domingo, 12 de febrero de 2012

Mons Leonardo Lemos, Obispo de ORENSE

Mons. Leonardo Lemos,
Obispo de Orense
Ayer por la tarde. tuve la oportunidad de asistir  y concelebrar muy de cerca, en la Ordenación Episcopal de Mons, Lemos. Fue una ceremonia impresionante. Asistencia de muchísimos obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y millares de fieles, además de las Autoridades de Galicia y pueblos relacionados con el nuevo Obispo, Mons. D. Leonardo Lemos.
Recojo en esta entrada en el blog parroquial, lo principal que he encontrado en internet. Lo veo ajustado y fiel a lo que vivimos en el día de Ayer. Que el Señor ayude al nuevo Obispo en la gran labor de regir la diócesis de Orense, que quiero mucho, por ser oriundo de ella. 
Franja..
Estampa recordatorio de la Ordenación Episcopal
ESTABLECE EL SEMINARIO Y LAS VOCACIONES 
COMO OBJETIVOS PASTORALES
Mons. D. Leonardo Lemos,
 ordenado nuevo obispo de Ourense
Foto: EUROPA PRESS/XUNTA

Los fieles ourensanos recibieron con solemnidad y entusiasmo a su nuevo obispo, Leonardo Lemos Montanet, que ayer tomó posesión de su cargo en un doble acto en el que también fue consagrado obispo.

La imposición del libro de los Evangelios es uno de los pasos de la ordenación episcopal. (Foto: JOSÉ PAZ)
Lo hizo en la Catedral de Ourense, capital de su Diócesis, ante 250 sacerdotes y 21 obispos y arzobispos,
 entre los que se hallaba
 el nuncio del Papa, Renzo Fratini, 
y a los que a última hora se sumaron el emérito de Vigo, monseñor José Cerviño y el arzobispo de Tánger, Santiago Agrelo. En el apartado de autoridades religiosas destacó también la presencia de los tres obispos anteriores de Ourense. Son el prelado de Tui-Vigo, Luis Quinteiro; el obispo emérito de la misma diócesis, José Diéguez Reboredo, y el arzobispo de Valencia, Carlos Osoro, así como Camilo Lorenzo, natural de Ourense y obispo de Astorga.
Sacado de La Región de Orense
OURENSE, 11 (EUROPA PRESS)
   Leonardo Lemos Montanet ha sido ordenado nuevo obispo de Ourense este sábado, en un acto presidido por el arzobispo de Santiago, Mons, D. Julián Barrio, al que ha acudido, entre otros, el presidente de la Xunta, D. Alberto Núñez Feijóo, y que se ha celebrado en la Catedral de la Cidade das Burgas.
Catedral de Orense
   Así, a las 16.00 horas comenzaba la Ordenación Episcopal en la que Julián Barrio ha deseado a D. Lemos Montanet un ministerio "largo y lleno de frutos".
   En un "día de gozo y de esperanza" para los fieles ourensanos, Barrio también ha agradecido a D. Leonardo Lemos "el fiel servicio a la Iglesia compostelana". 
Imposición de la Mitra
   A renglón seguido, Mons Barrio ha destacado que "el obispo está llamado a asumir la forma de vida apostólica, los sufrimientos apostólicos por el anuncio y la difusión del Evangelio", junto al "cuidado paternal de los fieles que le han sido confiados, la defensa de los débiles y la constante atención al pueblo de Dios".
  Por ello, Mons. Barrio ha destacado que "el ministerio episcopal ha de alentar la esperanza de quienes, amenazados por mitos ilusorios y por el pesimismo de sueños que se desvanecen, y de cuantos afligidos por las múltiples formas de pobreza, contemplan a la Iglesia como monte de las Bienaventuranzas".
 
DISCURSO de MONS. D. LEONARDO LEMOS
Está completo más abajo.
   En la intervención final de Leonardo Lemos ha establecido "el seminario y las vocaciones" como los objetivos pastorales de su pontificado, al tiempo que ha defendido que la Iglesia "no es un coto cerrado avocado a particularismos estériles, ni una multinacional más o menos operativa", sino "una gran familia abierta a todos". 
   "Juntos somos responsables de esta Iglesia que peregrina en Ourense, en medio de las tribulaciones del mundo y de los consuelos de Dios. Soy consciente de que en la medida en que esta unión sea más efectiva y afectiva, nuestros trabajos pastorales serán más fecundos", ha remarcado Lemos en su discurso en el que ha agradecido la confianza puesta en él para el cargo.
