domingo, 16 de septiembre de 2012

El precio de la diferencia

Un artículo que puede hacer...pupa... papá!
¿Somos en verdad un país democrático?
Esta imagen produce urticaria a ciertos partidos,
aunque sus hijos pueden estar ahí,
si la pueden pagar con su jornal de diputados,
pero por  resentimiento social, no la desean para todos los padres, que la piden o pueden pedir, con el peligro de que se les estropee el chiringuito de los votos cautivos 
*******
¿Somos en verdad un país democrático?
 Lo dudo, porque cada vez contemplamos con más claridad los agujeros por los que hacemos agua. 
Si lees el siguiente artículo te darás cuenta de lo que digo, 
a no ser que seas de esas personas que, por falta de una auténtica y recta formación, no sepas que los padres son los primeros educadores de sus hijos y que el estado es subsidiario. 
De  otra manera dictarán los partidos de turno en contra del derecho de los padres, que deben estar protegidos por un estado de derecho y no por una dictadura  de un partido totalitario. Franja
En este blog hay el siguiente artículo ya puesto anteriormente:
otra imagen de urticaria  contagiosa o de envidia 
por los éxitos demostrados en esa educación.


Escrito por Paco Sánchez
25 de agosto de 2012 a las 11:00h

La sentencia del Tribunal Supremo sobre los conciertos económicos con colegios de enseñanza diferenciada (solo para chicos o solo para chicas) ha abierto un nuevo debate ideológico típicamente español: sin datos y acumulando clichés y prejuicios. El Supremo se ha limitado, supongo, a interpretar la ley socialista del 2006. Nada dice contra la enseñanza diferenciada y, por supuesto, no la llama sexista ni franquista, como tampoco lo hacen los americanos, los alemanes o los ingleses, que disponen de oferta solo para chicos o solo para chicas incluso en el sistema público. En el fondo, el verdadero debate es otro, 
relacionado con la democracia misma.
La idea que subyace a la ley de 2006 responde al criterio, defendido ayer mismo en su columna por Roberto Blanco Valdés, que admite la existencia de la enseñanza diferenciada, la considera necesaria para el pluralismo, pero rechaza que se financie con dinero público. Es decir, si usted puede pagar dos veces la educación, adelante, elija lo que le plazca. Si usted prefiere para sus hijos la diferenciada, pero es pobre y no puede pagarla, aguántese: la ley rechaza su legítima opción plural, no porque resulte más cara (sería falso), sino porque la considera sospechosa o inadecuada. Usted mismo parece sospechoso por planteársela y precisa de tutela, pobre bobo, 
hasta que tenga dinero para ejercer su libertad.
La supremacía moral típica de los planteamientos ideologizados da lugar a leyes como esta, con una triste anemia democrática en su ADN: esa mentalidad por la que un gobierno le convierte en sospechoso y le obliga a pagar muy alto el precio de pensar diferente.
Publicado en La Voz de Galicia, 25.agosto.2012 


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