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BAIONA. Una villa marinera de GALICIA. Quedarás prendado de su acogedora gente, de sus monumentos, de sus paisajes y restaurantes, de su IGLESIA EX-COLEGIATA DE SANTA MARÍA, DE SU PARADOR NACIONAL DE TURISMO dentro del CASTILLO DE MONTERREAL, de su limpieza y del cuidado de los agentes de la seguridad ciudadana. Y el que viene una vez...vuelve siempre acompañado. Lo bueno se comparte. Franja. ültimo blog. http://blogcatolicodejavierolivaresjubilado.blogspot.com.es/
domingo, 27 de marzo de 2016
sábado, 26 de marzo de 2016
16 películas recomendadas para Semana Santa
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16 películas recomendadas para Semana Santa
Por Abel Camasca
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https://www.aciprensa.com/noticias/15-peliculas-recomendadas-para-semana-santa-25819/https://www.aciprensa.com/noticias/15-peliculas-recomendadas-para-semana-santa-25819/
Oh Cruz de Cristo: La impresionante oración de el Papa 25 Mar. 16
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Oh
Cruz de Cristo: La impresionante oración que el Papa
escribió y rezó en Vía
Crucis 2016
ROMA,
25 Mar. 16 / 04:48 pm (ACI/EWTN Noticias).-
Al concluir el Via Crucis que
presidió este Viernes Santo alrededor del Coliseo Romano acompañado de miles de
fieles, el Papa Francisco rezó una oración que escribió especialmente para esta
ocasión titulada “Oh Cruz de Cristo”.
A
continuación el texto completo de la plegaria del Santo Padre:
Oh
Cruz de Cristo, símbolo del amor divino y de la injusticia humana, icono del
supremo sacrificio por amor y del extremo egoísmo por necedad, instrumento de
muerte y vía de resurrección, signo de la obediencia y emblema de la traición,
patíbulo de la persecución y estandarte de la victoria.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo alzada en nuestras hermanas y
hermanos asesinados, quemados vivos, degollados y decapitados por las bárbaras
espadas y el silencio infame.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los rostros de los niños, de las
mujeres y de las personas extenuadas y amedrentadas que huyen de las guerras y
de la violencia, y que con frecuencia sólo encuentran la muerte y a tantos
Pilatos que se lavan las manos.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los doctores de la letra y no del
espíritu, de la muerte y no de la vida, que en vez de enseñar la misericordia y
la vida, amenazan con el castigo y la muerte y condenan al justo.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ministros infieles que, en
vez de despojarse de sus propias ambiciones, despojan incluso a los inocentes
de su propia dignidad.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los corazones endurecidos de los
que juzgan cómodamente a los demás, corazones dispuestos a condenarlos incluso
a la lapidación, sin fijarse nunca en sus propios pecados y culpas.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los fundamentalismos y en el
terrorismo de los seguidores de cierta religión que profanan el nombre de Dios
y lo utilizan para justificar su inaudita violencia.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los que quieren quitarte de los
lugares públicos y excluirte de la vida pública, en el nombre de un cierto
paganismo laicista o incluso en el nombre de la igualdad que tú mismo nos has
enseñado.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los poderosos y en los vendedores
de armas que alimentan los hornos de la guerra con la sangre inocente de los
hermanos.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los traidores que por treinta
denarios entregan a la muerte a cualquier persona.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ladrones y en los corruptos
que en vez de salvaguardar el bien común y la ética se venden en el miserable
mercado de la inmoralidad.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los necios que construyen depósitos
para conservar tesoros que perecen, dejando que Lázaro muera de hambre a sus
puertas.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los destructores de nuestra «casa
común» que con egoísmo arruinan el futuro de las generaciones futuras.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ancianos abandonados por sus
propios familiares, en los discapacitados, en los niños desnutridos y
descartados por nuestra sociedad egoísta e hipócrita.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en nuestro mediterráneo y en el Mar
Egeo convertidos en un insaciable cementerio, imagen de nuestra conciencia
insensible y anestesiada.
