viernes, 11 de enero de 2013

Diálogo en el seno materno. Dos gemelos

Blog católico de Javier Olivares-baionés jubilado-Baiona.

Catequesis

Imagen de gemelos en gestación. 
¡Que maravilla!!! 
Y hay quienes está dispuestos a eliminarlos!!!

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Un amigo me ha enviado esta conversación: 
Es tan simpática e interesante, que la pongo en el 
Blog Parroquial con unas imágenes preciosas. 
Franja.

Recursos Catequesis
En el vientre de una mujer embarazada,  dos gemelos sostienen una breve e interesante conversación,  uno de ellos es creyente y el otro ateo.
  -El ateo: ¿Hermano, tú crees en la vida después del nacimiento?
  -El Creyente: Por supuesto. Todos saben que hay vida después del nacimiento. Estamos aquí para crecer, estar fuertes, y prepararnos para lo que nos espera cuando salgamos.
  -
El ateo : ¡Tonterías! No puede haber vida después del nacimiento. ¿Puedes imaginarte como sería esta vida?
  -El Creyente: No conozco los detalles y de momento no tengo mucha imaginación, pero supongo que fuera hay más luz.  Tal vez allí caminemos y nos alimentemos solos.
  -
El ateo: ¡Qué disparate! ¡Es imposible caminar y alimentarnos solos!  Tenemos el cordón umbilical que nos alimenta. Solamente quiero recordarte esto: la vida después del nacimiento es imposible,  porque nuestra vida depende del cordón, y  el cordón, es demasiado corto.
  -El creyente: Estoy seguro que es posible. Sólo que será un poco diferente. Quizá muy diferente.
  -
El ateo : Pero no hay nadie que haya regresado de allí, no te hagas ilusiones. La vida sencillamente se termina con el nacimiento. Y sinceramente, la vida está llena de incomodidades en la oscuridad. Esto es demasiado estrecho para los dos.
  -El creyente: No sé exactamente cómo será la vida después del nacimiento pero en cualquier caso, vamos a conocer a nuestra mamá, ¡y ella cuidará de nosotros!
  -
El ateo: ¿Mamá, has dicho? ¿Tú crees que tenemos una mamá? ¿Y entonces  dónde está?
  -El creyente: Ella está por todos lados, a nuestro alrededor, y nosotros nos encontramos dentro de ella. Nos movemos por ella y gracias a ella estamos vivos. Sin ella no existiríamos.
  -
El ateo : ¡Qué tontería! Yo no he visto una mamá así; por lo tanto no existe.
  -El creyente: Yo tampoco la he visto. Pero cuando no me das patadas, y pasamos momentos buenos de tranquilidad,  la oigo cantar; es una música dulce. Estoy deseando encontrarme con ella. Entonces, además de oírla, la veremos. 
un misterio maravilloso...la vida.
Por aquí anda Dios Creador  
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Desde luego que  el diálogo tiene una gran semejanza con lo que decimos, los que por el amor de nuestros padres hemos pasado nueve meses entre esas paredes, y que después de haber nacido,
podemos ahora platicar algo parecido, porque en este lado, donde estamos ahora, también los hay: creyentes y ateos.

¿Tú dónde estás?  ¿Con quién te identificas? Yo con los creyentes y nunca he dudado,  de que después, pasaremos al otro lado. donde hay mucho más que estas paredes que son ahora nuestro mundo. También, cuando hacemos silencio en nuestro corazón, y no nos damos patadas, ni nos hacemos zancadillas, sentimos en el interior de nuestro corazón las melodías de Dios, que vienen de la fe. ¡Nos espera...el abrazo del Señor!. 
Franja.
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Y ahora imágenes de esos gemelos 
en la vida real.


¿Les habrías matado?


Con esa sonrisa, gozarán sus padres.

Y los llevarán orgullosos por la calle... 

y los abortistas mirarán para otro lado, porque dos niños hoy así...
acusan a más de uno/a!!!
Franja
Y ahora ...
Una carta al hermano que no nació
Esta carta, basada en una experiencia de la vida real, fue escrita por una dirigente del movimiento pro vida, quien por razones obvias desea permanecer en el anonimato.

Mi querido hermano: Hoy, mientras me miraba alegremente en los ojos de mi pequeño hijito, me pregunté cómo es posible que alguien pueda hacerle daño a una inocente criatura como ésta que no puede defenderse, y lloré por todos aquellos bebitos que fueron abortados, y no tuvieron la suerte que tuvo mi hijo de poder nacer y ser acunado en los brazos de una madre que lo esperó con amor e ilusión.

Aunque no tuve la inmensa dicha de conocerte en esta tierra, te quiero mucho mi hermano, pues a través de los ojos del alma te he vislumbrado. Sé que de haber podido nacer, tendrías el pelo negro de nuestro padre y los ojos vivos y alegres de nuestra madre; quizás hasta te parecerías en algo a mí. En esta carta, la cual con el favor de Dios espero que los ángeles te hagan llegar, quiero pedirte que perdones a nuestra madre por no haberte permitido nacer. Verás; ella no sabía lo que hacía cuando fue a aquella mal llamada "clínica", donde un médico sin escrúpulos; que sí sabía que abortar es matar; destrozó con la cureta tu pequeño cuerpecito que apenas comenzaba a formarse, y con él destruyó también el plan de Dios para ti. Nuestra madre, pobrecita, no supo lo que había hecho hasta pasados muchos años. Un triste día ambas contemplamos horrorizadas la realidad del aborto homicida reflejada en unas fotos, verdaderas pruebas de que el aborto es un crimen.

¡Qué dolor tan grande sentimos, querido hermano, al ver aquellas fotos por vez primera y comprobar cómo debió de haber quedado tu pequeño cuerpecito después del aborto que te privó de la vida; y el cual, aunque han pasado ya años, nuestra querida madre no ha podido olvidar! Hermanito, ella todavía sueña contigo, acerca de cómo serías, y yo a veces, cuando nos reunimos los demás hermanos en la mesa familiar con nuestros padres, siento en mi corazón tu ausencia que hace que el grupo esté incompleto y me pregunto cómo sería tenerte aquí con nosotros. Allá en el cielo, donde sé que gracias a la misericordia de Dios te encuentras, ruego a Él que te lleguen mis pensamientos, y te pido perdón en nombre de nuestra madre, a quien el inmenso dolor del arrepentimiento y la carga que ha llevado en su conciencia por tu muerte; no la han dejado expresar en palabras lo que de veras siente.

Ruega a Dios por ella, pues aunque sabe que Él la ha perdonado porque no sabía lo que hacía, todavía te recuerda y piensa en lo mucho que te hubiera querido, si tú hubieras nacido. Pídele a Él por otras mujeres, para que no caigan en el mismo error
que cayó mamá, por falta de conocimientos. Yo por mi parte te prometo, que aunque no pude salvarte a ti del aborto, otros niños sí se salvarán por mis esfuerzos, pues trabajaré para llevarles a sus mamás el mensaje que la nuestra no recibió. Te quiere y te recuerda siempre tu hermana que espera, con el favor de Dios, encontrarse contigo algún día en la eternidad...

FUENTE: Anónimo,
 "Carta al hermano que no conozco,"
 Escoge la Vida (enero/febrero de 1991), suplemento
 "Caminos de Esperanza".
 Escoge la Vida es el boletín de 
Vida Humana Internacional.
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