo ahora quiero pedirte y agradecerte.

PEDIRTE la gracia de darme más cuenta de que Tú vives, me escuchas y me amas; tanto, que has querido morir libremente por mí en la cruz y renovar cada día en la Misa ese sacrificio.

Y AGRADECERTE con obras lo mucho que me amas: ¡ Tuyo soy, para ti nací ! ¿qué quieres, Señor, de mí?  



ORACIÓN FINAL

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en la Cruz y escarnecido.
Muéveme ver tu cuerpo tan herido
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.






Día 22º. MIÉRCOLES TERCERO (2 de Marzo)
Texto del P. José Pedro Manglano Castellary

Desagravio. ¡Señor perdónales porque no saben lo que hacen! Estas fueron casi las últimas palabras que Jesús dijo antes de morir en la Cruz. Dios perdona siempre que le pedimos perdón, pero desafortunadamente no todos los hombres tienen la costumbre de pedir perdón y de terminar con cosas o actitudes que ofendan al Señor. 

Ese cine que proyecta películas desaconsejadas, una conversación salida de tono, cuando se leen noticias en las que se informa de alguien que asesina o secuestra, cuando te enteras de alguien que roba o engaña, cuando pasas por delante de uno de esos sitios en los que se ofende a Dios, ¿te acuerdas de pedir perdón por esa gente que no sabe lo que hace? ¡Jesús perdónales porque no se dan cuenta!

Coméntale a Dios con tus palabras algo de o que has leído. Después termina con la oración final.

domingo, 28 de febrero de 2016

CUARESMA 2016, MARTES DE LA TERCERA SEMANA. 1 DE MARZO

Blog católico de Javier Olivares-baionés jubilado-Baiona
Texto del P. José Pedro Manglano Castellary

EXPLICACIÓN DE LA CUARESMA
I  CUARENTA DÍAS DE TRABAJO

UNA REFLEXIÓN PARA CADA DÍA DE LA CUARESMA 2016

Cuaresma - Oración - Conversión - Solidaridad - Pascua. Se trata de que hagas oración cada día. Todos los días puedes empezar el rato de oración con la   "oración inicial para cada día"; después, leyendo con atención el "texto de cada día", charlas con Dios y con María; por último, terminar rezando la "oración final".

Dos ideas previas:

1. PROHIBIDO CORRER: Es corto; no tengas prisa en acabar. No es leer y ya está.

2. LO QUE NO ESTÁ ESCRITO: ¿Sabes qué es lo mejor de este texto? Lo que no está escrito y tú le digas; la conversación que tú, personalmente, tengas con Él.

ORACIÓN INICIAL  PARA CADA DÍA

Señor mío, Jesucristo, creo firmemente que estás aquí; en estos pocos minutos de oración que empiezo ahora quiero pedirte y agradecerte.

PEDIRTE la gracia de darme más cuenta de que Tú vives, me escuchas y me amas; tanto, que has querido morir libremente por mí en la cruz y renovar cada día en la Misa ese sacrificio.

Y AGRADECERTE con obras lo mucho que me amas: ¡ Tuyo soy, para ti nací ! ¿qué quieres, Señor, de mí?  



ORACIÓN FINAL

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en la Cruz y escarnecido.
Muéveme ver tu cuerpo tan herido
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.





Día 21º. MARTES TERCERO (1 de Marzo)
Texto del P. José Pedro Manglano Castellary

Confesiones descuidadas. Cuentan que un obrero había encontrado un billete de mil dólares; no le llamó mucho la atención porque en América los billetes son iguales aunque tengan más valor y aquel papelito no le impresionó demasiado. Se lo guardó en un bolsillo, varios días más tarde, al pasar por un Banco, entró a preguntar cuánto valía.

Casi se desmaya cuando se lo dijeron, pues la suma equivalía a tres meses de su jornal...

