Páginas especiales

miércoles, 23 de diciembre de 2015

La vendedora de cerillas (fósforos) 1 y 2

Blog católico de Javier Olivares-baionés jubilado-Baiona

Un cuento del del escritor y poeta danés 

Hans Christian Andersen

muy hermoso


La vendedora de cerillas

Posted By admin on 20 noviembre, 2012

la-vendedora-de-cerillas—¡Cerillas! ¡Cerillas! ¡Tengo cerillas! ¡Son de madera! Nadie prestaba atención a la pequeña vendedora de cerillas. El frío era tan intenso y la nieve caía con tanta fuerza, que todo el mundo deseaba llegar a casa para calentarse frente a la estufa y preparar la cena de Nochebuena, víspera de Navidad. —¡Cerillas! ¡Cerillas! ¡Para encender el árbol! —repetía la niña, infructuosamente.


Con aquella vocecilla era imposible que la oyesen. Tendría diez años, llevaba un vestido demasiado ligero y lleno de remiendos, los lacios y rubios cabellos rodeaban su pálida y delgada carita y con las manos trataba de sostener el delantal, formando una bolsa donde llevaba las cerillas.


—¡Dios mío! —musitaba—. ¡No voy a vender nada! ¡No he logrado vender ni una sola cerilla! —Miró sus pies, hundidos en la nieve, desnudos y amoratados por el terrible frío. Los tenía tan helados que apenas los sentía. Perdió una de las viejas zapatillas que le quedaban al tratar de huir de un carruaje que se le venía encima. La otra zapatilla se la llevó un niño travieso, diciendo que la pensaba usar como nido de gorriones. —¡Cerillas! ¡Cerillas! —la voz de la pequeña vendedora se perdía entre la ventisca, mientras comenzaba a anochecer.


No quería volver a su buhardilla. ¿Para qué? Allí casi hacía tanto frío como en la calle; las ventanas estaban rotas y no había leña para la estufa. Además estaría sola. Sus padres murieron meses atrás y necesitaba vender cerillas para ganar unas monedas con las que comprar lo más necesario. No, no quería estar sola en aquella gélida buhardilla. Prefería moverse cerca de la gente que pasaba junto a ella; aunque no la viesen, aunque no le hiciesen caso, aunque no le comprasen nada.   —¡Son las mejores cerillas! ¡Son de madera! Una cruel ráfaga de viento hizo tambalear su cuerpecillo y no tuvo más remedio que guarecerse en un portal, donde había bastante espacio para acurrucarse, aunque ello no la privaba del frío y los copos de nieve que caían sin cesar.


De pronto, la niña oyó unas risas y vio la luz que llegaba desde una ventana cercana. Tiritando y con los pies insensibles, logró ponerse de puntillas y asomar sus ojos por el alféizar. Lo que vio entonces fue algo maravilloso: dos niños jugaban alegremente alrededor del árbol de Navidad, mientras su padre echaba leña a la estufa. La vendedora de cerillas se fijó en esa estufa, chisporroteando lucecitas al aceptar la leña seca. ¡Cómo le hubiese gustado acercar sus manos a ella! ¡Se debía estar tan bien en esa casa! ¡Qué felices parecían todos, a punto de celebrar la Nochebuena!



A lo mejor, si encendiese una cerilla…», pensó la niña. ¡Sí, por qué no! Al fin y al cabo, una cerilla de menos no importaría demasiado. Y.tal vez lograse dar algo de calor a su cuerpo aterido… Así que frotó un fósforo contra la pared. Al principio le costo mucho lograrlo, ya que sus manos no respondían a las órdenes que les daba, pero por fin… La llamita de la cerilla despertó reflejos de la luz en el portal, agrandándose de tamaño a medida que ardía, o al menos, eso le pareció a la niña. Acercaba sus manos al débil consuelo de calor e imaginaba, imaginaba… Imaginó, creyó ver que la estufa de aquella casa se le acercaba, brindándole todo el bienestar que a ella le faltaba ¡ Qué bien! ¡ Qué calorcito! ¡ Qué…!


