viernes, 18 de noviembre de 2011

SOLEMNIDAD DE CRISTO REY

Un comentario recibido en comentarios: 
Anónimo dijo...
Dia 20 de noviembre, Para muchos es la fecha menos indicada para unas elecciones en España. Es una fecha que recuerda la muerte de Franco y de José Antonio Primo de Revera. ¿Por qué la eligió Zapatero? Muchos dicen que para incordiar a gran parte de los españoles, y para que el argumento de: "Que viene la derecha" despierte a muchos indecisos y a los de izquierda. Pero mira por cuanto al Sr.Zapatero le puede salr el tiro por la culata!!!. El no vió o no consultó el calendario eclesiástico y ese mismo día la Iglesia Católica celebra la SOLEMNIDAD DE CRSTO REY. Todos los sacerdotes y Obispos, aunque no quisieran, tienen que hablar en el púlpito de CRISTO REY. 
Por el camino que lleva España, es el menos favorable para que Cristo reine en todas las instituciones humanas. 
El aborto, el divorcio, la educación, la familia. los gais y lesbianas, y todo lo demás....son en estos tiempos, 
lo más alejado de lo que nunca estuvo España de Dios
 a causa de estos socialistas ateos, descreídos y laicistas.
 Los católicos y todos los hombres y mujeres de bien de España, están hasta las narices de esta situación, que es peor que la crisis del bienestar. Si a esta situación hay que darle un cambio, para no caer en la recaída, pues los actuales gobernantes no pueden arreglarlo  porque lo pondrían peor, la Fiesta de Cristo Rey, puede ser la oportunidad en bandeja,  para que los que son religiosos, y ese día vayan a la Iglesia, no dejen de aprovechar la oportundad de un cambio, y sin que los curas hablen de politca, sino de la responsabilidad de los católicos como ciudadanos, que no pueden quedarse en casita en  estas ocasiones.
 Dios nos va a pedir cuentas, porque no podemos desentendernos de la realidad. Y la sociedad la formamos todos, porque estamos metidos en la sociedad, y porque no tenemos que pedir permiso, ya que además...¡pagamos los impuestos!!! 
Gracias, Sr. Cura Vicario de Baiona por su blog. 
Un saludo desde Valladolid a todos los lectores

*****************
Cristo Rey
Himno:¨ de las 2 VÍSPERAS
 OH PRÍNCIPE ABSOLUTO DE LOS SIGLOS
Oh príncipe absoluto de los siglos,
oh Jesucristo, rey de las naciones:
te confesamos árbitro supremo
de las mentes y de los corazones.

En la tierra te adoran los mortales
y los santos te alaban en el cielo,
unidos a sus voces te aclamamos
proclamándote rey del universo.

Oh Jesucristo, príncipe pacífico:
somete a los espíritus rebeldes,
y haz que encuentren el rumbo los perdidos
y que en un solo aprisco se congreguen.

Para eso pendes de una cruz sangrienta,
y abres en ella tus divinos brazos;
para eso muestras en tu pecho herido
tu ardiente corazón atravesado.
 
Para eso estás oculto en los altares
tras las imágenes del pan y el vino;
para eso viertes de tu pecho abierto
sangre de salvación para tus hijos.
 *
Por regir con amor el universo,
glorificado seas, Jesucristo,
y que contigo y con tu eterno Padre
también reciba gloria el Santo Espíritu. Amén.