   Asimismo, ha hecho hincapié en que el Seminario de Ourense, "a pesar de los momentos críticos" en momentos del pasado, "se mantuvo fiel a sí mismo gracias al tesón de sus pastores".
ACTO   El obispo electo de Ourense ha entrado este sábado en la diócesis por la parroquia de Santa María do Desterro, en Corna, como es tradición, donde se ha realizado una pequeña celebración mariana. Posteriormente se ha detenido, con su comitiva, en el Real Monasterio de Santa María de Oseira.
   Posteriormente, el nuevo obispo ha hecho su entrada en la ciudad de Ourense por los Jardines del Padre Feijóo, una de las antiguas puertas de la urbe, donde ha sido recibido por las autoridades y los fieles ourensanos, presididos por el obispo de Tui-Vigo y administrador apostólico de Ourense durante su sede vacante, Luis Quinteiro, para posteriormente arrancar a las 16.00 horas la celebración de Ordenación Episcopal.
   A este evento han acudido autoridades religosas, como el nuncio de Su Santidad en España, Mons. Renzo Fratini; y civiles, como el presidente de la Xunta, F. Alberto Núñez Feijóo, o el delegado del Gobierno en Galicia, D. Samuel Juárez, así como numerosos obispos de toda España y de diócesis limítrofes de Portugal.
   La última ordenación episcopal celebrada en la Catedral de Ourense tuvo lugar hace 15 años y fue la de monseñorD. Carlos Osorio Sierra. Su sucesor, el actual administrador apostólico, Mons. D. Luis Quinteiro, era ya obispo auxiliar de Santiago cuanto tomó posesión de la diócesis en 2002.
   El lema de su ministerio episcopal es 'Omnia in Caritate' (Todo en caridad), recogido de un pensamiento del apóstol San Pablo en la Carta Primera a los Corintios, que fue el lema también del cardenal arzobispo de Santiago monseñor D. Fernando Quiroga Palacios.
Alocución del nuevo Obispo de Orense,
 antes de la Bendición, 
al final de la Santa Misa de 
Ordenación Episcopal.

José Leonardo Lemos ya es obispo de Orense: sus primeras palabras tras la misa de ordenación sábado, 11 de febrero de 2012
Excmo. y Rvdmo. Sr. Arzobispo de Santiago de Compostela, Excmo. y Rvdmo. Sr. Nuncio Apostólico del Santo Padre en España, Excmos. y Rvdmos. Sres. Arzobispos y Obispos que habéis querido estar presentes en esta celebración, la Iglesia en Ourense os da las gracias.
Excelentísimo Sr. Presidente da Xunta de Galicia, Excmas. e Ilustrísimas Autoridades Autonómicas, Provinciais e Locais. Ás que lles expreso o meu máis sincero agradecemento en nome do Sr. Bispo Administrador Apostólico desta Diocese, no do Cabido desta Catedral-Basílica de San Martíño, no das autoridades eclesiásticas de Ourense, e no meu propio, pola entusiasta colaboración e cooperación que prestastes para que estes actos se puidesen celebrar con tanta solemnidade. Que o Señor volo pague!
Saúdo ao Sr. Presidente e demais membros da Academia Auriense-Mindoniense de San Rosendo.
De xeito especial saudo aos Sres. Alcaldes de Fene - o meu concello de nacemento -; de Ares, fermosa Vila na que viven os meus pais e na que me sentín sempre acollido como un veciño máis. E ao Sr. Alcalde de Santiago de Compostela, cidade na que vivín e traballei durante estes últimos 32 anos da miña vida.
Aos sacerdotes e seminaristas. Aos relixiosos, monxes, membros de Institutos de vida consagrada, Sociedades de vida apostólica; ás asociacións de fieis, os movementos e os demáis grupos apostólicos.
Hermanas y hermanos míos en el Señor ¡queridos amigos todos!
Son muchos los sentimientos que en este momento se agolpan en mi corazón, pero por respeto a todos vosotros que habéis asistido a esta solemne liturgia de mi ordenación episcopal y del inicio del ministerio pastoral en esta Iglesia, no quisiera alargarme mucho.
