domingo, 8 de abril de 2018

Comentario del Evangelio del DOMINGO II DE PASCUA

Blog católico de Javier Olivares-baionés jubilado-Baiona

 Comentario del Evangelio del 

DOMINGO II DE PASCUA


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Rev. D. Joan Ant. MATEO i García (La Fuliola, Lleida, España)  

«Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados»

Hoy, Domingo II de Pascua, completamos la octava de este tiempo litúrgico, una de las dos octavas —juntamente con la de Navidad— que en la liturgia renovada por el Concilio Vaticano II han quedado. Durante ocho días contemplamos el mismo misterio y tratamos de profundizar en él bajo la luz del Espíritu Santo.

Por designio del Papa San Juan Pablo II, este domingo se llama Domingo de la Divina Misericordia. Se trata de algo que va mucho más allá que una devoción particular. Como ha explicado el Santo Padre en su encíclica Dives in misericordia, la Divina Misericordia es la manifestación amorosa de Dios en una historia herida por el pecado. “Misericordia” proviene de dos palabras: “Miseria” y “Cor”. Dios pone nuestra mísera situación debida al pecado en su corazón de Padre, que es fiel a sus designios. Jesucristo, muerto y resucitado, es la suprema manifestación y actuación de la Divina Misericordia. «Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito» (Jn 3,16) y lo ha enviado a la muerte para que fuésemos salvados. «Para redimir al esclavo ha sacrificado al Hijo», hemos proclamado en el Pregón pascual de la Vigilia. Y, una vez resucitado, lo ha constituido en fuente de salvación para todos los que creen en Él. Por la fe y la conversión acogemos el tesoro de la Divina Misericordia.

La Santa Madre Iglesia, que quiere que sus hijos vivan de la vida del resucitado, manda que —al menos por Pascua— se comulgue y que se haga en gracia de Dios. La cincuentena pascual es el tiempo oportuno para el cumplimiento pascual. Es un buen momento para confesarse y acoger el poder de perdonar los pecados que el Señor resucitado ha conferido a su Iglesia, ya que Él dijo sólo a los Apóstoles: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados» (Jn 20,22-23). Así acudiremos a las fuentes de la Divina Misericordia. Y no dudemos en llevar a nuestros amigos a estas fuentes de vida: a la Eucaristía y a la Penitencia. Jesús resucitado cuenta con nosotros.


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LA PLATA Y LAS MARCAS 
  Por Javier Leoz
Al acercarnos a un objeto de plata, y sobre todo si es de cierto valor o de cierta antigüedad, comprobaremos con nuestros propios ojos y también al tacto que el fabricante dejó su impronta o identidad en el metal noble. Con ello se nos da a conocer varias cosas: su procedencia, su fecha o incluso su autenticidad.

1.Tomás, al igual que nosotros cuando nos hacemos con una joya de metal noble y miramos sus quilates o su autoría, también necesitaba encontrar huellas en el cuerpo de Cristo que denotasen que “ese cuerpo” era el mismo que había bendecido, multiplicado el pan, sanado enfermos, sufrido, burlado, crucificado y enterrado. No se fiaba de lo que llegaba a sus oídos y, mucho menos, de que Aquel del que hablaban fuera el mismo (la misma joya divina) que adornó su existencia y colgó por amor de cruz.
El corazón cerrado, hoy más que nunca, es un problema añadido para la Nueva Evangelización. Y no porque encontremos resistencias en los nuevos cristianos sino porque, en muchos casos, las mayores dificultades nos vienen de los que en teoría han sido bautizados en el nombre de Cristo pero han olvidado su procedencia: ni tan siquiera se preocupan por acercar los dedos de su vida en el Cuerpo de Cristo, en la familia de la Iglesia o en la gracia de los sacramentos. ¿Resultado? Incrédulos y ateos prácticos. En nada, o en poco se diferencian, con el resto que nunca escucharon nada sobre Dios o ni tan siquiera fueron bautizados. Son los nuevos Tomás de los tiempos de hoy. ¡Si no lo veo no lo creo! ¡Si no cambia la Iglesia, no creo! ¡Si los curas…! ¡Si el Papa…! ¡Si…! ¡Si…! ¡Si….!