No es raro encontrarse con gente que no sabe lo que tiene; puede ser un cuadro de un pintor famoso, un objeto antiguo, unas monedas raras, unos sellos valiosísimos... Cuando nos enteramos, solemos sentir una especie de envidia. No se nos ocurre pensar que nosotros también tenemos un tesoro que quizá no apreciamos: El Sacramento de la Penitencia. Tal vez al recibirlo frecuentemente y sepamos que no sólo sirve para perdonar los pecados graves, sino también los leves; que aumenta la gracia santificante y nos proporciona una gracia especial para rechazar las tentaciones... Sin embargo, a lo mejor nos parece que no nos aprovecha demasiado, que no nos hace mejores; que nos acusamos una y otra vez de los mismos pecados, inútilmente... Si eso pensamos, lo más probable es que nuestras confesiones no sean buenas. La Penitencia es un sacramento que Jesús pagó con su vida. Debemos cuidar todo lo que tiene que ver con la confesión.

¿Hago bien el examen? ¿Pido perdón con dolor? ¿Digo los pecados en concreto y también los veniales? ¿Hago propósito de no volver a cometerlos? ¿Cumplo la penitencia?

Continúa hablándole a Dios con tus palabras
Después termina con la oración final.



CUARESMA 2016, LUNES DE LA TERCERA SEMANA. 29 DE FEBRERO

Blog católico de Javier Olivares-baionés jubilado-Baiona
Texto del P. José Pedro Manglano Castellary

EXPLICACIÓN DE LA CUARESMA
I  CUARENTA DÍAS DE TRABAJO

UNA REFLEXIÓN PARA CADA DÍA DE LA CUARESMA 2016

Cuaresma - Oración - Conversión - Solidaridad - Pascua. Se trata de que hagas oración cada día. Todos los días puedes empezar el rato de oración con la   "oración inicial para cada día"; después, leyendo con atención el "texto de cada día", charlas con Dios y con María; por último, terminar rezando la "oración final".

Dos ideas previas:

1. PROHIBIDO CORRER: Es corto; no tengas prisa en acabar. No es leer y ya está.

2. LO QUE NO ESTÁ ESCRITO: ¿Sabes qué es lo mejor de este texto? Lo que no está escrito y tú le digas; la conversación que tú, personalmente, tengas con Él.

ORACIÓN INICIAL  PARA CADA DÍA

Señor mío, Jesucristo, creo firmemente que estás aquí; en estos pocos minutos de oración que empiezo ahora quiero pedirte y agradecerte.

PEDIRTE la gracia de darme más cuenta de que Tú vives, me escuchas y me amas; tanto, que has querido morir libremente por mí en la cruz y renovar cada día en la Misa ese sacrificio.

Y AGRADECERTE con obras lo mucho que me amas: ¡ Tuyo soy, para ti nací ! ¿qué quieres, Señor, de mí?  



ORACIÓN FINAL

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en la Cruz y escarnecido.
Muéveme ver tu cuerpo tan herido
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.



Día 20º. LUNES TERCERO (29 de Febrero)
Texto del P. José Pedro Manglano Castellary

El pobre es el egoísta. "Hay diversas clases de pobreza -cuenta la madre Teresa de Calcuta-. En la India hay gente que muere de hambre. Un puñado de arroz es precioso, valiosísimo. En los países occidentales, sin embargo, no hay pobreza en ese sentido. Nadie muere de hambre y ni siquiera abundan los pobres como en la India... Pero existe otra clase de pobreza, la del espíritu que es mucho peor. La gente no cree en Dios, no reza, no ama, va a lo suyo... Es una pobreza del alma, una sequedad del corazón que resulta mucho más difícil de "remediar".

¿Puedes tener tú esa pobreza? Pídeles a Jesús y a María que nunca caigas en esa pobreza de espíritu; que te ayuden a quererles cada día más y a acudir a ellos ante cualquier necesidad, y que te ayuden a querer a los demás. ¡Jesús, María, que no olvide rezar ni por la noche ni al levantarme! Que sea generoso: porque el verdaderamente "pobre" es el egoísta.