La cerilla se apagó y todo el encanto quedó cortado, para dar paso a la realidad. Y la realidad era el frío, la nevada, el hambre y la pena que sentía la pobre niña, acurrucada en el portal, —¡Cerillas! ¿Alguien quiere cerillas? —balbuceó, aunque estaba segura de que nadie pasaba junto a ella. Recordó esa cerilla que había encendido y sintió unos terribles deseos de prender fuego a otra. «¡Me quedan tantas!», pensó.


Le castañeteaban los dientes cuando aplicó un nuevo fósforo a la rigurosidad de la pared. Y a la luz de aquella cerilla, los prodigios se multiplicaron. Ahora era una mesa dispuesta con todas las ricas viandas necesarias para celebrar una suculenta cena de Nochebuena: pavo asado, patatas rellenas, verduras humeantes, pastel, frutas…


El pavo se adelantó al resto de la comida y parecía decir: ¡Cómeme, cómeme! La niña llegó incluso a percibir el delicioso aroma que despedía el asado. Alzó sus temblorosas manos y cuando estaba más a punto de tomar aquel manjar… ¡zas, la cerilla se apagó!


Pero no, ella no podía dejar pasar tanta maravilla, con el hambre que sentía. Ya no le importaba que fuese producto de su imaginación; lo único que quería era coger aquel riquísimo pavo asado… Y encendió otra cerilla. Al resplandor del fósforo, la visión había cambiado. Esta vez, la niña vio a una familia reunida alrededor de la mesa, bebiendo, comiendo y entonando villancicos. El padre brindaba por la felicidad de todos, el abuelo se emocionaba con los cantos de sus nietos y la madre miraba embelesada a sus hijos.

Continua leyendo La vendedora de cerillas (segunda parte)

  

La vendedora de cerillas 2

Posted By admin on 13 febrero, 2014

La-vendedora-de-cerillas 


Lágrimas amargas resbalaron por la carita de la vendedora de cerillas. Hace tiempo, ella también había tenido unos padres tan buenos como aquéllos; no fueron nunca tan ricos como los de la visión, pero celebraban la Nochebuena todos juntos. Luego, ellos se fueron y en su casa ya no hubo más alegría, más calor, más cantos. El chisporroteo final de la cerilla aumentó la tristeza de la niña. A medida que la noche avanzaba, también se hacía más crudo e intenso el frío que envolvía la ciudad. Casi sin poder mover su cuerpo, la cerillerita vio cómo sus fósforos se le escurrían del delantal hacia el suelo. ¡Ya no le quedaban nada más que esas cerillas! ¡Ellas eran toda su esperanza!

 

A duras penas pudo encender otra, pero el esfuerzo valió la pena. Por un momento, allá a lo lejos, sobre el oscuro mosaico del cielo nocturno, apareció una figura que la niña conocía muy bien. —¡Abuela! ¡Es la abuelita! —exclamó. En efecto, era su abuela, la persona que más la quiso en este mundo, quien descendía de las nubes, aproximándose a la niña. Llegaba con el semblante feliz y una aureola dorada rodeaba su cabeza. Tan absorta estaba la pequeña, que no se dio cuenta de que la cerilla se apagaba. Frenéticamente, cogió el resto de cerillas y las encendió una a una, hasta formar una pequeña antorcha.

 

—¡Abuela, no te vayas! —gemía la niña—. ¡Ven a verme, abuelita! Entre el fulgor de las llamas, la abuela respondió a la llamada de su nieta. —No te preocupes, mi pequeña. Ya estoy contigo. —Abuela…, pareces muy feliz… Yo me quedé muy triste, cuando tú nos dejaste. Abuelita…, estoy sola… La abuela sonreía, suspendida sobre la cabeza de la niña. A ésta, ya no le importaba ni el frío ni el hambre. Trataba de incorporarse, pero su cuerpo ya no le respondía. —Ahora vivo en un lugar donde nunca hay oscuridad, ni es necesario vender cerillas, ni tiene cabida el temor… —dijo la anciana—. En ese lugar vivimos tus padres, vivo yo, vivimos todos los que dejamos este mundo. Nunca nos falta de nada; es un lugar maravilloso. La niña se estremeció.


