domingo, 21 de septiembre de 2014

D. Álvaro del Portillo. El liderazgo de un ingeniero santo

Blog católico de Javier Olivares-baionés jubilado-Baiona


El Siervo de Dios Mons. D. Alvaro del Portillo, 
que será beatificado e próximo 27 de septiembre en Madrid.


No puedo menos que publicar este artículo 

que acabo de conocer. 

Es de un amigo, que veo con frecuencia 

en las tierras de Baiona.

En su blog se puede leer entre otros méritos...

JAIME PEREIRA GARCÍA, nací en Las Palmas de Gran Canaria, casado y con seis hijos. Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid.



El liderazgo de un ingeniero santo

Noviembre de 1987, me encontraba en Roma. Mi Jefe había decidido celebrar una reunión del Comité de Dirección en la capital de Italia. Dos días de intenso trabajo, con temas en la agenda de la máxima importancia. Preparábamos una actualización del Plan Estratégico, ya que la situación de la compañía a nivel mundial, y de forma muy particular en Europa, estaba cambiando con mucha rapidez. Marketing, ventas, nuevos procesos productivos… y lo más importante con impacto directo en mi responsabilidad: una considerable reorganización con reducción de plantilla. Como Director de Recursos Humanos, intenté convencer, con datos objetivos, que despedir al 20% de los empleados no era la solución ideal para los problemas que teníamos encima de la mesa. Improvisé, sobre la marcha, otras alternativas pero no tuve éxito…
Terminó la reunión y como era fin de semana, vinieron a Roma mi mujer y dos de mis hijos. Nos apetecía mucho visitar la sede de la Real Academia de España en Roma, de la que había sido director el abuelo de mi mujer. Obviamente hicimos el obligado recorrido turístico, en el que pudimos contemplar la belleza de esta hermosa ciudad.
Nuestra última vista fue a la Viale Bruno Buozzi, donde está la sede central del Opus Dei. Queríamos visitar a Alvaro del Portillo, compañero de carrera de mi suegro. Llegamos a la portería y preguntamos si era posible que nos recibiera. Teníamos pocas esperanzas, pues sabíamos que era persona muy ocupada. Esperar que consultemos, nos dijeron. En unos instantes nos comunicaron la gran sorpresa: si, dentro de veinte minutos os puede recibir.
Esperábamos en una pequeña salita. Enseguida  apareció Don Alvaro, sonriente, alegre, como si nos conociera de toda la vida. Nos preguntó por la familia y rápidamente entablamos una conversación que nunca podré olvidar. Le conté que mi empresa había decidido hacer una reducción de plantilla con la que yo, como Director de Recursos Humanos, no estaba muy de acuerdo. Pensaba que había otras alternativas. Y sin pedirle ningún consejo, me dio una serie de recomendaciones que me fueron muy valiosas. Me insistió varias veces que, si la solución era irreversible, pensara mucho en la gente, en sus familias y que hiciera todo lo posible para ofrecerles unas buenas condiciones económicas, con las que pudieran hacer frente a la nueva situación. Me recomendó dialogar mucho, estudiar humanamente cada caso y sobre todo agradecerles sus años de trabajo y dejarles las puertas abiertas. Al despedirnos me recordó: “Son personas, hijos de Dios. No lo olvides”. Estas palabras, aún resuenan en mi cabeza.
Con Alvaro del Portillo en Roma. 9 Noviembre 1987
De regreso para Madrid, en el vuelo, pensé mucho en lo que Don Alvaro me había sugerido. Me llamó la atención, su arrolladora capacidad de escuchar, entender y ponerse en el problema para darte los mejores consejos. Sin duda percibí su gran capacidad de liderazgo. Luego mantuvimos una correspondencia en la que se iba interesando por el progreso de la restructuración.
Desde ese momento le seguí con enorme interés, pues me parecía un caso estupendo de un Liderazgo del que podía aprender mucho. Era un hombre con una gran formación: Ayudante de Obras Públicas, Ingeniero de Caminos, Doctor en Filosofía y Letras, sacerdote y obispo. Desde 1975, tras la muerte de San Josemaría, y hasta 1994 fue el máximo responsable de la Prelatura del Opus Dei.
Hablando en términos empresariales, podríamos decir que dirigió con enorme éxito una gran multinacional con sedes en los cinco continentes. Sus cifras son espectaculares. Si su empresa en lugar de tener unos fines espirituales y apostólicos, los hubiera tenido empresariales, hoy estaría ocupando uno de los primeros puestos en las listas deForbesFortune
Para los que sentimos curiosidad por el estudio del Liderazgo, es un ejemplo a tener en cuenta. Don Alvaro fue Gran Canciller de la Universidad de Navarra, y se involucró muy directamente en el desarrollo del IESE, Escuela de Negocios situada entre las diez mejores del mundo según Financial Times