Continúa hablando a Dios con tus palabras
Después termina con la oración final.

sábado, 27 de febrero de 2016

CUARESMA 2016, DOMINGO DE LA TERCERA SEMANA. 28 DE FEBRERO

Blog católico de Javier Olivares-baionés jubilado-Baiona

Texto del P. José Pedro Manglano Castellary

EXPLICACIÓN DE LA CUARESMA
I  CUARENTA DÍAS DE TRABAJO

UNA REFLEXIÓN PARA CADA DÍA DE LA CUARESMA 2016

Cuaresma - Oración - Conversión - Solidaridad - Pascua. Se trata de que hagas oración cada día. Todos los días puedes empezar el rato de oración con la   "oración inicial para cada día"; después, leyendo con atención el "texto de cada día", charlas con Dios y con María; por último, terminar rezando la "oración final".

Dos ideas previas:

1. PROHIBIDO CORRER: Es corto; no tengas prisa en acabar. No es leer y ya está.

2. LO QUE NO ESTÁ ESCRITO: ¿Sabes qué es lo mejor de este texto? Lo que no está escrito y tú le digas; la conversación que tú, personalmente, tengas con Él.

ORACIÓN INICIAL  PARA CADA DÍA

Señor mío, Jesucristo, creo firmemente que estás aquí; en estos pocos minutos de oración que empiezo ahora quiero pedirte y agradecerte.

PEDIRTE la gracia de darme más cuenta de que Tú vives, me escuchas y me amas; tanto, que has querido morir libremente por mí en la cruz y renovar cada día en la Misa ese sacrificio.

Y AGRADECERTE con obras lo mucho que me amas: ¡ Tuyo soy, para ti nací ! ¿qué quieres, Señor, de mí?  



ORACIÓN FINAL

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en la Cruz y escarnecido.
Muéveme ver tu cuerpo tan herido
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.





Día 19º. DOMINGO TERCERO (28 de Febrero)
Texto del P. José Pedro Manglano Castellary

Tres formas de hacer daño a Dios. Hay tres formas de hacer sufrir y llorar a una madre. Además de la más elemental, que sería atacarle a ella directamente: golpeándola o insultándola, hay otras dos en las que le podemos hacer sufrir igualmente. Una de ellas es hacer algo malo a mi hermano. Si yo le doy una paliza a un hermano mío, y mi madre se entera, le dolerá incluso más que si le maltrato a ella.

Otra forma de hacerle sufrir es hacer algo que sea malo para mí, algo que me empeore. Como mi madre me quiere eso le dolerá. Imagínate que ve cómo te cortas un brazo: no lo aguantaría.

Dios te ve siempre -no como un espía sino como alguien que te quiere mucho- y sufre cada vez que te ve hacer algo QUE HACE DAÑO A OTRA PERSONA, porque esa otra persona es hija de Él y cada vez que te ve HACERTE DAÑO A TI MISMO, y cada vez que te ve hacer algo QUE LE HACE DAÑO A ÉL. Por eso es bueno que todas las noches, cuando te acuestes, hagas un repaso del día, un examen de conciencia, y pidas perdón a Dios por esas cosas que Él ha visto y no le han gustado.

El examen de conciencia lo puedes hacer así: ¿Cómo me he portado con Dios? ¿Cómo me he portado con los demás? ¿Cómo me he portado conmigo mismo? Dios mío, a partir de ahora haré el examen todas las noches. Y te pediré perdón por el daño que haya hecho cada día de alguna de estas tres formas. Y también te agradeceré tu compañía. ¡Recuérdamelo!, y gracias.

Coméntale a Dios con tus palabras algo de lo que has leído. Después termina con la oración final.

Cqtequésis. “Papá, ¿tú crees en Dios?”

Blog católico de Javier Olivares-baionés jubilado-Baiona



Dios en familia
Fernando Pascual, L.C. Profesor de filosofía y bioética
en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum
Autores Catolicos.org


        “Papá, ¿tú crees en Dios?”
Juanito, con sus 6 años, pone a papá en su serio problema. Mamá sonríe, porque sabe que, aunque no se vea, su esposo cree en lo escondido de su corazón. Lo que pasa es que está todo el día muy ocupado, y no se nota mucho su fe cuando está entre los suyos...


