miércoles, 25 de julio de 2012

San Joaquín y Santa Ana


Los padres de la Virgen María, 
los abuelos de Jesús:
 San Joaquín y Santa Ana
 Para conocerlos mejor
Preparáis la venida de Cristo
_acogiendo / de Dios a María, / 
oh Joaquín y Ana, 
/ y nos la_ofreciendo /
 cual de_él su_Arca Santa. 
/ Pues la vida le disteis, os lo_agradecemos.

1. Oh cuál Dios disponía
 / todo_en vuestra_existencia; 
/ en saber y virtudes, /
 cuán grande_el crecer. 
/ Ordenaba Dios todo 
 dignos padres que fueseis 
/ de la que digna Madre 
/ del Dios-Hombre_iba_a ser.

2. Ana,_en hebreo, suena: 
/ «gracia,_amor, oración». /
 De María la madre 
/ todo_eso_encarnó. /
 Del misterio testigo / de la Inmaculada, 
/ dice, cual ella luego: /
 «Dios gran obra_en mí_obró».

3. El Reino de los Cielos, 
/ cual tesoro_y cual perla, 
/ se_encontraba_escondido /
 allá_en Nazaret. /
 Pues María, que_es hija / de Joaquín y de Ana, /
 se prepara_al anuncio /
 que_ha de darle Gabriel.

4. María, por sus padres 
 educada_en el culto 
/ de lo que Dios hablaba, 
/ sin par lo_asumió /
 leyendo_y meditando /
 la Sagrada_Escritura; /
 por lo que_en su “Magníficat” /
 de_ello muy se sirvió[i].

 Un vídeo
para los niños y grandes:

[i] Cf Juan Pablo II,  Ángelus 25‑7‑1999 (ge sp fr en it po): «Mañana la liturgia celebrará la memoria de san Joaquín y santa Ana, a quienes la tradición, que se remonta al evangelio apócrifo de Santiago, venera como padres de la santísima Virgen María (…). En el umbral del Nuevo Testamento, precisamente san Joaquín y santa Ana preparan la venida del Mesías, acogiendo a María como don de Dios y ofreciéndola al mundo como inmaculada “arca de la salvación”».

Audiencia general 26‑7‑1995 (sp it), palabras en checo: «Ana, en hebreo, significa “gracia, amor, oración”. La madre de María, santa Ana, es la encarnación de todo esto. Además, su “genio femenino” es testigo del misterio de la inmaculada concepción de la Virgen María. También santa Ana podía decir con razón: “El Poderoso ha hecho obras grandes en mí”. Y a las mujeres de hoy dice que el Señor quiere hacer grandes cosas en las que, como ella, sepan creer, amar y servir, sabiendo que servir a Dios es reinar».

Ángelus 26‑7‑1981 (sp it po): «En este día la Iglesia recuerda a los Santos Joaquín y Ana, padres de María de Nazaret. Por eso, el primer sentimiento que aflora en nuestros corazones es un sentimiento de gratitud hacia aquellos que dieron la vida a la Madre de Dios (…). A semejanza de un tesoro o de una perla de gran valor (cf Mt 13, 44‑45), el Reino de Dios –el Reino de los cielos– se encontraba escondido en aquella casa de Nazaret, en la que María, hija de Joaquín y Ana, se preparaba al momento de la Anunciación».

Audiencia general 13‑6‑1990 (sp it): «Del alma de María brota un canto de júbilo, el Magníficat, en el que también ella expresa su alegría: “Exultó mi espíritu en Dios mi Salvador” (Lc 1, 47). Educada como estaba en el culto de la palabra de Dios, conocida mediante la lectura y la meditación de la Sagrada Escritura, María en aquel momento sintió que subían de lo más hondo de su alma los versos del cántico de Ana, madre de Samuel (cf 1S 2, 1‑10), y de otros pasajes del Antiguo Testamento, para dar expresión a los sentimientos de la “hija de Sión”, que en ella encontraba la más alta realización. Y eso lo comprendió muy bien el evangelista Lucas gracias a las confidencias que directa o indirectamente recibió de María. Entre estas confidencias debió de estar la de la alegría que unió a las dos madres en aquel encuentro, como fruto del amor que vibraba en sus corazones. Se trataba del Espíritu-Amor trinitario, que se revelaba en los umbrales de la “plenitud de los tiempos” (Ga 4, 4)».
Una trabajo de Fr. Gregorio Cortázar Vinuesa
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