viernes, 27 de febrero de 2015

Sábado de la Primera semana de Cuaresma

Blog católico de Javier Olivares-baionés jubilado-Baiona

Cuaresma.
Caminamos hacia la Pascua del Señor





Día 11º. SÁBADO PRIMERO (28 de febrero)
Texto del P. José Pedro Manglano Castellary

Muerte. Tal vez hayas asistido alguna vez a la proyección de un video en casa de un amigo que quiere mostrarte lo mucho que ha disfrutado en su último viaje por el Caribe. De repente, para hacerse el gracioso, da el interruptor y la cinta se detiene; en la pantalla queda la imagen congelada en su acción: Una expresión bobalicona, un ceño fruncido, una ingenua sonrisa... Resulta cómico y todo el mundo se ríe. Sin embargo, no nos entrará la risa cuando Dios interrumpa la cinta de nuestra vida y quedemos captados para siempre en nuestra fealdad o en nuestra hermosura. Por eso debemos estar preparados, en gracia, para recibir a la muerte, que es un cambio de casa. Por eso repetía Jesús: Velad y orad, porque no sabéis el día ni la hora.

¿Eres consciente de que Jesús puede que te llame en cualquier momento? ¿y de que vale la pena morir bien porque comparado con la tierra el cielo dura infinitamente más?

Madre mía, ayúdame a estar preparado para cuando me llame Jesús. Pero no de cualquier manera: con toda la gracia que me sea posible. Tú eres la llena de gracia, esto es, que Dios te llenaba, no había nada tuyo personal que se opusiese a Dios; El hacía a través de ti todo lo que quería, porque le dejabas. Así quiero vivir y morir yo.

Coméntale a Dios con tus palabras algo de lo que has leído. Después termina con la oración final.

 No existe el derecho a matar, a abortar. 
Solo en las legislaciones impías y en naciones cuyos legisladores han perdido el norte del valor de la vida humana, a la que le dan menos valor que al derecho de respetar a las focas.
El seno materno se ha convertido en el lugar de más riesgo para la vida del hombre. 
Solo pensarlo me produce escalofríos. 
El aborto provocado es un asesinato sin paliativos. 
Lo dijo en Madrid el Santo Padre San Juan Pablo II 
en aquella Misa de las Familias, que los políticos españoles olvidaron. 
Tenemos que rezar por su conversión. 
Franja.
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