Desde mi personal punto de vista, las características más relevantes del Liderazgo de Alvaro del Portillo, son:
♦ Capacidad de trabajo: los que le conocen de cerca dicen que las veinticuatro horas del día eran pocas para él. Trabajador incansable, sabiendo delegar en su equipo más cercano. Su estilo de dirección  le llevo a realizar 198 viajes en 43 países. Un servicio muchas veces oculto, pequeño, silencioso, pero enormemente eficaz. Combinaba adecuadamente situación, persona y tiempo. Para él, el tiempo, más que un tesoro, era un regalo de Dios.
♦ Visión Estratégica. Veía oportunidades que los demás aún no habían percibido. Esto le llevó a extender su labor por los cinco continentes, poniendo especial énfasis en aquellas empresas dedicadas a la formación humanala salud, el desarrollo de las personasel cuidado de los más débiles… Ejemplos hay muchos, pero tal vez uno que merezca especialmente considerar es el programa internacional de solidaridad “Harambee” que promueve iniciativas de educación en África y sobre África, a través de proyectos de desarrollo en el área subsahariana y de actividades de sensibilización en el resto del mundo, difundiendo los valores, las cualidades y las posibilidades de futuro del continente africano.
♦ Capacidad de RelaciónSon muchas y muchas las evidencias de la enorme facilidad que tenía para hacer amigos. Basta tan solo el testimonio de los tres últimos Papas:Juan Pablo II“Fue un ejemplo de fortaleza, de confianza en la providencia divina y de fidelidad a la sede de Pedro”Benedicto XVI:  “Recuerdo la modestia y la disponibilidad en cualquier circunstancia que caracterizaron el trabajo de Mons. del Portillo como consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe, institución que contribuyó a enriquecer de modo singular con su competencia y experiencia, como he podido comprobar personalmente”Francisco: “Fue un sacerdote celoso, que supo conjugar una intensa vida espiritual fundada sobre la fiel adhesión a la roca que es Cristo, con un generoso empeño apostólico que lo convirtió en peregrino por los cinco continentes, siguiendo las huellas de san Josemaría”.
♦ EmpatíaCaracterística indispensable en cualquier directivo que persiga conseguir objetivos a través de las personas. La sensación que tienes cuando le ves por primera vez, es la de conocerle de toda la vida. Su simpatía innata hace que te sientas muy cómodo. Maestro del buen humor, lo utilizaba en los momentos oportunos para llegar más a la gente. Una buena cara, la mirada, los gestos eran muy comunicativos… Serenidad, amabilidad, complicidad…
♦ LealtadUn buen directivo se caracterizara por ser muy fiel a los principios fundacionales de su organización. Su obligación es hacer una empresa sana y sostenible en el tiempo. Él lo hizo como nadie. Fiel y leal a la herencia recibida, con la conciencia muy clara de que las cosas evolucionan pero la esencia permanece. Conocía muy bien lo que era inmutable.
♦ Innovación. Le gustaba ser un hombre de su tiempo. Ir por delante de determinados acontecimientos, le permitía tomar decisiones valientes. Su afán investigador dió pie a un proyecto llamado CIMA, que no llegó a conocer. Un centro que aproxima la investigación básica a la aplicación clínica y colabora con la industria farmacéutica y biotecnológica en el desarrollo de productos para diagnóstico y tratamiento. En definitiva, se trata de un trabajo científico de calidad y servicio para combatir enfermedades que causan sufrimiento.
♦ SantidadÉsta, aparentemente, no es una habilidad muy empresarial. Para él, sí lo era. Santificar todas y cada una de las actividades que llevaba a cabo, le hacía ser mejor profesional, más preocupado por los demás, terminar la tarea emprendida, ser un ejemplo para los que estaban a su alrededor y sobre todo ser muy fiel a su vocación… Afirmaba con reiteración una frase de San Josemaría, Fundador del Opus Dei : “Estas crisis mundiales, son crisis de santos”.
Trabajo, visión, relación, empatía, lealtad, innovación y santidad… siete características de un líder que estuvo al frente de una gran organización de la Iglesia Católica (el Opus Dei) que ahora le reconoce su trabajo. El próximo sábado, día 27 de Septiembre de 2014, en Madrid (Valdebebas) será beatificado.

Comentarios

  1. Juan Pérez Calot dice
    Gracias Jaime por este inteligente y , a la vez, cariñoso artículo sobre un gran hombre para toda la Iglesia con grandes virtudes humanas. Hombre santo de nuestro tiempo de quien podemos aprender tanto para nuestra cotidiana vida.
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