Oh
Cruz de Cristo, imagen del amor sin límite y vía de la Resurrección, aún hoy te
seguimos viendo en las personas buenas y justas que hacen el bien sin buscar el
aplauso o la admiración de los demás.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ministros fieles y humildes
que alumbran la oscuridad de nuestra vida, como candelas que se consumen
gratuitamente para iluminar la vida de los últimos.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en el rostro de las religiosas y
consagrados –los buenos samaritanos– que lo dejan todo para vendar, en el
silencio evangélico, las llagas de la pobreza y de la injusticia.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los misericordiosos que
encuentran en la misericordia la expresión más alta de la justicia y de la fe.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en las personas sencillas que viven
con gozo su fe en las cosas ordinarias y en el fiel cumplimiento de los
mandamientos.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los arrepentidos que, desde la
profundidad de la miseria de sus pecados, saben gritar: Señor acuérdate de mí
cuando estés en tu reino.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los beatos y en los santos que
saben atravesar la oscuridad de la noche de la fe sin perder la confianza en ti
y sin pretender entender tu silencio misterioso.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en las familias que viven con
fidelidad y fecundidad su vocación matrimonial.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los voluntarios que socorren generosamente
a los necesitados y maltratados.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los perseguidos por su fe que con
su sufrimiento siguen dando testimonio auténtico de Jesús y del Evangelio.
Oh
Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los soñadores que viven con un
corazón de niños y trabajan cada día para hacer que el mundo sea un lugar
mejor, más humano y más justo.
En
ti, Cruz Santa, vemos a Dios que ama hasta el extremo, y vemos el odio que
domina y ciega el corazón y la mente de los que prefieren las tinieblas a la
luz.
Oh
Cruz de Cristo, Arca de Noé que salvó a la humanidad del diluvio del pecado,
líbranos del mal y del maligno. Oh Trono de David y sello de la Alianza divina
y eterna, despiértanos de las seducciones de la vanidad. Oh grito de amor,
suscita en nosotros el deseo de Dios, del bien y de la luz.
Oh
Cruz de Cristo, enséñanos que el alba del sol es más fuerte que la oscuridad de
la noche. Oh Cruz de Cristo, enséñanos que la aparente victoria del mal se
desvanece ante la tumba vacía y frente a la certeza de la Resurrección y del
amor de Dios, que nada lo podrá derrotar u oscurecer o debilitar. Amén
¿QUÉ ES LA PASCUA?
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Unos artículos sobre la Pascua pueden ser interesantes
para los lectores del blog.
¿QUÉ ES LA PASCUA ?
El tiempo pascual comprende cincuenta días (en griego = "pentecostés", vividos y celebrados como un solo día: "los cincuenta días que median entre el domingo de la Resurrección hasta el domingo de Pentecostés se han de celebrar con alegría y júbilo, como si se tratara de un solo y único día festivo, como un gran domingo" (Normas Universales del Año Litúrgico, n 22).
El tiempo pascual es el más fuerte de todo el año, que se inaugura en la Vigilia Pascual y se celebra durante siete semanas hasta Pentecostés. Es la Pascua (paso) de Cristo, del Señor, que ha pasado el año, que se inaugura en la Vigilia Pascual y se celebra durante siete semanas, hasta Pentecostés. Es la Pascua (paso) de Cristo, del Señor, que ha pasado de la muerte a la vida, a su existencia definitiva y gloriosa. Es la pascua también de la Iglesia , su Cuerpo, que es introducida en la Vida Nueva de su Señor por medio del Espíritu que Cristo le dio el día del primer Pentecostés. El origen de esta cincuentena se remonta a los orígenes del Año litúrgico.
Los judíos tenían ya la "fiesta de las semanas" (ver Dt 16,9-10), fiesta inicialmente agrícola y luego conmemorativa de la Alianza en el Sinaí, a los cincuenta días de la Pascua. Los cristianos organizaron muy pronto siete semanas, pero para prolongar la alegría de la Resurrección y para celebrarla al final de los cincuenta días la fiesta de Pentecostés: el don del Espíritu Santo. Ya en el siglo II tenemos el testimonio de Tertuliano que habla de que en este espacio no se ayuna, sino que se vive una prolongada alegría.
La liturgia insiste mucho en el carácter unitario de estas siete semanas.
La primera semana es la "octava de Pascua', en la que ya por tradición los bautizados en la Vigilia Pascual , eran introducidos a una más profunda sintonía con el Misterio de Cristo que la liturgia celebra. La "octava de Pascua" termina con el domingo de la octava, llamado "in albis", porque ese día los recién bautizados deponían en otros tiempos los vestidos blancos recibidos el día de su Bautismo.