—¿Y yo…? ¿Podría ir yo también a ese lugar? —preguntó, sintiendo que se le cerraban los ojitos llenos de lágrimas—. ¡Déjame ir contigo, abuelita! ¡Déjame acompañarte, por favor! —¡Nada más fácil! —dijo la anciana—. Basta con que tiendas tus manos hacia mí… pero date prisa; debes hacerlo antes de que se apague la lumbre de tus fósforos. —Sí… ya voy abuelita… ya voy… Y la pequeña vendedora de cerillas realizó un último esfuerzo para tender sus brazos en dirección a su abuela. Después… después desapareció el frío como por ensalmo. La niña sintió que ascendía, volaba, se unía a la figura de su abuela, subiendo hacia las nubes. Poco a poco, las casas de la ciudad se hacían más y más pequeñas. En algún lejano campanario, sonaron las doce campanadas. Ya era Navidad.

 

Cuando despuntó el sol sobre las calles, una pareja de transeúntes descubrió el cuerpo de la pequeña vendedora de cerillas en el portal, doblada sobre sí misma, con las manos y la cara bañadas en un tono violáceo, muerta. —¡Pobrecita! —dijo el hombre—. ¡Ha muerto de frío! —¡Mira —dijo la mujer—, está rodeada de cerillas quemadas! Por lo visto, quiso calentarse con sus llamitas… —Lo más curioso es esa sonrisa con que se fue… —advirtió el hombre. ¡Cómo no iba a sonreír la pobre niña! Estaba viviendo junto a los suyos, sin padecer ninguno de los sufrimientos que la castigaron mientras estuvo en la Tierra. Estaba gozando de las cosas buenas y bellas que sólo alcanzan los puros de espíritu y los que viven ignorados por todos. ¡Era la mejor Navidad de su vida!

lunes, 21 de diciembre de 2015

Navidades laicas, no gracias

Blog católico de Javier Olivares-baionés jubilado-Baiona

Cuánto me ha gustado el artículo de Daniel Tirapu!.
Nos viene hoy como anillo al dedo.
Franja
   
Un artículo de...
Daniel Tirapu

16/12/2015 3

Resultado de imagen de Navidades cristianas

Navidades laicas, no gracias

Quedan pocos días y ya estamos inmersos en estos días de ajetreo, de ilusión, de luces, de regalar. Pues sí el gran regalo, el único, el definitivo es que Jesús se hace hombre y nos ha asumido como hijos querídisimos, para salvarnos, perdonarnos y llenarnos de alegría. No hay otra.


No dejan de sorprenderme los que pretenden celebrar el solsticio de invierno, los seis meses de la noche de San Juan, -¿vaya otro santo?-, la unidad del género humano, la llegada de refugiados, etc.


Más de una vez he pensado que los españoles somos genéticamente cristianos, e incluso nuestra negación de la religión toma tintes religiosos. Esto demuestra por parte de ciertos políticos un complejo de inferioridad frente al cristianismo. La Iglesia católica, con dos mil años, al margen de la Fe, es la mayor empresa del mundo. Gestiona problemas irresolubles, no se cansa, anima, está con todos y los más débiles de verdad.


Tienen envidia, les gustaría ser obispos, con su teología civil y los sacramentos empezando por el matrimonio, Napoleón fue el primero en introducirlo para competir con la Iglesia, hasta el bautismo civil, impracticable por falta de horario. No es que la Iglesia se ponga al día, que no debe, sino que el mundo quiere ser Iglesia y salvar, y no puede, no puede. De ahí pienso, el odium religonis, tan inexplicable, pero presente por ese fracaso continuo del hombre como centro de sí mismo.


En Belén hay que olvidar, los triunfos, los apellidos, la casta, la sangre y el propio orgullo, todo en su sencillez se pone al servicio de ese niño-Dios. Y Dios no se impone, nace pobre, desconocido. Que pregunten a los niños que montan el Belén y que esperan a los Reyes; ellos no engañan. En Belén hay grandeza, y piojos, mirra, incienso y mal olor, pastores y Reyes. De ahí surgió Bach, Murillo, Mozart, Cervantes y los pecados de los hombres. Todo está allí, pero redimido y asumido por Dios.


Me contaba un amigo de Brasil: la teología extrema de la liberación fracasó con los pobres, les quitaron a Dios y se hicieron evangélicos. No nos quitéis a Dios, ni el domingo, ni la Navidad. Son muy buenos días para contar estas cosas a María, José y el Niño, con calma. Sabiendo que la nochebuena se viene y se va y nosotros nos iremos…


¡Dios se hace hombre, Feliz Navidad!
3 comentarios
Ordenar por: Ascendente | Descendente

#3
perico
16.12.2015 - 11:28H
Pues yo estoy con el profesor Tirapu, practicar el laicismo no es nada.