        Preguntas como la de Juanito ponen un reto a toda familia que sea verdaderamente cristiana. ¿Cómo enseñar la fe en casa? Hay muchos modos ingeniosos de hacerlo, pero lo principal no es enseñar únicamente una serie de verdades, sino ayudar a descubrir, muy cerca de nosotros, a Dios.


        La primera lección, la más fundamental, es la del amor en familia. Los niños captan mucho más de lo que creemos. Si ven que papá y mamá se quieren, se respetan, tienen un cariño fresco y alegre; si ven en los padres a auténticos enamorados; si descubren que saben estar cerca de los hijos a la hora de la alegría o del dolor, en la enfermedad o en los estudios, en el juego o en la televisión; si los ven así, padres “muy padres”, acogerán con mucha facilidad lo que puedan decir sobre la bondad de Dios, sobre su misericordia, sobre Jesucristo salvador, sobre la Virgen, nuestra Madre, sobre la Iglesia.


        La segunda lección arranca de la naturaleza, de este planeta y este universo maravilloso en el que vivimos. El mundo está lleno de mensajes que nos permiten vislumbrar el amor de Dios. Pero se necesita la clave de lectura adecuada a cada niño, a su edad y psicología. Hoy mamá le dice al más pequeño: “¿Ves cómo toma agua este pajarillo? Baja la cabeza, sorbe un poquito, y la levanta para darle gracias a Dios”. Mañana papá le dice al “preguntón” de 6 años: “Mira, Juanito, ¿tú sabes por qué puedes preguntar tanto? Porque tú estás aquí, y yo estoy aquí. Y los dos estamos aquí porque Dios nos ha amado, y ahora podemos hablarnos...”


        El otro día la niña más grande, de 13 años, viene con problemas sobre la evolución que acaban de explicarle en la escuela. Papá y mamá toman una fotografía de una mariposa o un esquema del libro de biología donde se explica el sistema nervioso de una rana. Luego cogen un puñado de tierra o varias piedras de distintos minerales. “Mira, Rosa, algunos científicos quieren saber cómo se hizo todo. Y tienen la ilusión de llegar a una explicación fácil, sencilla, en la que no quede prácticamente espacio para Dios. Así, creen que de tierra, minerales, sol, viento, fuego, y otras casualidades, pueden nacer primero seres muy pequeños, como las bacterias, y luego seres más complicados, como esta rana o esta mariposa. Pero nosotros creemos que es difícil que todo sea por casualidad. Detrás de estos colores de las alas de la mariposa, ¿no es posible que exista un proyecto de Dios, un sueño de amor, un deseo de hacer más hermoso el mundo?”   
Desde luego, la respuesta no es siempre sencilla. Algunos maestros de la escuela creen en la evolución como si fuese un dogma de fe, cuando todavía hay tantas teorías y tantos problemas por resolver a la hora de explicar más o menos bien la “evolución”... La casualidad puede explicar muy poco, y, desde luego, no puede explicar el amor. Los padres aman a sus hijos no porque les obliguen los átomos, sino porque son libres y hay algo (mucho) de bondad en sus corazones.


        La tercera lección es la de vivir como amigos de Cristo. Quizá lo hemos escuchado alguna vez en el catecismo: nadie llega al Padre sin hacerlo por medio de Jesús
. Esto hay que vivirlo como una experiencia personal, y hay que enseñarlo a los hijos. El momento central es la misa. Siempre que no se moleste a los de al lado, qué hermosa es la familia en la que papá y mamá van explicando, en voz baja, las distintas partes de la misa a sus hijos pequeños mientras están allí, “en directo”. El niño que ve a sus padres comulgar, que los ve rezar, que los ve acercarse a la confesión, donde Cristo perdona los pecados, no puede no encenderse de deseos de llegar pronto a estar cerca de Jesús.