Dentro de la Cincuentena se celebra la Ascensió n del Señor, ahora no necesariamente a los cuarenta días de la Pascua , sino el domingo séptimo de Pascua, porque la preocupación no es tanto cronológica sino teol6gica, y la Ascensión pertenece sencillamente al misterio de la Pascua del Señor. Y concluye todo con la donación del Espíritu en Pentecostés.
La unidad de la Cincuentena que da también subrayada por la presencia del Cirio Pascual encendido en todas las celebraciones, hasta el domingo de Pentecostés. Los varios domingos no se llaman, como antes, por ejemplo, "domingo III después de Pascua", sino "domingo III de Pascua". Las celebraciones litúrgicas de esa Cincuentena expresan y nos ayudan a vivir el misterio pascual comunicado a los discípulos del Señor Jesús.
Las lecturas de la Palabra de Dios de los ocho domingos de este Tiempo en la Santa Misa están organizados con esa intención. La primera lectura es siempre de los Hechos de los Apóstoles, la historia de la primitiva Iglesia, que en medio de sus debilidades, vivió y difundió la Pascua del Señor Jesús. La segunda lectura cambia según los tres ciclos: la primera carta de San Pedro, la primera carta de San Juan y el libro del Apocalipsis.
jueves, 24 de marzo de 2016
Domingo de la Pascua de Resurrección
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Domingo
de la Pascua de Resurrección
La
Resurrección es fuente de profunda alegría.
A
partir de ella, los cristianos no podemos vivir más con caras tristes.
Contempla
los lugares donde Cristo se apareció después de Su Resurrección
Por:
Teresa Fernández | Fuente: Catholic.net
Importancia
de la fiesta
El Domingo de Resurrección o de Pascua es la fiesta más importante para todos los católicos, ya que con la Resurrección de Jesús es cuando adquiere sentido toda nuestra religión.
Cristo triunfó sobre la muerte y con esto nos abrió las puertas del Cielo. En la Misa dominical recordamos de una manera especial esta gran alegría. Se enciende el Cirio Pascual que representa la luz de Cristo resucitado y que permanecerá prendido hasta el día de la Ascensión, cuando Jesús sube al Cielo.
La Resurrección de Jesús es un hecho histórico, cuyas pruebas entre otras, son el sepulcro vacío y las numerosas apariciones de Jesucristo a sus apóstoles.
Cuando celebramos la Resurrección de Cristo, estamos celebrando también nuestra propia liberación. Celebramos la derrota del pecado y de la muerte.
En la resurrección encontramos la clave de la esperanza cristiana: si Jesús está vivo y está junto a nosotros, ¿qué podemos temer?, ¿qué nos puede preocupar?
Cualquier sufrimiento adquiere sentido con la Resurrección, pues podemos estar seguros de que, después de una corta vida en la tierra, si hemos sido fieles, llegaremos a una vida nueva y eterna, en la que gozaremos de Dios para siempre.
San Pablo nos dice: “Si Cristo no hubiera resucitado, vana seria nuestra fe” (I Corintios 15,14)
Si Jesús no hubiera resucitado, sus palabras hubieran quedado en el aire, sus promesas hubieran quedado sin cumplirse y dudaríamos que fuera realmente Dios.
Pero, como Jesús sí resucitó, entonces sabemos que venció a la muerte y al pecado; sabemos que Jesús es Dios, sabemos que nosotros resucitaremos también, sabemos que ganó para nosotros la vida eterna y de esta manera, toda nuestra vida adquiere sentido.
La Resurrección es fuente de profunda alegría. A partir de ella, los cristianos no podemos vivir más con caras tristes. Debemos tener cara de resucitados, demostrar al mundo nuestra alegría porque Jesús ha vencido a la muerte.
La Resurrección es una luz para los hombres y cada cristiano debe irradiar esa misma luz a todos los hombres haciéndolos partícipes de la alegría de la Resurrección por medio de sus palabras, su testimonio y su trabajo apostólico.
Debemos estar verdaderamente alegres por la Resurrección de Jesucristo, nuestro Señor. En este tiempo de Pascua que comienza, debemos aprovechar todas las gracias que Dios nos da para crecer en nuestra fe y ser mejores cristianos. Vivamos con profundidad este tiempo.
Con el Domingo de Resurrección comienza un Tiempo pascual, en el que recordamos el tiempo que Jesús permaneció con los apóstoles antes de subir a los cielos, durante la fiesta de la Ascensión.
¿Cómo se celebra el Domingo de Pascua?