#2
Juanma
16.12.2015 - 11:01H
Hay que respetar todas las ideas por muy dispares que sean. Las fiestas navideñas son las más queridas por unos y, a la vez, las más odiadas por otros, porque hay división de opiniones muy respetables, desde las "comidas de empresa" hasta la noche de navidad. Por eso cada vez hay más gente que aprovecha la ocasión para hacer un viaje, descansar y practicar el laicismo.

#1
Perogrullo
16.12.2015 - 04:48H
No existe Navidad sin Nacimiento del Niño Dios....
Si no hay Nacimiento no hay Natividad... Navidad.
Hay Solsticio de Invierno... Papa Noel.... pero no hay Navidad.
La Navidad solo se celebra desde la fe en el Nacimiento de Jesús.
No hay Navidad laica.
Si los cristianos mantenemos las ideas claras y

LLAMAMOS A LAS COSAS POR SU NOMBRE.... sin complejos...y sin esconder nuestra fe
se acabaron los problemas..... nuestros.... los de los demás...., rezaremos para que se acabe

Deja tu comentario
Nombre de usuario *
Email *
Escriba el código CAPTCHA: *
captcha
Comenta * 500
 He leído y acepto las normas de uso *
* Campos obligatorios

domingo, 20 de diciembre de 2015

FRASES DE NAVIDAD, conocidas.

Blog católico de Javier Olivares-baionés jubilado-Baiona


FRASES DE NAVIDAD

Si en esta Navidad distingues una luz muy brillante en el cielo, pide un deseo de FELICIDAD para el mundo entero.

Los corazones mansos entienden la Navidad más allá de las palabras.

Aunque el tiempo transcurra de prisa, la Navidad nos deja eternos instantes.


Deseo que cada día sepas apreciar lo bella que es la vida, como en la Navidad.

Que la estrella de Belén te ilumine en esta Navidad y que cada día del Nuevo año la bendición del Señor te guarde a ti y a tus familiares.

La Navidad se pinta del color de tus emociones más profundas.


ç

El nacimiento de Jesús marcó la esperanza en el mundo entero, deja que la Navidad te envuelva de AMOR.

La Navidad se vive en familia, se canta en conjunto y se celebra con todos.

La Navidad es ese dulce espacio donde los recuerdos, los abrazos y las risas imperan radiantes.




Que la Navidad nos llene de inspiración duradera para alcanzar todos nuestros proyectos y sentirnos realizados.

La Navidad es la inocencia y el candor, la fascinación de vivir con la esperanza de un mundo mejor.

A veces necesitamos una pequeña chispa de magia para recrear nuestro existir, la Navidad es esa chispa.


Aunque se pierdan otras cosas a lo largo de los años, mantengamos la Navidad como algo brillante, regresemos a nuestra fe infantil.

Feliz Navidad a todos los que comparten el deseo de un mundo mejor, lleno de paz y esperanza.

Que cada año la Navidad te envuelva gratamente junto a los que más quieres!.


Quisiera que la Navidad durase todos los días del año, pero si no es posible, al menos que dure lo suficiente para ennoblecer los corazones más duros.

Pide un deseo, cerrando bien tus ojos, piensa en la Navidad y espera tu milagro.

Cuando la Navidad nos convoca, nadie queda excluido, desde el más pequeño al mayor se funden en un gran abrazo!


Mientras exista un corazón tocado por Dios, la Navidad prevalecerá tan blanca y dulce, que podrá tocar al mundo entero.

Campanas por doquier, nos dicen que ya llegó la Navidad, en el cielo el coro angelical se hace escuchar, paz y Amor para la humanidad!


 


Te he felicitado con muchas frases de Feliz Navidad.
Ahora te toca a ti el hacerlo con tus amigos y piensa,
 que en el momento en que llegue a ti 
esta felicitación de rebote...o a mí, 
en ese momento estaremos repletos
de una gran carga de felicidad, 
porque el Niño Dios no se dejará ganar en generosidad
y habremos correspondido a los deseos 
del "Dios con nosotros", El "ENMANUEL".