Cuando esta mañana, pisaba por primera vez las tierras de esta Diócesis, al llegar a la parroquia de Nosa Señora do Desterro, na Corna, de forma casi instintiva me arrodillé y besé esa tierra de Ourense, mientras decía con toda mi alma: Serviam!; es decir, te serviré Señor, y quiero hacerlo sirviendo a este Pueblo que por Providencia me has encomendado. Y quiero servirle como la Iglesia me pide que lo haga. Pero bien consciente soy de mis debilidades y pobrezas, por eso quisiera presentarme ante vosotros como un pobrecillo de Jesucristo que extiende su mano suplicándoos vuestra ayuda, vuestras oraciones y sacrificios. ¡Qué agradecido os estoy a vosotros sacerdotes, religiosos y religiosas, miembros de institutos de vida religiosa y consagrados, niños y ancianos! A todos os digo ¡gracias¡ y os suplico que me no me dejéis de ayudar a través de esa expresión tan hermosa y fecunda de la Comunión de los Santos. Seguiremos caminando en esa serena espera que os habéis trazado, porque así es la vida del cristiano sobre la tierra ¡una espera! a la que se nos invita siempre que celebramos y vivimos la Eucaristía: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección ¡ven Señor Jesús!
A lo largo de este último mes y medio, reflexionando sobre lo que la Santa Iglesia afirma del ministerio episcopal. Teóricamente sé lo es y debe ser un obispo, he procurado leer y estudiar aquello que la Iglesia dice sobre este ministerio, pero no basta, ¡ahora os toca a vosotros! Yo he dicho sí a la llamada que me ha hecho el Santo Padre Benedicto XVI; los obispos aquí reunidos, por la imposición de sus manos y la oración de la Iglesia me incorporaron al Colegio Apostólico. El obispo por el que habéis rezado estos dos años, tiene ahora un rostro y un nombre, ayudadle a ser padre, hermano, amigo, servidor, maestro, guardián solícito, sacramentum bonitatis, imágenes todas ellas que aparecen en la sagrada Escritura y en la Tradición de la Iglesia para referirse al ministerio episcopal.
De  manera especial me dirijo a vosotros, mis queridos hermanos y amigos sacerdotes de este presbiterio, vosotros sois los principales colaboradores del Obispo. Necesito sentiros cerca ya que estamos unidos por unos vínculos sacramentales; juntos somos responsables de esta Iglesia que peregrina en Ourense, en medio de las tribulaciones del mundo y de los consuelos de Dios. Soy consciente de que en la medida en que esta unión sea más efectiva y afectiva, nuestros trabajos pastorales serán más fecundos. Es mi intención estaros cercano y deseo que mi casa esté siempre abierta para vosotros que lleváis el peso de los trabajos del ministerio pastoral por todos los lugares esta bendita tierra ourensana. Ayudadme a dar lo mejor de mí mismo y así pueda entregarme con generosidad. A los sacerdotes ancianos y enfermos os digo que el ejercicio de vuestro ministerio es hoy más fecundo que cuando estabais ocupados en las muchas tareas de la pastoral. Vuestra oración y vuestros dolores, las debilidades propias de la edad, son esa savia fecunda que revitaliza todas las actividades eclesiales. De manera especial os pido que recéis mucho por las vocaciones  ¡empeñaos en sacar jóvenes para nuestro Seminario!
El Seminario y las vocaciones. Ese será uno de los objetivos pastorales de mi pontificado. La vida diocesana, en su complejidad y riqueza, es ese ámbito en donde pueden y deben existir con auténtica libertad de espíritu todo aquello que vive en la Santa Iglesia Católica extendida por el mundo entero, y vosotros, mis hermanos sacerdotes, sois ese rostro de la Iglesia y de vuestro Obispo que debe acoger, acompañar, dirigir, y en ocasiones corregir, toda esa pluriformidad que existe dentro del seno de este misterio de comunión y fe que es la Iglesia. Ella no es un coto cerrado avocado a particularismos estériles, ni una multinacional más o menos operativa; es una gran Familia abierta a todos, reunida en torno a ese Buen Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, visibilizado por la persona de su Vicario, el sucesor de Pedro, que junto con los sucesores de los Apóstolos, los Obispos, hacen presente esa realidad viva en medio de este mundo que busca algo más en cada uno de nosotros. Ese debe ser el motivo fundamental que nos estimule cotidianamente a identificarnos con el Señor, porque nuestros hermanos buscan en nosotros el rostro de Jesús y sabéis bien que para realizar ese ambicioso proyecto, a pesar de nuestras miserias y fragilidades, la Iglesia pone a nuestro alcance los medios ordinarios para perseverar en una vida santa: la oración y la frecuencia del Sacramento de la Alegría, como llamaba Pablo VI al sacramento de la Penitencia.
