miércoles, 23 de octubre de 2013

Cuando me quejo por envidia

Blog católico de Javier Olivares-baionés jubilado-Baiona


envidiosas
Muchas veces nos quejamos porque nos parece que las cosas nos van mal.
 Cuando miramos hacia los que pasan a nuestro lado, nos damos cuenta de los felices que podemos ser agradeciendo a Dios todos todos los detalles que ha tenido para cada uno de nosotros.
Cada uno tiene unas cualidades que Dios le ha dado, y de las que siempre tenemos que estar agradecidos.

A veces no sucede así y hasta envidiamos, no con sana envidia de emulación, sino con resentimiento y tristeza interior,  le ponemos la zancadilla para disminuir sus valores, poniendo nuestras cualidades en la subasta, y nos olvidamos de que hay un refrán, a veces muy cierto: “Dime de que presumes y te diré de que careces”.

Este poema, que encontré en esa página del enlace puesto más abajo, nos puede dar una idea de lo que podemos pensar, cuando nos olvidamos de lo que nos ha dado Dios y envidiamos al prójimo -(proximo)- Franja



CUANDO ME QUEJO

Hoy, en un ómnibus,

ví una chica con cabello dorado

y deseé ser tan rubia como ella.

Cuando de pronto se levantó para irse

vi que cojeaba por el pasillo,

Tenía una sola pierna y usaba muleta

Pero cuando pasó, sonreía.



Oh, Dios, perdóname cuando me quejo,

Tengo dos piernas, el mundo es mío.


Me detuve para comprar caramelos,

El muchacho que los vendía era tan encantador,

Conversé con él, parecía tan contento,

Si llegaba tarde no me preocupaba.

Y mientras me iba, dijo

"Gracias, has sido tan amable,

Es lindo conversar con gente como tú, sabes, soy ciego".


Oh, Dios, perdóname cuando me quejo.

Tengo dos ojos, el mundo es mío.


Más tarde, cuando iba caminando por la calle

Vi un chico de ojos azules,

Se paró y miraba a otros jugar,

No sabía qué hacer.

Me detuve un momento y luego dije:

"¿Por qué no te unes a los otros, querido?"

Siguió mirando hacia delante sin decir ni una palabra.

Entonces me dí cuenta que no podía oír.


Oh, Dios, perdóname cuando me quejo

Tengo dos oídos, el mundo es mío.


Con pies que me llevan a donde quiero ir.

Con ojos para ver el brillo del sol.

Con oídos para oír lo que sé.


Oh, Dios, perdóname cuando me quejo.

En verdad he sido bendecido, el mundo es mío.

¡¡¡ Este poema es sólo para recordar 
lo mucho que tenemos que agradecer !!!


Da lo mejor al mundo y lo mejor volverá a ti.



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