2. Varios interrogantes se nos plantean en este segundo domingo de la Pascua. ¿Es nuestra fe sólida? ¿Responde con un conocimiento de Cristo? ¿Es comprometida o light? ¿Es oportunista o constante? ¿Duda en algunos momentos o es simple inercia?


Pidamos al Señor que le veamos con todas las consecuencias. Que lejos de exigir pruebas, como lo hacemos con el oro o la plata cuando compramos una joya y buscamos una marca de su autor, tengamos una adhesión firme y sin fisuras. En estos tiempos de dificultades en los que ser cristiano es poco menos que de héroes es cuando, nuestra fe, ha de ser una fe contrastada, formada, entusiasta, contagiosa y estimulante. Pero, para que ello sea así, primero hemos de sentir en nuestra propia mano que Cristo es el que es y que, por lo tanto, puede configurar nuestra vida con unos parámetros muy distintos a los que nos ofrece el mundo para alcanzar la felicidad, el bienestar, el modo de vida o los valores éticos y morales.

3.- No podemos consentir que diferentes problemas que sacuden a nuestra Iglesia Universal, nos atrincheren. Hoy, más que nunca, como los apóstoles tenemos que decir: “hemos visto al Señor”. Y, aunque algunos –con intereses mezquinos y destructivos- intenten callar o desautorizar la voz de la Iglesia, hemos de responder con la fuerza de nuestra fe, con el entusiasmo activo y efectivo de nuestro testimonio cristiano. No podemos dejarnos llevar, como decía el Papa Benedicto XVI, por murmuraciones que entre otras cosas debilitan, pero no consiguen su propósito: herir y a conciencia. Minar lo que, por cierto, es algo inquebrantable y sólido: CRISTO NOS ACOMPAÑA EN NUESTRA PASIÓN Y MUERTE, PARA LLEVARNOS A UN MAÑANA FELIZ. También, a nuestra Iglesia, le espera.



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DAME DE TU PAZ, SEÑOR
Aquella que viene del cielo, que es azul y sólida
que me recuerda que es posible un orden nuevo
con unas metas y miras más altas.

DAME DE TU PAZ, SEÑOR
La que nace de un costado
que, traspasado por una lanza,
me enseña que –la paz- es consecuencia
de una vida entregada, con renuncias,
con valor y con un corazón regalándose

DAME DE TU PAZ, SEÑOR
La paz que, en manos traspasadas por clavos,
me insinúa que, la fraternidad,
sólo será posible cuando existan brazos abiertos
ojos que miren con mirada de hermanos
con pisadas que ayuden e indiquen el camino
a la gente que se encuentra perdida.

DAME DE TU PAZ, SEÑOR
No me des la paz que anuncia la televisión
No me des la paz que se confunde  con una tregua
No me des la paz en la que siempre pierden los mismos
No me des la paz que orquesta el mundo.
Yo, Señor, quiero tu paz:

La paz que respeta a todos
La paz que nace desde lo más profundo del cielo
La paz que es consecuencia del amor
La paz que es fuente del calor del corazón
La paz que es alegría de tu ser resucitado

DAME DE TU PAZ, SEÑOR
Esa paz que, todavía, muchos no conocen
Esa paz que, algunos, no desean porque les viene grande
Esa paz que, por ser celestial, sólo la puedes ofrecer Tú
desde la cruz y por tu Resurrección

DAME DE TU PAZ, SEÑOR
Tan diferente de la que ofrecen los pacifistas
Tan gigante que deja diminuta a la de la tierra
Tan inalcanzable que sólo Tú la puedes ofrecer
Tan duradera que sólo Dios la puede firmar
Tan necesaria que, por nosotros mismos,
nunca la podremos conquistar

DAME DE TU PAZ, SEÑOR
Y, si no puedes dármela Señor,
reina en mis entrañas
Vive en mi corazón y….sé que entonces
yo seré artífice de tu paz.
Amén.
Javier Leoz





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