domingo, 27 de septiembre de 2015

LA SALVE, la rezaremos con mayor fervor y devoción

Blog católico de Javier Olivares-baionés jubilado-Baiona




Si meditamos en las palabras de
SALve REGINA (LA SALVE)
las rezaremos
 con mayor fervor y devoción
Y
Para meditar las palabras del Salve Regina
LEE A CONTINUACIÓN Y NO TE PESARÁ
FRANJA
como S. Francisco
Te saludamos con sonrisas, flores, y canciones. 
Oh María, la mujer más digna del amor.
Meditemos esta oración para disfrutar más el Rosario.
Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net



Dios te salve
Te saludamos con sonrisas, flores, y canciones Oh María, la mujer más digna del amor. Desde niño me enseñaron esta oración mis padres queriendo que yo te amara y venerara como ellos lo hacían. Y desde entonces sigo rezando y cantando esta bella plegaria todos los sábados y a la hora del rosario cotidiano. Dios te salve, maravilla de mujer y de Madre, lirio hermoso de los valles y praderas. Pensando en Ti me vuelvo poeta me dan ganas de cantar. Mis versos son para Ti, mis canciones te las canto a Ti.

 
Reina y Madre de misericordia

Lo que más necesitamos es misericordia, porque somos infinitamente miserables.Tu amor inmenso hacia tus hijos se convierte en océano de bondad, de misericordia, y de piedad. Te agradecemos tu amor, tu virtud excelsa, veneramos tu grandeza incomparable pero sobre todo agradecemos la misericordia de tu rostro y de tu corazón. Tienes ojos y corazón hechos de bondad. Dios te salve, Reina y Madre de misericordia…


Vida nuestra.



Nos animas a vivir, Haces feliz nuestra vida, Nos otorgas calidad de vida, porque contigo vale la pena vivir. No vamos solos por la vida. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?Tú lo dijiste. Y cumples las promesas

Dulzura nuestra.

Déjanos descansar en tu mirada, por tú eres suavidad, serenidad, paz. Contigo estamos al abrigo de tormentas y huracanes. Tu corazón es refugio montañero, es brisa de primavera, es cantar de pajarillo, es cristalina fuente, dulzura de la vida, de mi vida.


Y esperanza nuestra


Todo lo espero de Dios por medio de Ti, porque Dios te ama muchísimo y Tú me amas muchísimo. Contigo no cabe la desesperanza y la tristeza. En las orillas de tu manso río crecen los pastos y las flores en toda estación. Tú eres una eterna primavera, rosal florido, perfumado, digno de contemplarse. De Ti lo espero todo y más de lo que esperan todos los niños de sus mamás. Espero que me lleves al cielo. Espero que me hagas feliz. Espero contemplarte en el cielo en un éxtasis de amor. Eres hermosísima paloma blanca que vuelas en mi jardín. Alegras mis días y mis noches. Me haces sonreír y mirar hacia delante con ilusión y entusiasmo. La vida sin Ti no tendría sabor ni sentido. Pero contigo sí quiero vivir. Quiero contemplarte en el lirio del campo, en la rosa perfumada, en el blanco clavel, en todas las flores de las praderas, en las estrellas de la noche.


Dios te salve
Te saludamos, te cantamos,
te llevamos mañanitas, Oh dulce madre.

Dios te salve.


A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva


Fuimos hijos de Eva para desgracia nuestra. Pero somos hijos tuyos para completa felicidad. Si triste y dura fue la herencia de nuestra madre Eva, inmensamente rica es la herencia que nos viene de Ti. El destierro se dulcifica 
porque Tú nos acompañas cada día. Así nuestro desierto florece y se vuelve llevadero. ¡Qué dura sería la vida sin tu dulce compañía! ¡Qué cardos, qué espinas no produciría! Pero entre los cardos y espinas tu mano amorosa ha plantado muy bellas rosas.


A Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas



Siempre nos quedas Tú. En medio de los peligros eres refugio, pararrayos contra la justa ira de Dios. En medio de las lágrimas, eres consuelo. Tus hijos pueden sufrir, por ser ley todos, pero nunca desesperan. Saben mirar a través de las lágrimas tu rostro materno que les llena de esperanza.



Ea, pues, Señora, abogada nuestra…

Virgen de la Cabeza de Madrid


El nombre de abogada significa defensora. Tú nos defiendes del maligno, del que atacó a nuestra madre Eva en el Paraíso, y la hirió pasándonos la herida.Tú nos libras de peligros y tentaciones que nos pudieran hacer perecer. Contigo llevamos la frente alta por la vida, hasta el destino final que es el cielo. Desde allí intercede ante tu Hijo por cada uno de tus hijos, por mí también.



Vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos
Virgen de los Ojos Grandes de Lugo


Sí, tus ojos...Yo quiero asomarme a tus ojos, contemplarlos, porque sólo de mirarlos me curo de mis tristezas, su alegría se me contagia, su pureza infinita se me participa. Tus ojos, Madre Virgen, son océano de gracia y de pureza. Por eso necesito mirarlos, contemplarlos, para que la bienaventuranza de los puros de corazón me toque a mí también. Nos miras con amor y misericordia. Necesitamos de ambas realidades a morir. porque somos débiles y miserables en abundancia. Misericordia es lo que suplicamos. Suplicamos a la misericordiosa Virgen. Suplicamos a la más amorosa Madre. A través de tus ojos aspiramos esa misericordia y ese amor. Es lo mejor que nos puedes regalar. Eres misericordia y eres amor, dos realidades que heredaste de Dios, para regalarlas a tus hijos.