Si tenemos buenos sacerdotes, habrá vocaciones para la vida religiosa, misionera y monástica; para todo género de vida  consagrada. También tendremos jóvenes, ellas y ellos, que lucharán por vivir la vocación santa del matrimonio. Surgirán en nuestras parroquias, asociaciones y grupos apostólicas, hombres y mujeres que descubran en el rostro de tantos necesitados como hay en nuestra sociedad, el verdadero rostro sufriente de Jesucristo. Este es el sentido del porqué concedo esa prioridad a la pastoral vocacional. El Seminario de Ourense, a pesar de los momentos críticos que sacudieron estas instituciones en momentos del pasado, se mantuvo fiel a sí mismo gracias al tesón de sus pastores. Al hablar del Seminario me vais a permitir que tenga un recuerdo para los Seminarios Mayor y Menor de Santiago de Compostela, allí he pasado muchos años de mi vida sacerdotal. El báculo pastoral que la Iglesia ha puesto hoy en mis manos es un regalo de ambos Seminarios. Gracias, muchísimas gracias.
En mi corazón, muy unidos a los Seminarios están el Instituto Teológico Compostelano y el Instituto Superior de Ciencias Religiosas que tuve la suerte de dirigir en estos últimos seis años. Ha sido una experiencia hermosa y llena de esperanza. Hoy la Iglesia necesita cuidar con especial atención estos centros académicos, de rango universitario, para poder formar a los seglares. En la medida en que podamos ofrecer una formación de calidad obtendremos mejores resultados apostólicos.
Entre los muchos sacerdotes que estáis aquí presentes veo rostros muy cercanos, de distintas diócesis, miembros de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, os pido que me sigáis acompañando con vuestra fraternidad y con vuestra oración, os ruego que sigáis siendo fieles a vuestra vocación, muy unidos a todos los sacerdotes y luchando en ese proyecto de santidad, así vuestros obispos podrán apoyarse en vuestra fidelidad sacerdotal.
Entre vosotros veo a mis padres, hermanas y hermanos, a mis sobrinos, a parte de mi familia – algunos no han podido venir porque se encuentran gravemente enfermos - ¡qué importante es la familia, hermanos míos! Sin ella no serían posibles momentos como este. Ayudadme a ser un valiente defensor de la familia, de esa realidad construida sobre el amor fiel de un hombre y una mujer, abierta a la vida.
Quixera recordarvos que dentro de oito meses, o vindeiro once de outubro, iniciaráse o Ano da Fe con ocasión do cincuenta aniversario do Concilio Ecuménico Vaticano II. Este será outro dos proxectos que nos ocupará a partir da Pascua: preparar en sintonía con Pedro, o Ano da Fe. Este próximo obxectivo ten que axudarnos a reactivar a fe do noso pobo. Non se pode amar o que se descoñece e hoxe en día a ignorancia sobre as cuestións máis elementais da fe cristiá é preocupante. Ás veces, algún dos nosos contemporáneos ten que loitar contra certos espellismos, normalmente construídos pola ignorancia, a inercia dunha pseudocultura, o relativismo ambiental. Nos últimos decenios construíronse unha serie de caricaturas do cristián, e en especial da Igrexa, alimentáronas ideoloxías que ofrecen ao ser humano aventuras sen retorno. É necesario intensificar a formación cristiá do noso pobo, de modo que exista certa coherencia entre o que se pensa e se vive.
A vós nenos e mozos, quixera dicirvos que non teñades medo a abrir as vosas vidas a Xesucristo, Él é o gran amigo que está sempre ao voso lado e que nunca vos traizoará. Esixe con amor, pero xamais vos privará de todo aquilo que sexa auténticamente humán e bó. Quen se fía de Él atopa o auténtico Camiño que o leva a vivir unha existencia en plenitude, unha existencia feliz. Pido para todos "o mellor", sei que a situación da nosa sociedade é complexa, as perspectivas de futuro parece que se presentan cheas de temores e pesimismo, non obstante, coa confianza posta en Deus pídovos que non perdades a esperanza. Xuntos podemos construír un mundo mellor se nos deixamos gañar o corazón polo Señor. De todos espero que non descoidemos a atención ás institucións de caridade e beneficencia dirixidas pola Diocese; na medida que sexamos xenerosos e saibamos compartir, gañaremos máis en humanidade e en graza.
Invítovos a que volvamos a mirada do noso corazón a Santa María, que ela sexa esa estrela da nova evanxelización á que nos está a convocar a Súa Santidade Bieito dezaséis e á que, dende este momento, vos invito a todos os homes e mulleres desta nobre terra de Ourense.
Que San Martín e Santa María Nai nos axuden a todos. Que Deus vos bendiga! E moitas, moitas grazas por todo o voso cariño e polas vosas oracións!
PUERTA DEL PARAÍSO DE LA CATEDRAL DE ORENSE
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