viernes, 9 de noviembre de 2012

Firma: Yo no lo llamaré matrimonio

Blog Católico de Santa María de Baiona, nº. 747

Firma: Yo no lo llamaré matrimonio

Firma: Yo no lo llamaré matrimonio


El Tribunal Constitucional dice que esto es un matrimonio. También dice que los niños ya no tienen derecho a un padre y una madre. Decreta, además, que la Constitución, en su artículo 32, donde dice que un hombre y una mujer tienen derecho a casarse, en realidad quiere decir otra cosa.
Si crees que el matrimonio es una institución distinta de otras realidades, firma esta petición para que se recupere la institución del matrimonio en nuestro Código Civil:
Presidente Rajoy:
Yo no lo llamaré matrimonio.
Por favor, recupere cuanto antes el matrimonio como realidad distinta de las uniones homosexuales.


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 Cuando la primera ley del mal llamado matrimonio, apareció en Cartas al Director de Faro de Vigo este artículo de D. José Carlos Areán, ya difunto q.e.d..  Ahora está extendido por cientos de lugares de internet . Yo os lo reedito un vez más. Franja
Publicado en Opinión |
Periodismo de Verdad: 5 de mayo de 2010

Dos leonas no hacen pareja. Dos gatos, tampoco. No pueden aparearse. Para ello tendrían que ser de distinto sexo y de la misma especie. Son cosas de la zoología. No es producto de la cultura hitita, fenicia, maya, cristiana o musulmana. Por supuesto no es un invento de la Iglesia Católica. Muchos siglos antes de que Jesús naciera en Belén, el Derecho Romano reconocía el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer. Después ellos se divertían con efebos, que para eso estaban, para el disfrute. La esposa era para tener hijos.

La palabra matrimonio procede de dos palabras romanas: “matris” y “munio”. La primera significa “madre”, la segunda “defensa”. El matrimonio es la defensa, el amparo, la protección de la mujer que es madre, el mayor y más sublime oficio humano.
Cada palabra tiene su significado propio. Una compraventa gratuita no es una compraventa, sino una donación. Y una enfiteusis por cinco años no es una enfiteusis, sino un arriendo vulgar.
Llamar matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo me parece como poco serio. Jurídicamente, un disparate. De carcajada. Que le llamen “homomonio”, “chulimonio”, “seximonio”, lo que quieran, todo menos matrimonio, que ya está inventado hace tiempo. Nadie llama tarta de manzana a la que está hecha de peras.
Lo curioso es que cuando dices cosas como estas, algunos te miran como extrañados de que no reconozcas la libertad de las personas. Y por más que les dices que sí, que respeto la libertad de todos, que cada uno puede vivir con quien quiera, incluso con su perro, pero que eso no es un matrimonio, van y me llaman intolerante. No sé lo que harán los parlamentarios españoles a la hora de votar. Son políticos, no juristas. Votarán por razones políticas, no según Derecho. Las consecuencias son graves. Si un varón tiene derecho a casarse con otro varón y una mujer a hacerlo con otra mujer, ¿le vas a negar el derecho a un hermano a casarse con su propia hermana? ¿O a un padre a hacerlo con su hija? ¿No tienen el mismo derecho? La sociedad se quiebra. Huele a podrido. Como en Dinamarca.
Cuando la profe le preguntó a Pablito cómo se llamaba su madre, el niño contestó: “Mi mamá se llama Ramón”
Fuente: Agencia Tábano Informa


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