domingo, 29 de abril de 2012

Había una vez, tres árboles

Blog católico de Javier Olivares-baionés jubilado-Baiona


Había una vez, tres árboles. 
Hace ya muchos años escuché esta 
historieta de los tres árboles. 
Me gustó mucho y pienso que es una buena hora
 para recordarlo en este día de la 
Jornada por las vocaciones. 
A veces podemos pensar para nosotros 
un destino que no se va a realizar, 
sino el que El Señor tiene designado para nosotros.
Franja.
" TRES ARBOLES "
En la colina de un bosque 
Hablaban acerca de sus sueños y esperanzas 
y el primero dijo:
-"Algún día seré un cofre de tesoros, estaré lleno de oro, plata y piedras preciosas. Estaré decorado con labrados artísticos y tallados finos, todos verán mi belleza". 
El segundo árbol dijo:
-"Algún día seré una poderosa embarcación, llevaré a los más grandes reyes y reinas a través de los océanos, e iré a todos los rincones del mundo. Todos se sentirán seguros por mi fortaleza, fuerza y mi poderoso casco".
Finalmente, el tercer árbol dijo:
-"Yo quiero crecer para ser el más recto y grande de todos los árboles en el bosque. La gente me verá en la cima de la colina, mirarán mis poderosas ramas y pensarán en el Dios de los cielos, y cuán cerca estaré de alcanzarlo. Seré el más grande árbol de todos los tiempos y la gente siempre me recordará". 
Después de unos años de que los árboles oraran para que sus sueños se convirtieran en realidad, un grupo de leñadores fue al sitio donde estaban los primeros.
Cuando uno de los leñadores vio al primer árbol dijo: 
-"Este parece un árbol fuerte, creo que podría vender su madera a un carpintero"-. Y comenzó a cortarlo.
El árbol estaba muy feliz debido a que sabía que el carpintero podría convertirlo en un cofre para tesoros.

El otro leñador dijo mientras observaba al segundo árbol:
-"Parece un árbol fuerte, creo que lo podré vender al carpintero del puerto".

El tercer árbol se puso muy asustado, pues sabía que si lo cortaban, su sueño nunca se volvería realidad.
El tercer leñador dijo entonces:
-"No necesito nada especial de este árbol, así que lo cortaré y tomaré la madera para la bodega"-. Y cortó el tercer árbol.
Sigue:
Cuando el primer árbol llegó donde vivía el carpintero, fue convertido en un cajón de comida para animales, lo pusieron en un pesebre y lo llenaron con paja. Se sintió muy mal, pues eso no era por lo que tanto había orado.
El segundo árbol fue cortado y convertido en una pequeña balsa de pesca, ni siquiera lo suficientemente grande para navegar en el mar, y fue puesto en un lago. Y vio como sus sueños de ser una gran embarcación cargando reyes, habían llegado a su fin.
El tercer árbol fue cortado en largas y pesadas tablas y dejado en la oscuridad de una bodega. 
Años más tarde, los árboles olvidaron sus sueños y esperanzas por las que tanto habían orado...
Entonces un día un hombre y una mujer llegaron al pesebre. 
Ella dio a luz a un hermoso niño, y lo colocó en la paja que había dentro del cajón en que fue transformado el primer árbol. El padre del niño deseaba haber podido tener una cuna para su bebé, pero ese cajón debería serlo.
El árbol sintió la importancia de este acontecimiento y supo que había contenido el más grande tesoro de la historia.

Años más tarde, un grupo de hombres 
entraron en la barca en la cuál
 habían convertido al segundo árbol. 
Uno de ellos estaba cansado y se durmió en la barca. Mientras ellos estaban en el agua una gran tormenta se desató y el árbol pensó que no sería lo suficientemente fuerte para salvar a los hombres. 
Estos despertaron al que dormía, y Éste se levantó y dijo al aire: 
-"¡Calma! !Quédate quieto!"-. Y la tormenta y las olas se detuvieron. 
En ese momento el segundo árbol se dio cuenta de que había llevado al Rey de Reyes y Señor de Señores. 

Finalmente, un tiempo después, 
alguien vino y tomó al tercer árbol 
convertido en tablas. 
Fue cargado por las calles al mismo tiempo que la gente escupía, insultaba y golpeaba al Hombre que lo cargaba. Se detuvieron un una pequeña colina y el Hombre fue clavado al árbol y levantado para morir en la cima de la colina. 
Cuando llegó el domingo, el tercer árbol se dio cuenta que el había sido lo suficientemente fuerte para permanecer erguido en la cima de la colina y estar tan cerca de Dios como nunca, porque Jesús había sido crucificado en él. 


La moraleja de esta historia es: 
Cuando parece que las cosas no van de acuerdo a tus planes, debes saber que siempre Dios tiene un plan para ti. (Eso es tu vocación)
Si pones tu confianza en Él, te va a dar grandes regalos a su tiempo.

Recuerda que cada árbol obtuvo lo que pidió, 
sólo que no en la forma en que pensaban. 

No siempre sabemos lo que Dios planea para nosotros, 
sólo sabemos que Sus caminos no son los nuestros, 
pero... ¡Siempre son los mejores!
Lo importante es decirle si.
Y confeccionado por Franja con todo cariño 
para los visitantes de este blog. 

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