 Además, siempre existe la ocasión de hacer presente a Jesús en casa. Unas veces, sin ser aburridos, se tratará de leer el Evangelio y comentarlo juntos. Los niños captan, con una profundidad que no imaginamos, el mensaje sencillo y claro de Jesús, sus parábolas, su mandamiento del amor. Otras veces, será dedicar un momento para rezar en familia. Tal vez comienza mamá, sigue papá, y luego los pequeños: cada uno hace su oración espontánea, sencilla, al Padre por medio de Cristo. Será muy bueno aprender a agradecer, con una oración, el don de la comida, o un regalo, o una enfermedad.


        La siguiente anécdota refleja lo mucho que puede crecer, en su fe, cada uno de los hijos. Hace muchos años un sacerdote encontró a un niño de casi seis años. El sacerdote se dio cuenta de que el niño conocía muy bien el catecismo, y quiso preguntarle sobre otros temas. La conversación entre los dos fue la siguiente:
        -¿Con quién hablas cuando rezas?
        -Hablo con el Señor.
        -¿Y cómo hablas con el Señor?
        -Hablo con El como hablo con mamá.
        -¿A quién rezas?
        -A Dios, a Jesús, a la Virgen, a los ángeles y a los santos.
        -¿Qué harás cuando seas mayor?
        -Lo que quiera el Señor.
        -¿Y cómo vas a saber lo que Dios quiere de ti?
        -Me lo dirá al corazón, o me lo dirá a través de mamá, o por medio del párroco que me confiesa.
        -¿Eres tan pequeño, y ya te confiesas? ¿Y de qué te confiesas?
        -De mis pecados.
        -Pero... si eres tan pequeño, ¡no haces pecados!
        El niño bajó los ojos y dijo con un susurro: -Hago travesuras, pero las confieso, y Dios me perdona...
        El sacerdote preguntó en seguida a la mamá del niño: ¿Cómo le ha enseñado estas cosas? La mamá contestó con sencillez: “Un poco cada día: mientras se viste, mientras desayuna, cuando por la noche tarda en dormirse, o cuando sale conmigo, le hablo de Dios, y así, poco a poco, comienza a amar al Señor”.


        Este niño había aprendido mucho, porque había tenido buenos maestros en casa. Entre las cosas que le enseñaron, descubrió esa gran verdad cristiana: Dios nos perdona. Dios no es un Dios de la venganza, sino un Dios misericordioso. Este descubrimiento es un faro de luz que ilumina toda una vida, y nos hace decir, cuando somos mayores, “¡gracias!” a nuestros padres porque nos dieron el regalo más grande: el regalo de la fe y de la esperanza.
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jueves, 25 de febrero de 2016

CUARESMA 2016, SÁBADO DE LA SEGUNDA SEMANA. 27 DE FEBRERO

Blog católico de Javier Olivares-baionés jubilado-Baiona

CUARESMA 2016, SÁBADO DE LA SEGUNDA SEMANA. 27 DE FEBRERO

Texto del P. José Pedro Manglano Castellary

EXPLICACIÓN DE LA CUARESMA
I  CUARENTA DÍAS DE TRABAJO

UNA REFLEXIÓN PARA CADA DÍA DE LA CUARESMA 2016

Cuaresma - Oración - Conversión - Solidaridad - Pascua. Se trata de que hagas oración cada día. Todos los días puedes empezar el rato de oración con la   "oración inicial para cada día"; después, leyendo con atención el "texto de cada día", charlas con Dios y con María; por último, terminar rezando la "oración final".

Dos ideas previas:

1. PROHIBIDO CORRER: Es corto; no tengas prisa en acabar. No es leer y ya está.

2. LO QUE NO ESTÁ ESCRITO: ¿Sabes qué es lo mejor de este texto? Lo que no está escrito y tú le digas; la conversación que tú, personalmente, tengas con Él.

ORACIÓN INICIAL  PARA CADA DÍA

Señor mío, Jesucristo, creo firmemente que estás aquí; en estos pocos minutos de oración que empiezo ahora quiero pedirte y agradecerte.

PEDIRTE la gracia de darme más cuenta de que Tú vives, me escuchas y me amas; tanto, que has querido morir libremente por mí en la cruz y renovar cada día en la Misa ese sacrificio.

Y AGRADECERTE con obras lo mucho que me amas: ¡ Tuyo soy, para ti nací ! ¿qué quieres, Señor, de mí?  