Oración a Cristo Rey.
 ¡Oh Cristo Jesús! Os reconozco por Rey universal. 
Todo lo que ha sido hecho, ha sido creado para Vos. Ejerced sobre mí todos vuestros derechos. 
Renuevo mis promesas del Bautismo, 
renunciando a Satanás, a sus pompas y a sus obras,
 y prometo vivir como buen cristiano. 
Y muy en particular me comprometo 
a hacer triunfar, según mis medios, 
los derechos de Dios y de vuestra Iglesia.
¡Divino Corazón de Jesús! 
Os ofrezco mis pobres acciones,
 para que todos los corazones reconozcan 
vuestra Sagrada Realeza, 
y que así el reinado de vuestra paz 
se establezca en el Universo entero.
 Amén.
Último Domingo de Calendario Litúrgico, 
dedicado a celebrar la festividad de Jesucristo Rey. 
Una solemnidad moderna 
que nos gusta mucho a los creyentes. 
Instituida por la Iglesia precisamente en los tiempos 

de la democracia, para demostrar que
 la soberanía de Jesucristo
 no tiene condicionamientos humanos, 
ni es Jesucristo un Jefe elegido
 por votación popular,
 ni va a ser un día echado de su trono
 o suplantado por otro rival,
 que le venga a privar de sus derechos. 
Empezamos por escuchar al mismo Jesús, 

que reivindica su condición real 
ante una autoridad civil,
 la cual le puede hacer pagar caro
 su atrevimiento de proclamarse Rey. 
Condenado ya como blasfemo 

por la Asamblea del pueblo judío, 
Jesús es llevado al tribunal de Roma, 
que no se va a meter en cuestiones religiosas
 sino en asuntos civiles. 
Y empieza Pilato por la pregunta clave: 
- ¿Tú eres el rey de los judíos?
Jesús sabe muy bien que esto no lo puede decir Pilato por cuenta suya, sino por otros que se los han ido a contar para prevenirlo en contra del acusado.

 Así que Jesús le pregunta a su vez:
- ¿Lo dices esto por ti mismo, 

o porque otros te lo han dicho de mí?
Pilato se molesta un poco, aunque le muestra a Jesús respeto y temor: 
- ¿Acaso yo soy judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?
Jesús le contesta, porque la pregunta es sincera, 

y, además, se la hace la autoridad:
- Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuese de este mundo, mis vasallos hubiesen luchado por mí, para no ser entregado a los judíos. 

Pero mi reino no es de aquí abajo. 
Hay mucha dignidad en estas palabras de Jesús,

 de modo que Pilato, pagano
 y que nada sabe de la religión judía, 
sospecha algo misterioso.
 Por eso vuelve a la primera pregunta, 
haciéndosela más concreta:
- Entonces, ¿tú eres rey?
Jesús sigue el diálogo con Pilato

 en un plano de mucha seriedad y sinceridad:
- Sí; yo soy rey. Para esto he nacido 

y para esto he venido al mundo: 
para dar testimonio de la verdad.
 Quien es de la verdad, escucha mi palabra. 
Pilato no entiende. Pero se da cuenta de que tiene delante de sí a una persona muy especial. 

De ahí sus esfuerzos por salvarlo de las iras y del griterío que le viene de la calle, 
azuzada como está la gente 
por los jefes del pueblo.
 Su pecado, como le insinuará después el mismo Jesús, es estar haciendo caso
 a los enemigos personales de este reo 
en vez de atender los gritos de su conciencia.
 Jesús le deja como palabra última a Pilato 
esta confesión: 
- Yo soy rey. Aunque mi reino no es de este mundo. 
Y Pilato, que quede tranquilo... Jesús no causará ningún problema a los romanos, desde el momento que le asegura que su reino no es político sino espiritual, 
no de este mundo sino del otro...
Juan escribe su Evangelio para los cristianos, y más que narrar con taquigrafía el dialogo de Jesús con Pilato, quiere hacer ver que aquella calumnia lanzada contra Jesús --de que había sido condenado por revoltoso contra Roma--, carecía de todo fundamento. 
La Iglesia de nuestros días ha reflexionado mucho sobre este hecho de la realeza de Jesucristo. Y ha mantenido y mantiene una fiesta que para muchos es inoportuna.
El mundo -que se aleja de Dios con un laicismo y una secularización tan peligrosos, ha de saber que por encima de los acontecimientos humanos y sobre los gustos de la sociedad hay un Rey

