lunes, 23 de julio de 2012

LA VASIJA AGRIETADA, una parábola de la vida

Se me ocurre pensar,
que esta enseñanza de las dos vasijas,
 es una muestra de lo que somos
 o podemos ser,
 si aprovechamos nuestras limitaciones
y en vez de lamentos,
 ponemos obras de esfuerzo, 
ayudados por el auxilio del Señor 
para quien trabajamos.
Franja
LA VASIJA AGRIETADA
Una Parábola de la Vida
 
Una historia simple de las antiguas enseñanzas de los Vedas. Dice así:
Érase una vez un aguador que vivía en un pequeño pueblo en la India. Tenía dos grandes cubos que colgaban cada uno del extremo de un palo, con los que cargaba encima de sus hombros. Cada día recorría un largo camino desde el hogar de su patrón hasta un pequeño arroyo para llenar los cubos de agua. Uno de los cubos, sin embargo, tenía una fisura, mientras que el otro estaba en perfectas condiciones. Cuando regresaba a casa, el cubo perfecto llegaba lleno de agua, pero el roto sólo a la mitad.
Así habían pasado dos años. Cada día, el aguador llegaba a casa de su patrón sólo con un cubo y medio de agua. Por supuesto, el cubo perfecto estaba sumamente orgulloso de sí mismo por el buen trabajo que hacía, porqué cumplía el objetivo por el que se fabricó. Sin embargo, el cubo roto estaba avergonzado de su propia imperfección, y se sentía despreciable por ser sólo capaz de lograr la mitad de lo que se requería. Después de dos años de lo que percibió como un amargo fracaso, finalmente, un día, el cubo roto reunió el valor para hablar con al aguador a orillas del arrollo.
-Estoy muy avergonzado de mí mismo y quiero pedirte disculpas.
-¿Por qué? -preguntó el aguador-. ¿Por qué estás avergonzado?
Con un tono triste, el cubo respondió:
-En estos últimos dos años sólo he sido capaz de ofrecer la mitad de mi carga porque la fisura que tengo en un lado hace que se salga el agua a lo largo del camino de regreso a casa de tu patrón. Estás esforzándote mucho para llevar esta carga, pero mi defecto te impide ganar el valor total de tus esfuerzos.
El aguador, que sabía mucho sobre la vida, se sintió mal por el viejo cubo roto, y dijo con lástima:
-Cuando volvamos a casa del maestro quiero que repares en las hermosas flores que hay junto al camino.

En efecto, mientras subían la cuesta, el viejo cubo roto observó las hermosas flores a un lado del camino y alivió parte de su angustia. Pero al término del trayecto se sintió culpable por haber perdido la mitad de su carga, y de nuevo se disculpó ante el aguador por no ser un cubo suficientemente bueno para el trabajo. El aguador le dijo:
-¿Te has dado cuenta de que sólo había flores en tu lado del camino y no en el lado del otro cubo? Siempre he conocido tu defecto y lo he aprovechado. Planté semillas en tu lado del camino y, cada día, mientras regresamos del arroyo, las has estado regando. Durante dos años he podido recolectar estas bonitas flores para decorar la mesa de mi patrón. Si no fuera por como eres, él no podría adornar su casa con esta belleza.
En este mundo todos somos "cubos rotos". Puede que tengamos cualidades que los demás y nosotros mismos consideramos defectos, pero sólo son defectos de la percepción. Lo que yo pueda considerar una imperfección mía puede convertirse en un talento maravilloso que enriquece la vida de otras personas.

Fuente: Andreas Moritz "Rasgar el velo de la dualidad", Ed. Obelisco, página 196-197http://lapuertasinpuerta.blogspot.com.es/2011/06/un-cuento.html 

Yo no se si te ha gustado.
A mi mucho, porque me recuerda 
los defectos que tenemos cada uno, 
y a pesar de nuestros defectos 
el Señor nos quiere y nos cuida.
Por eso, que nos estimule siempre la lucha diaria
 a ser cada día mas santos. 
¿No os parece?.
Y si te ha gustado...¡pásalo!!!
Hace casi un año, había puesto
 la parábola de las dos vasijas.
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