domingo, 19 de junio de 2016

Evangelio 19-06-2016, Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo?

Blog católico de Javier Olivares-baionés jubilado-Baiona



 ¿Ocurriría lo mismo si nos preguntasen qué es para ti Jesús de Nazaret? El silencio, la timidez o el bloqueo mental y verbal, posiblemente, sería la única respuesta.

CONOCER PARA DECIR  
Por Javier Leoz

Cuando Francisco convocó el Año de la Misericordia, lo hacía desde un convencimiento: la falta de conocimiento por parte de muchos católicos de la persona de Jesucristo y, por supuesto, una forma de revitalizar, recuperar, consolidar y llegar al fondo de las verdades más fundamentales de la vida cristiana: el amor reflejado en la Misericordia.

1.- En un mundo que avanza, técnica y racionalmente a un ritmo de vértigo, los católicos hemos de dar respuesta no tanto a los interrogantes que la ciencia nos plantea (aunque también) sino más bien, primero, testimonio de lo que creemos. Para ello, asimismo el Papa Francisco, al iniciar su pontificado, nos indicaba como pistas de actuación aquello de caminar, edificar y testimoniar (o confesar).

Es aquí donde, a muchos católicos, nos dan por goleada –no tanto porque no sepamos responder a muchos retos que la sociedad nos plantea- sino porque, en realidad, existe un desconocimiento o desinterés por aquello en lo que creemos o en Aquel en el que hemos sido bautizados.

Posiblemente si en una encuesta, a pie de calle, nos preguntasen ¿Quién es para usted este o aquel político? ¿Qué significa para su vida éste o aquel cantante, artista o deportista? ¿Qué supone para su forma de pensar este escritor o aquel filósofo? ¿Por qué admira a ese presentador o divo televisivo….? Tal vez, digo yo, enseguida brotarían decenas de respuestas.

¿Ocurriría lo mismo si nos preguntasen qué es para ti Jesús de Nazaret? El silencio, la timidez o el bloqueo mental y verbal, posiblemente, sería la única respuesta.

2.- Hoy, en este Año de la Misericordia, es Jesús quien nos interpela: ¿Quién y qué soy yo para ti? ¿Ya significo algo? ¿Se nota en tu forma de pensar, ver y actuar? El peligro, como siempre, son las respuestas fáciles y hechas: Tú eres el Hijo de Dios; Tú naciste en Belén o, como mucho, Tú moriste en la cruz.

Jesús, además de réplicas de cortesía, quiere conciencia y consciencia de lo que llevamos entre manos. Nosotros no creemos en algo, sino en Alguien. Un Alguien que, en los momentos más aciagos o felices de nuestra existencia, aporta valor, coraje o gratitud. Alguien que, con el nombre de Jesús, necesita adhesiones firmes y no simples verdades memorizadas (aunque en esto también estamos muy deficientes) que denote que, nuestra fe y confianza en Él, no sólo es un cumplir un expediente con bautizo, comunión, confirmación o boda por la Iglesia….sino que, a la hora de la verdad, es decisivo cuando estamos en el trabajo, en el ocio o en la familia.

3.- ¿Quién es Jesús para nosotros? Si bendecimos la mesa al mediodía, podremos decir que es Aquel que nos invita a dar gracias al Padre por los alimentos recibidos. Si perdonamos y amamos, concluiremos que es Aquel que nos exige hacer lo que Él hizo. Si la eucaristía de cada domingo es necesidad (y no obligación) podremos contestar que, Jesús, es la cita más deseada y añorada de la semana. Si en nuestra casa, además de la caja tonta que es la televisión, conectamos con la Palabra de Dios o nos asomamos a alguna revista cristiana…podremos concluir que, además de las cosas del mundo, nos interesa todo lo relativo a Jesús.

Con la espontaneidad a la que siempre Francisco nos tiene acostumbrados ya hace tres años nos decía que, los cristianos, después de descubrir a Cristo no podíamos vivir con “cara de pepinillo de vinagre”. Tal vez porque, entre otras cosas, no es cuestión de decir con palabras “quién es Cristo para mí” sino, con el semblante, las obras y el rostro esperanzado…demostrar que, Cristo, es ALGUIEN importante y esencial en nuestra vida.



4.- ¿QUÉ QUIERO DE TI, SEÑOR?
Vida, de la que tú me  ofreces,
o muerte, segura, cierta que  yo persigo
y que en el mundo vivo a  todas horas
Alegría, que brota desde el  fondo de las personas,
o sonrisas, que en  surtidores de mentiras,
me refugio en el hombre que  errante, busca

¿QUÉ  QUIERES SER PARA MI, SEÑOR?
Respuesta que calme mis  heridas,
mi soledad y mi  desconcierto,
mi egoísmo y mis  debilidades…
o, por el contrario,
dulces que, hoy dulcifican  mi paladar,
pero que mañana me dejan  insatisfecho
con ansias de más de lo  efímero
y sin referencia a lo eterno

¿QUÉ  QUIERES SER PARA MI, SEÑOR?
Verdad, que se abre como un  abanico
frente a tanta mentira
O, falsedades, que añoro y  me seducen
para no complicarme  demasiado mis años

¿QUÉ  QUIERES SER PARA MI, SEÑOR?
El Hijo de Dios, que me  ofrece VIDA ETERNA
o, por el contrario,  simplemente
hombre que sale al encuentro  del hombre
sin más pretensión que  llenarle de satisfacciones.

QUE  SEAS PARA MI, SEÑOR
Ilusión que me empuje a  trabajar por tu Reino
Fe que me ayude a sentirte  siempre presente
Esperanza que me anime en el  desaliento
Amor que haga desplegar lo  mejor de mí mismo

Ayúdame, Señor, en este Año  de la Misericordia
a descubrir este tesoro que  llevo entre manos.
Un tesoro que, tal vez por  el paso del tiempo,
no lo veo con claridad o  hasta lo he olvidado.
Un tesoro, la fe, que por  mis falsas seguridades
digo conocerlo cuando, en  realidad, vivo muy lejos.
Amén.

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