ORACIÓN FINAL

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en la Cruz y escarnecido.
Muéveme ver tu cuerpo tan herido
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.




Día 18º. SÁBADO SEGUNDO (27 de Febrero)
Texto del P. José Pedro Manglano Castellary

No mucho: ¡todo! Habrás visto la película de "Los 7 magníficos": A Yul Briner le quieren contratar unos mejicanos para que les defienda de unos bandidos; son campesinos; muy pobres. Le ofrecen todo lo que tienen, envuelto en un paño. Yul lo ve y dice: "Siempre me han ofrecido mucho, pero nunca todo". Aceptó, ¡claro! Dile ahora a Jesús: Con lo que Tú me amas (has dado la vida por mí), no puedo quedarme corto dándote sólo muchas cosas; te doy toda mi vida: quiero todo lo que Tú quieras.

Continúa hablándole a Dios con tus palabras



CUARESMA 2016, VIERNES DE LA SEGUNDA SEMANA. 26 DE FEBRERO

Blog católico de Javier Olivares-baionés jubilado-Baiona

Texto del P. José Pedro Manglano Castellary

EXPLICACIÓN DE LA CUARESMA
I  CUARENTA DÍAS DE TRABAJO

UNA REFLEXIÓN PARA CADA DÍA DE LA CUARESMA 2016

Cuaresma - Oración - Conversión - Solidaridad - Pascua. Se trata de que hagas oración cada día. Todos los días puedes empezar el rato de oración con la   "oración inicial para cada día"; después, leyendo con atención el "texto de cada día", charlas con Dios y con María; por último, terminar rezando la "oración final".

Dos ideas previas:

1. PROHIBIDO CORRER: Es corto; no tengas prisa en acabar. No es leer y ya está.

2. LO QUE NO ESTÁ ESCRITO: ¿Sabes qué es lo mejor de este texto? Lo que no está escrito y tú le digas; la conversación que tú, personalmente, tengas con Él.

ORACIÓN INICIAL  PARA CADA DÍA

Señor mío, Jesucristo, creo firmemente que estás aquí; en estos pocos minutos de oración que empiezo ahora quiero pedirte y agradecerte.

PEDIRTE la gracia de darme más cuenta de que Tú vives, me escuchas y me amas; tanto, que has querido morir libremente por mí en la cruz y renovar cada día en la Misa ese sacrificio.

Y AGRADECERTE con obras lo mucho que me amas: ¡ Tuyo soy, para ti nací ! ¿qué quieres, Señor, de mí?  



ORACIÓN FINAL

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en la Cruz y escarnecido.
Muéveme ver tu cuerpo tan herido
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.





Día 17º. VIERNES SEGUNDO (26 de Febrero)
Texto del P. José Pedro Manglano Castellary

Amar hasta el martirio. Los bandidos encuentran al padre Bressini en Canadá con un ladrón que se acababa de convertir al cristianismo, y a los dos los torturan. Fue un martirio lento y refinado: Un día es una uña arrancada, al día siguiente la falange de un dedo y así durante semanas. El padre Bressin¡ mandaba escribir así al Superior de los jesuitas: "No me queda más que un dedo entero, me han arrancado algunas uñas con los dientes. En seis veces han quemado seis falanges. Sólo en las manos me han aplicado el fuego y el hierro más de dieciocho veces y me obligaban a cantar durante el suplicio".

Cuando le tocó el suplicio al ladrón decía: "Padre Bressini, ya no puedo más. Veo que voy a flaquear. ¡Pronto, pronto, Padre, muéstrame tus manos! Ellas me dicen cómo hay que amar a Dios".

Cuando miramos un crucifijo, al ver clavadas las manos y los pies y la cabeza con las espinas deberíamos decir como el joven ladrón:
"En tu Cruz veo cómo me has amado, Señor. Tus llagas me darán fuerzas para seguir aguantando -amando- las pequeñas cruces que permitas en mi vida".

Continúa hablándole a Dios con tus palabras
Después termina con la oración final.

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