 que reivindica los derechos de Dios. 
Ese mundo debe rendirse a Dios,

 y Jesucristo se proclama Rey
 para ser el primer testigo de la verdad.
A su Iglesia la constituye signo visible de esta autoridad que Él mantiene sobre el Reino de Dios en el mundo, y le encarga transformar las estructuras sociales 
de un modo conforme con el querer de Dios. 
Jesucristo es Rey, y por eso hace 

de nosotros los cristianos
 un pueblo real, libre de toda esclavitud. 
En particular nosotros los seglares --instruidos por el Concilio--, sabemos que participamos
 de la realeza de Jesucristo; 
somos reconocidos como encargados de promocionar a la persona humana; y se nos encarga meter el Evangelio en la sociedad como el fermento en la masa, llenando del espíritu de Jesucristo todas las realidades sociales, ya que estamos metidos dentro 
de todas las vicisitudes del pueblo. 
Esta nuestra vocación dentro del Pueblo de Dios 

es un testimonio de la realeza de Cristo. 
Porque, si Jesucristo no fuera Rey y no tuviera el dominio y la soberanía sobre todos los hombres y sobre todas las cosas, ¿con qué derecho y autoridad, o con qué título legítimo, nos presentaríamos nosotros ante los demás para hacerles cambiar de opinión, para mudar sus estructuras y modos de ser, para transformar el mundo conforme a nuestro parecer y nuestros gustos?... Aunque este parecer y estos gustos no son nuestros --afortunadamente--, sino del mismo Jesucristo y de su Iglesia. 
¡Jesucristo es Rey! 
Lo proclamamos nosotros a los cuatro vientos

 con humildad gozosa. 
Lo proclamaron con valentía ante las balas

 muchos mártires modernos. 
Y esta fe que profesan nuestros labios, 

la queremos proclamar,
 sobre todo, con la fidelidad diaria a nuestros deberes cristianos..
*************************
SACADO ESTE COMENTARIO
 DE UNA PÁGINA DE INTERNET:
http://www.riial.org/evangelizacion/065%2034%20Domingo%20Ordinario%20B.pdf
Y
http://es.catholic.net/imprimir/index.phtml?ts=5&ca=32&te=399&id=940
QUE AHORA ENCUENTRO PARA CITARLA. 
FRANJA.
Consagración a Cristo Rey

Ordenada por S. S. Pío XI para el día de Cristo Rey
(último domingo del Año Litúrgico,
en este año de 2011,
 el 20 de noviembre.)

Oración: 
Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano, miradnos humildemente postrados delante de vuestro altar; vuestros somos y vuestros queremos ser 
y a fin de poder vivir más estrechamente unidos con Vos, todos y cada uno espontáneamente nos consagramos en este día a vuestro Sacratísimo Corazón.
Muchos, por desgracia, jamás os han conocido; muchos, despreciando vuestros mandamientos, os han desechado. 
Oh Jesús benignísimo, compadeceos de los unos y de los otros, y atraedlos a todos a vuestro Corazón Sacratísimo.
Oh Señor, sed Rey, no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Vos, sino también de los pródigos que os han abandonado; haced que vuelvan pronto a la casa paterna, para que no perezcan de hambre y de miseria. Sed Rey de aquellos que, por seducción del error o por espíritu de discordia, viven separados de Vos: devolvedlos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe, para que en breve, se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor. Sed Rey de los que permanecen todavía envueltos en las tinieblas de la idolatría o del islamismo; dignaos atraerlos a todos a la luz de vuestro reino.
Mirad, finalmente, con ojos de misericordia a los hijos de aquel pueblo que en otro tiempo fue vuestro predilecto: descienda también sobre ellos como bautismo de redención y de vida, la sangre que un día contra sí reclamaron. Conceded, oh Señor, incolumnidad y libertad segura a vuestra Iglesia; otorgad a todos los pueblos la tranquilidad en el orden; haced que del uno al otro confín de la tierra no suene sino esta voz: ¡Alabado sea el Corazón Divino, causa de nuestra salud, a Él se entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos! Amén. 
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