Felicitar la Navidad es hacer crecer el amor 
por todo el mundo, como grande es la red, 
por donde nos movemos como internautas... 
Franja

Domingo cuarto de Adviento 20-12-2015

Blog católico de Javier Olivares-baionés jubilado-Baiona

Domingo cuarto de Adviento

La sonrisa de Dios es la sonrisa de María

María, nos invita a imitarla en un complaciente abandono
 a la palabra de Dios,
 que puede decirnos desde su obediencia,

Autor: P. Alberto Ramírez Mozqueda |
Fuente: Catholic.net

Domingo cuarto de Adviento


Virgilio, el gran poeta latino, pagano, que ha tenido una gran influencia en la literatura universal, dice que el "niño comienza a conocer a su madre por la sonrisa”, anunciado proféticamente que la sonrisa de Dios es la sonrisa de María después del pecado, una vez que ella aceptó convertirse en la Madre de su Hijo Jesucristo, proporcionándole su Cuerpo precioso, un cuerpo necesario para realizar en los hombres y para los hombres la redención y la salvación de todo el genero humano.

Y hoy nos encontramos, ya en las inmediaciones de la Navidad, dejando atrás a Isaías y a San Juan Bautista, con el personaje central del Adviento, a María la Madre de Jesús, que nos dejará a las plantas del mismísimo Hijo de Dios encarnado.

Por eso, hoy queremos asistir embelezados al encuentro de dos mujeres pobres, gente del pueblo, las dos embarazadas, una de edad avanzada y la otra apenas una jovencita que tuvieron un papel destacado en la historia de la Salvación de nuestros pueblos.


Se trata de Isabel, la anciana, la que concibió en su seno prodigiosamente, ya en su ancianidad y María, que apenas en su adolescencia ofreció su cuerpo para que Dios realizara entre los hombres el prodigio inaudito de enviar para estar entre los hombres y para siempre a su mismísimo Hijo.

El encuentro no podía ser más agradable y simpático: "En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo en las montañas de Judea, y entrando, saludó a Isabel”.

Fue ese viaje, el primer recorrido eucarístico, la primera vez que Cristo aún en el seno de su Madre, como el mejor tabernáculo, sagrario o manifestador pudo acercarse a los hombres y llevarles la presencia, la fuerza y la alegría del Espíritu Santo que lo había encarnado precisamente en el seno de aquella mujer singular.

Esa presencia y ese abrazo, hicieron que Juan Bautista, santificado en ese momento con la presencia del Espíritu Santo, saltara de gozo en el seno de su propia madre, que no escatimó la alabanza y la ternura a la mujercita que venía a atenderla en su propio parto:


"¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre... Dichosa tú que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor!”.

Esas solas palabras, en las inmediaciones de la Navidad, nos sugieren muchas preguntas que no podemos dejar de contestar, porque ahí va implicada nuestra propia alegría, nuestra felicidad y en última instancia, nuestra propia salvación: ¿En qué creyó María, y qué le fue anunciado de parte del Señor?.

Podemos aventurar las respuestas diciendo que María le creyó al Padre que con un profundo respeto, una entrañable ternura, se acerca a la criatura, se abaja casi, para "pedirle”, hay que subrayarlo, para pedirle que se dignara ser la madre del Salvador. No se le impone la maternidad, no se la violenta, aunque se trate del Señor de Cielos y Tierra, dueño de todo.

Eso es ya una primera lección para los machistas, para los hombres que se creen superiores y con derecho a tratar a la mujer como su esclava, como simple objeto de placer y como una máquina de hacer hijos y criaturas muchas veces infelices.

María le creyó al Padre, y desde entonces se convierte en mujer "eucarística” toda la vida, dedicada en cuerpo y alma a su Hijo que con su Cuerpo logrará la santificación para todos los hombres.


La actitud de María, nos obliga entonces a imitarla en un complaciente abandono a la palabra de Dios, que puede decirnos desde su obediencia, "Hagan lo que él les diga”, no duden, pueden fiarse de la palabra de mi Hijo que pudo cambiar el agua en vino y que puede hacer del pan sencillo de los hombres nada menos que su propio Cuerpo y su propia Sangre, haciéndose para todos los hombres "pan de vida”.

