sábado, 11 de septiembre de 2010

El Hijo Pródigo. Nosotros... el tercer hijo?


1- EL TERCER HIJO PRÓDIGO
Por José María Maruri, SJ.
1.-La historia de amor entre Dios y el hombre es la historia de la terquedad del hombre empeñado en perderse y la terquedad de Dios empeñado en encontrar al hombre,
 aún a costa de perder su propia vida
El Padre anciano cargado más que de años de pena por la huida del hijo, sube cada día al altozano para otear el horizonte y ver, si fuera posible, al hijo regresando a casa.
Un día, más que verle lo intuye en aquel andrajoso hombre
que sube por el camino sin bastón, ni sandalias,
 encorvado por la debilidad y el cansancio.
Y el Padre Dios pierde su dignidad
y sale corriendo a su encuentro,
porque más ganas tiene el padre de recibir al hijo en casa,
 que el hijo por volver,
que al fin de cuentas vuelve el hijo empujado por el hambre
 y es el Padre el que está hambriento de cariño y amor.
2.- En las tres parábolas hay algún hijo más,
 muchas ovejas más,
 algunas monedas más.
Pero para Dios no hay decenas, ni centenas,
 ni millones de hijos.
 Hay solo unidades.
 Para Dios cada uno somos hijo único,
 cada hijo lo es todo.
 Si lo pierde lo ha perdido todo.
 Nadie puede ocupar el hueco que cada uno
 tenemos en el corazón de Dios.
El hombre puede dejar de ser hijo.
Puede prescindir de Dios.
Es Dios el que no se resigna a estar sin el hijo.
Su casa puede rebosar de hijos,
pero si falta uno al Padre Dios
 le parece una casa vacía.
3.- No conocemos el corazón de nuestro Padre Dios.
 Cuando al ver gente que deja la Iglesia,
 o sacerdotes o religiosos
 abandonan escandalosamente su fe o su vocación,
y pensamos o decimos que son ramas podridas,
que es mejor que sean arrancadas,
pero cada arranque le cuesta una herida al corazón de Dios, que ya no podrá dejar de pensar en el hijo perdido.
Cuando regresamos a la casa del Padre
 la mayor alegría no es la nuestra,
es la del padre que nos recibe y abraza
y dice a todos “felicitadme”.
No dice felicitar a mi hijo. No.
Felicitadme a mí porque la alegría es mía.
No conocemos a Dios los que creemos estar en la crisis del Padre y negamos nuestra misericordia y la de Dios a los que llamamos pecadores,
 que si ellos se apartaron de la Casa Paterna,
 tampoco nosotros estamos con el corazón cerca de Dios.
4.- ¿No echáis de menos en esta parábola
mal llamada del Hijo Pródigo,
cuando es el Padre quien prodiga su amor hasta lo increíble? Digo… ¿no echáis de menos a un tercer hijo,
el que por consolar el dolor del Padre
 se lanza en busca de su hermano
por si lo puede encontrar por caminos y tugurios
 y al fin lo encuentra y lo atrae al abrazo del Padre?
Ese es el Señor Jesús, el que inventó la parábola
 y que dando su vida por cada uno de nosotros
nos ha llevado de nuevo a la Casa Paterna.

5.- Acabo con estos versos de Lope de Vega.
 Él mismo fue sacerdote e hijo pródigo hasta su vejez.
*****
Bendigo vuestra piedad
Pues me llamáis a que os quiera
Como si de mi tuviera
Vuestro amor necesidad.

¿Vida mía, vos a mí?
¿en que me habéis menester?
¿Si a vos os debo mi ser
cuanto soy y cuanto fui?

Para qué puedo importaros
si soy lo que vos sabéis.
¿Qué necesidad tenéis?
¿qué cielo puedo yo daros?

¿Pero quien puede igualar
a vuestro divino amor?
Como vos amáis, Señor,
nadie jamás puede amar.
*****
Espero que os haya gustado y habrais meditado,
porque todos somos el tercer hijo,
el que completa el amor, en el corazón
 de nuestro Padre Dios.
Franja.
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