martes, 7 de mayo de 2013

El Ave María.

Blog católico de Javier Olivares-baionés jubilado-Baiona


Si meditamos en las palabras del
Ave María
las rezaremos
 con mayor fervor y devoción

San Bernardo 

Cada vez que pasaba por delante de una imagen de la Virgen María, le saludaba diciendo "Dios te salve, María". Cuando San Bernardo murió y el cuerpo pasó por delante de la citada imagen, fue la propia Virgen María quien exclamó: "Dios te salve, hijo mío Bernardo".
Bienaventurados aquellos labios y aquellos lugares en los que se saluda con el: “Ave María”.

 María y el Niño abrazados
Obra del pintor italiano Giovanni Battista Salvi –Sassoferrato.

Se conserva en National Gallery, London.

Vamos a analizar las palabras del Ave María en detalle a continuación:


Dios te salve, María: 
Es un saludo que limpia los labios y el corazón. No se pueden pronunciar esta palabras con reflexión y sentimiento, sin sentirse más buenos, porque cuando los ojos de vuestro espíritu están fijos en María, se puede ser más bueno, más puro y más caritativo. La amistad con María es causa de perfección porque infunde y transfunde las virtudes de tan buena Madre en quien las pide con humildad.


Llena eres de Gracia:
Humildad, prontitud, pudor, plegaria... ¿Qué no encontró de excelso la palabra angélica para convertirse en la primera chispa del incendio de la Encarnación?. He aquí lo que se necesita, para atraer a Jesús, vuestra adherencia a la Gracia, vuestra acogida a la Gracia, vuestro multiplicar la Gracia, vuestro aspirar a la Gracia. El cuerpo, para vivir, necesita respirar aire y tomar aliento. El alma para vivir, debe respirar la Gracia, y el mejor ejemplo es María.

 
El Señor es contigo

Dios siempre está con el alma en Gracia. Dios no se aleja cuando el tentador se acerca, se aleja solamente cuando se cede al Tentador y se corrompe el alma. Quien está con Dios no es que no vea el mal, más bien lo ve con más claridad que muchos otros, pero el verlo no corrompe. El unido con Dios está saturado de Dios, y cualquier otra cosa que no sea Dios queda en la superficie y no perturba el interior.


Bendita tú eres entre todas la mujeres.
Esta bendición que a veces decimos imperfectamente, o que quizá ni la decimos a Aquella que con su sacrificio inició la Redención, resuena continuamente en el Cielo, pronunciada con infinito amor por la Trinidad. Todo el Paraíso bendice a María, obra maestra de la Creación universal y Misericordia divina. Aún cuando toda la obra del Padre para crear de la nada a la tierra no hubiese servido sino para acoger a María, la obra creativa habría tenido su razón de ser, porque la perfección de María es tal, que Ella es testimonio de no sólo de la sabiduría y el poder, sino del amor con el cual Dios ha creado el mundo.


Y bendito es el fruto de tu vientre Jesús:
Tenemos a Jesús porque treinta tres años antes María aceptó beber el cáliz de la amargura. Bendito el vientre purísimo que contuvo al Creador, y para dar una norma, sabed que Yo, Dios, no considero disminuirme a Mí mismo con infinito y venerante amor a mi Madre.

 

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte. 
A la Madre de Dios le realizamos una invocación simétrica a la de “líbranos del mal”, del Padrenuestro. Se nos ha dado una Madre y un Padre. Si pedimos al Padre que nos libre del Mal, ¿no pediremos a la Madre que aleje de nosotros la muerte en pecado?. No debemos preocuparnos de la muerte en el significado humano, sino del Mal y de la Muerte en el significado sobrenatural.
Tenemos una Madre que es poderosa por su triple condición de Hija, Esposa y Madre de Dios, y si Cristo resucita a los muertos a la Gracia, María, cuando es realmente amada, impide que la muerte nos separe de su Hijo en la eternidad.

La piedad de Miguel Angel 

San Bernardo de Claraval

Oración de San Bernardo
a la Virgen:
Acordaos,
oh piadosísima Virgen María,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido a tu protección,
implorando tu asistencia y reclamando tu socorro,
haya sido abandonado de ti.
Animado con esta confianza,
a ti también acudo,oh Madre,Virgen de las vírgenes,
y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados,
me atrevo a comparecer
ante tu presencia soberana.
No deseches mis humildes súplicas,
oh Madre del Verbo divino,
antes bien, escúchalas
y acógelas benignamente.
Amén.

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