A María le fue anunciada la presencia del Hijo de Dios que sería también hijo de María, a quien recibe amorosamente, anunciando a todos los bautizados la necesidad de recibir así como ella recibió la carne mortal, de Cristo, recibamos nosotros las especies sacramentales, las especies de pan y de vino, el Cuerpo y la Sangre del Señor.

María acertó a decir a Dios que aceptaba el compromiso de dedicarse totalmente a su Hijo con un famosísimo "Fíat”, hágase, realícese, consúmese en mí todo lo que tu palabra quiera, para enseñarnos a decir reverente y alegremente el "Amén” cada que recibimos presente con todo su ser humano-divino a Cristo en las especies de pan y de vino.

Ese fíat de María hizo que pronto pudiera recibir en sus brazos y arropar con todo cariño a Jesús, el Salvador de los hombres:

"Y la mirada embelezada de María al contemplar el rostro de Cristo recién nacido y al estrecharlo en sus brazos, ¿no es acaso el inigualable modelo de amor en el que ha de inspirarse cada comunión eucarística?” (Juan Pablo II).

Ese fíat de María le bastó y la fortaleció internamente, para prepararse a acompañar a su Hijo en todo momento, sin reparar en subir hasta cerca de él en alto de la cruz, correspondiendo a lo que el profeta le había anunciado:

"Y a ti una espada traspasará tu propia alma."

Pero si María tuvo que pasar por el Calvario y la cruz para acompañar a su Hijo, tuvo también la dicha de estar entre los apóstoles de su Hijo, acompañándoles en la oración y sosteniendo su esperanza en la resurrección de su hijo.

El Papa San Juan Pablo II, de quien estoy tomando todas estas ideas, de su encíclica sobre la Eucaristía, la cual recomiendo encarecidamente que lean todos mis cristianos catoliquísimos, nos hace asistir al momento sublime cuando María pudo escuchar en labios de los apóstoles "éste es mi cuerpo que es entregado por vosotros.

Aquel Cuerpo entregado como sacrificio y presente en los signos sacramentales, ¡era el mismo cuerpo concebido en su seno! Recibir la Eucaristía debía significar para María como si acogiera de nuevo en su seno el corazón que había latido al unísono con el suyo y revivir lo que había experimentado en primera persona al pie de la cruz”.

Todo esto ha sido necesario para que nosotros podamos pasar una Navidad muy especial, acompañados de María, preparando no una cena ni unos vinos ni unos regalos, ni siquiera unos abrazos, a menos que se parezcan al abrazo de María a su prima Isabel, sino a preparar nuestros corazones para abrazarnos a Cristo hecho Carne y Sangre en el Sacramento Eucarístico, y recibirlo reverentemente como lo hizo María en la cuna de Belén. Será así la mejor de las Navidades.


Sonriendo con María, recibamos al Hijo de Dios hecho carne.

A Ti que eres el Amo y Señor de todos los hombres,
Gracias por el don inapreciable de tu Hijo amado
Hijo del Altísimo y también el hijo de la siempre Virgen María

Te alabamos por tu amor y tu bondad por haber mandado al Hijo nacido para salvar al esclavo.

Gracias porque nos has hecho vivir en Parroquia, el nuevo Belén,

Gracias porque cada día nos lo das en el Sacramento Eucarístico,
fruto de tu amor y de la entrega hasta el sacrificio de tu Hijo Jesucristo.

Gracias por mandarlo tan parecido a nosotros que siendo hermano puede salvarnos a todos y hacernos pasar por el camino de la cruz y la pasión para llegar también nosotros al momento glorioso de la resurrección.

Gracias por tu Hijo Nacido entre pajas y espinos, entre pañales y lágrimas, entre sollozos y sonrisas amorosas de la Madre y Maestra de todos los hombres. Recibe nuestra gratitud y nuestra alabanza.

Permite que nos amemos de tal manera que podamos ser una sola familia en camino hacia ti, nuestro Dios y nuestro Padre.

¡Felicitémonos y cantemos agradecidos al Recién nacido Rey inmortal de todos los siglos de los siglos. Amén.


P. Alberto Ramírez Mozqueda

Quizás también le interes


Contemplar el Evangelio de hoy - homilías católicas del Evangelio del día
Contemplar el Evangelio de hoy - Suscríbase