 
Y, después e este destierro…

Virgen de los Desamparados

Destierro, porque la patria no está aquí. Porque la tierra, que es en sí hermosa, se nos vuelve inhóspita y agraz, al pensar en el cielo. Destierro, porque aquí te tenemos y tenemos a Dios, pero todavía no es del todo y para siempre. Podemos perderte, podemos perder a Dios, ¡Oh terrible posibilidad! En el cielo Tú serás nuestra y nosotros tuyos del todo y por toda la eternidad. ¡Qué inmensa beatitud!


Muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre

Ntra. Sra. del Rosario

Lo más grande que Tú tienes es Jesús. Muéstranoslo, queremos verlo, conocerlo, amarlo entrañablemente. Desde que fuiste Madre de Jesús, nunca podrás separarte de Él, es tu hijo. Pero lo mismo que a Él, nos has engendrado a cada uno de nosotros. Somos por eso sus hermanos y tus hijos. Ser hijo no siempre es bien valorado por éste pero ser madre es muy bien conocido por ella. Yo no conozco bien lo que significa ser tu hijo, pero Tú sí sabes lo que significa ser mi madre. Jesús es el hermano mayor y especial. Debemos asemejarnos a Él. danos la gracia de conocerlo como Tú lo conoces: Un Dios amor que nos quiere hasta la muerte de cruz, que nos dio a su Madre, a Ti, para cada uno. Déjanos ver su rostro, déjanos conocer su corazón, concédenos amarlo con todas nuestras fuerzas.



Oh clemente, Oh piadosa, Oh dulce Virgen María
Virgen sedente



Clemente, piadosa y dulce: la trilogía de la misericordia encarnada en Ti. Permítenos beber en tu fuente el agua dulce de tu piedad. Estamos tan necesitados de clemencia, dulzura y piedad. Pero tu fuente rebosa de esa agua pura. Virgen María dulce: Eres el rosal sin espinas, 
belleza de rosas perfumadas: corremos al olor de tus perfumes. 


Virgen María clemente: De Dios lo aprendiste, 

Oh Madre del hijo pródigo. 
Si algo sabes hacer con excelencia, es el arte de la misericordia con tus hijos pecadores. Necesitamos tanto tu capacidad de compasión, porque somos pecadores maltratados por Satanás. Virgen María piadosa: Te compadeces del pecador, de sus heridas purulentas, no queriendo ver su culpa. 


Respondes con piedad y misericordia 

Misericordia del Hijo, misericordia de su Madre.

Gracias por ser dechados de piedad para nosotros, que, si algo necesitamos, es misericordia y piedad.


Virgen de los Reyes (Rey S. Fernado)
Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.


San Francisco, como buen cristiano e hijo fiel de la Iglesia, profesaba una grandísima devoción a la Virgen María. Su primer biógrafo, Tomás de Celano, nos lo recuerda con estas palabras: «Rodeaba de amor indecible a la Madre de Jesús, por haber hecho hermano nuestro al Señor de la majestad. Le tributaba peculiares alabanzas, le multiplicaba oraciones, le ofrecía afectos, tantos y tales como no puede expresar lengua humana. Pero lo que más alegra es que la constituyó abogada de la Orden, y puso bajo sus alas, para que los nutriese y protegiese hasta el fin, los hijos que estaba a punto de abandonar» (2 Cel 198).



Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
Amén


Despues de meditar en el rezo de la Salve, 
es bueno compartir la oración con las amistades.  
A los padres, que recen la Salve con los hijos. 
Se atribuye la invención de esta oración a



 S. Pedro de Mezonzo y la Salve Regina

La figura del obispo Pedro de Mezonzo es una de las más notables de la Alta Edad Media en Galicia, ya que este hombre, nacido en Curtis en el año 930, provocó un cambio de rumbo en la dirección de la Iglesia en una época de grandes convulsiones. Durante el siglo X se produjo un declive notable de la vida religiosa, hasta el punto de que los historiadores definen este período como el siglo de hierro de la Iglesia. Pedro de Mezonzo fue monje del monasterio de Santa María y abad en San Paio de Antealtares. En el año 985 fue elegido obispo de Compostela por los canónigos de la ciudad, quienes buscaban un hombre de sus cualidades, entre las que figuraba la sabiduría y la fidelidad al estilo de vida cristiano. El recién nombrado obispo hubo de afrontar una etapa difícil, ya que los normandos y los moros asolaban con frecuencia las tierras gallegas y se cebaban especialmente con las propiedades de la Iglesia. En 997 el caudillo Almanzor llegó a Santiago y se llevó las campanas de la catedral, aunque no llegó a destruir el templo y profanar el sepulcro del Apóstol. Ante el peligro que suponía la llegada de los musulmanes, Pedro de Mezonzo compuso la oración Salve Regina, que se convirtió rápidamente en una de las plegarias más famosas en toda la cristiandad. El rezo escrito por el obispo compostelano aparece ya mencionado en la obra de Gonzalo de Berceo y Alfonso X El Sabio, quien asegura que las tropas cristianas pronunciaban esta oración mientras acometían a las huestes musulmanas en la batalla del Salado. Pedro de Mezonzo rechazó las visiones catastrofistas de quienes pensaban que el fin del milenio traería el fin del mundo, a quienes replicó que Dios, como padre misericordioso, cuidaría de sus hijos. El obispo falleció en 1003 y fue canonizado por la Iglesia. Su labor está considerada como un precedente de las reformas que se introdujeron en la vida religiosa durante el siglo XI.
J. M. Gutiérrez

Partitura gregoriana del canto de la salve:




Confeccionó Franja
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