lunes, 23 de julio de 2012

El vendedor de globos,

Blog católico de Javier Olivares-baionés jubilado-Baiona


Un cuento dedicado a los niños
 de Mamá Brasanar.
Para que se lo haga ver
 y disfruten aprendiendo


Hola, mi nombre no importa, lo que importa es quien es el autor de estos cuentos, seguro que lo conoces,  se llama Mamerto Menapace  Y es un cura que escribe libros muy hermosos,  ¿Puedo recomendar uno?

 "El paso y la espera" 

Son pequeñas historias, pero que el valor se encuentra cuando se leen todas juntas, es por eso que no mando  ninguna de esas.  Bueno, este cuento lo saqué de su libro  "Con Corazón de niño"y se llama:

El vendedor de globos

Un vendedor de globos de cualquier lugar 

Una vez había una gran fiesta en un pueblo. Toda la gente había dejado sus trabajos y ocupaciones de cada día para reunirse en la plaza principal, en donde estaban los juegos y los puestitos de venta de cuanta cosa linda una pudiera imaginarse.

Los niños eran quienes gozaban con aquellos festejos populares. Había venido de lejos todo un circo, con payasos y equilibristas, con animales amaestrados y domadores que les hacían hacer pruebas y cabriolas. También se habían acercado hasta el pueblo toda clase de vendedores, que ofrecían golosinas, alimentos y juguetes para que los chicos gastaran allí  los pesos, que sus padres o padrinos les habían regalado con objeto de sus cumpleaños, o pagándoles trabajitos extras.


otro vendedor de globos de cualquier lugar

Entre todas estas personas había un vendedor de globos. Los tenía de todos los colores y formas. Había algunos que se distinguían por su tamaño. Otros eran bonitos porque imitaban a algún animal conocido, o extraño. Grandes, chicos, vistosos o raros, todos los globos eran originales y ninguno se parecía al otro.


globos de muchas formas

 Sin embargo, eran pocas las personas que se acercaban a mirarlos, y menos aún los que pedían para comprar algunos.

un globo-admiración de los niños.

Pero se trataba de un gran vendedor. Por eso, en un momento en que toda la gente estaba ocupada en curiosear y detenerse, hizo algo extraño. Tomó uno de sus mejores globos y lo soltó. 
Como estaba lleno de aire muy liviano, el globo comenzó a elevarse rápidamente y pronto estuvo por encima de todo lo que había en la plaza. 
El cielo estaba clarito, y el sol radiante de la mañana iluminaba aquel globo que trepaba y trepaba, rumbo hacia el cielo, empujado lentamente hacia el oeste por el viento quieto de aquella hora. 
El primer niño gritó:

-¡Mira mamá un globo!



Inmediatamente fueron varios más que lo vieron y lo señalaron a sus chicos o a sus más cercanos. Para entonces, el vendedor ya había soltado un nuevo globo de otro color y tamaño mucho más grande. 
Esto hizo que prácticamente todo el mundo dejara de mirar lo que estaba haciendo, y se pusiera a contemplar aquel sencillo y magnífico espectáculo de ver como un globo perseguía al otro en su subida al cielo.


Más globos, para admiración de niños y no tan niños

Para completar la cosa, el vendedor soltó dos globos con los mejores colores que tenía, pero atados juntos. 
Con esto consiguió que una tropilla de niños pequeños lo rodeara, y pidiera a gritos que su papá o su mamá  le comprara  un globo como aquellos que estaban subiendo y subiendo. 
Al gastar gratuitamente algunos de sus mejores globos, consiguió que la gente le valorara todos los que aún le quedaban, y que eran muchos. 

más globos de colores

Porque realmente tenía globos de todas formas,tamaños y colores. En poco tiempo ya eran muchísimos los niños que se paseaban con ellos, y hasta había alguno que imitando lo que viera, había dejado que el suyo trepara en libertad por el aire.

el vendedor le ofreció un globo

Había allí cerca un niño negro, que con dos lagrimones en los ojos,
miraba con tristeza todo aquello. Parecía como si un honda angustia se hubiera apoderado de él. El vendedor, que era un buen hombre, se dio cuenta de ello y llamándole le ofreció un globo. El pequeño movió la cabeza negativamente, y se rehusó a tomarlo.

-Te lo regalo, pequeño-le dijo el hombre con cariño, insistiéndole

para que lo tomara.

Pero el niño negro, de pelo corto y ensortijado, con dos grandes ojos tristes, hizo nuevamente un ademán negativo rehusando aceptar lo que se le estaba ofreciendo. 

Extrañado el buen hombre le preguntó al pequeño que era entonces lo que lo entristecía. Y el negrito le contestó, en forma de pregunta:


el globo negro

-Señor, si usted suelta ese globo negro que tiene ahí ¿Será que sube tan alto como los otros globos de colores?

Entonces el vendedor entendió. Tomó un hermoso globo negro, que nadie había comprado, y desatándolo se lo entregó al pequeño, mientras le decía:


-Hace vos mismo la prueba. Soltalo y verás como también tu globo sube igual que todos los demás.




Con ansiedad y esperanza, el negrito soltó lo que había recibido, y
su alegría fue inmensa al ver que también el suyo trepaba velozmente lo mismo que habían hecho los demás globos. Se puso a bailar, a palmotear, a reírse de puro contento y felicidad.

Entonces el vendedor, mirándolo a los ojos y acariciando su cabecita enrulada, le dijo con cariño:
-Mira pequeño...Mira pequeño, lo que hace subir a los globos no es la forma ni el color, sino lo que tiene adentro.
*****

Espero que el cuento haya gustado, y gracias por la página de cuentos que entretienen y ayudan a hacer más profundo el corazón.
                      Mucha Suerte...Yo.
                                   
Os ruego que recordéis:

 "lo que hace subir a los globos
 no es la forma ni el color,
 sino lo que tiene adentro" 

Y nosotros...
¿queremos subir, o nos contentamos 
con estar atados a un hilo,
 a veces tan pequeño, 
que no somos incapaces de ganar altura?

A pensarlo, porque nos comportaremos 
como aves de corral, 
cuando podemos subir como las águilas 
y mirar fijamente al mismo Sol.
Franja.

Y ahora puedes escuchar el cuento
 con música:

Publicar un comentario

Quizás también le interes


Contemplar el Evangelio de hoy - homilías católicas del Evangelio del día
Contemplar el Evangelio de hoy - Suscríbase