Se celebra con una Misa solemne en la cual se enciende el cirio pascual, que simboliza a Cristo resucitado, luz de todas las gentes.
En algunos lugares, muy de mañana, se lleva a cabo una procesión que se llama “del encuentro”. En ésta, un grupo de personas llevan la imagen de la Virgen y se encuentran con otro grupo de personas que llevan la imagen de Jesús resucitado, como símbolo de la alegría de ver vivo al Señor.
En algunos países, se acostumbra celebrar la alegría de la Resurrección escondiendo dulces en los jardines para que los niños pequeños los encuentren, con base en la leyenda del “conejo de pascua”.
La costumbre más extendida alrededor del mundo, para celebrar la Pascua, es la regalar huevos de dulce o chocolate a los niños y a los amigos.
A veces, ambas tradiciones se combinan y así, el buscar los huevitos escondidos simboliza la búsqueda de todo cristiano de Cristo resucitado.
La tradición de los “huevos de Pascua”
El origen de esta costumbre viene de los antiguos egipcios, quienes acostumbraban regalarse en ocasiones especiales, huevos decorados por ellos mismos. Los decoraban con pinturas que sacaban de las plantas y el mejor regalo era el huevo que estuviera mejor pintado. Ellos los ponían como adornos en sus casas.
Cuando Jesús se fue al cielo después de resucitar, los primeros cristianos fijaron una época del año, la Cuaresma, cuarenta días antes de la fiesta de Pascua, en la que todos los cristianos debían hacer sacrificios para limpiar su alma. Uno de estos sacrificios era no comer huevo durante la Cuaresma. Entonces, el día de Pascua, salían de sus casas con canastas de huevos para regalar a los demás cristianos. Todos se ponían muy contentos, pues con los huevos recordaban que estaban festejando la Pascua, la Resurrección de Jesús.
Uno de estos primeros cristianos, se acordó un día de Pascua, de lo que hacían los egipcios y se le ocurrió pintar los huevos que iba a regalar. A los demás cristianos les encantó la idea y la imitaron. Desde entonces, se regalan huevos de colores en Pascua para recordar que Jesús resucitó.
Poco a poco, otros cristianos tuvieron nuevas ideas, como hacer huevos de chocolate y de dulce para regalar en Pascua. Son esos los que regalamos hoy en día.

Leyenda del “conejo de Pascua”
Su origen se remonta a las fiestas anglosajonas pre-cristianas, cuando el conejo era el símbolo de la fertilidad asociado a la diosa Eastre, a quien se le dedicaba el mes de abril. Progresivamente, se fue incluyendo esta imagen a la Semana Santa y, a partir del siglo XIX, se empezaron a fabricar los muñecos de chocolate y azúcar en Alemania, esto dio orígen también a una curiosa leyenda que cuenta que, cuando metieron a Jesús al sepulcro que les había dado José de Arimatea, dentro de la cueva había un conejo escondido, que muy asustado veía cómo toda la gente entraba, lloraba y estaba triste porque Jesús había muerto.
El conejo se quedó ahí viendo el cuerpo de Jesús cuando pusieron la piedra que cerraba la entrada y lo veía y lo veía preguntándose quien sería ese Señor a quien querían tanto todas las personas.
Así pasó mucho rato, viéndolo; pasó todo un día y toda una noche, cuando de pronto, el conejo vio algo sorprendente: Jesús se levantó y dobló las sábanas con las que lo habían envuelto. Un ángel quitó la piedra que tapaba la entrada y Jesús salió de la cueva ¡más vivo que nunca!
El conejo comprendió que Jesús era el Hijo de Dios y decidió que tenía que avisar al mundo y a todas las personas que lloraban, que ya no tenían que estar tristes porque Jesús había resucitado.
Como los conejos no pueden hablar, se le ocurrió que si les llevaba un huevo pintado, ellos entenderían el mensaje de vida y alegría y así lo hizo.
Desde entonces, cuenta la leyenda, el conejo sale cada Domingo de Pascua a dejar huevos de colores en todas las casas para recordarle al mundo que Jesús resucitó y hay que vivir alegres.
Sugerencias para vivir la fiesta
Camino de Emaus
Contemplar los lugares donde Cristo se apareció después de Su Resurrección
Dibujar en una cartulina a Jesús resucitado
Adornar y rellenar cascarones de huevo y regalarlos a los vecinos y amigos explicándoles el significado.
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