jueves, 28 de febrero de 2013

Autobiografía de Benedicto XVI.

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Me da mucha alegría poner estos datos de una autobiografía en la que nos cuenta con sencillez algunos aspectos  -los más importantes ante Dios y más trascendentes-, de su vida: 
Franja
Una imagen que vale más que mil palabras.
Una muestra del cariño universal, que debe ser un antídoto contra aquellos desalmados,  que por tener el corazón corrompido o emponzoñado, son capaces de intentar morder y oscurecer la figura de un santo, que los está demostrando hasta con sus últimos actos o gestos. Franja. 
Su Bautismo, la ordenación sacerdotal, la ordenación episcopal, y la elección como Papa
«Estás en el camino justo»
En 1977, el cardenal Ratzinger publicaba Recuerdos de mi vida (editado por Encuentro, con el título Mi vida), en el que rememoraba los momentos más importantes en su biografía, hasta su ordenación como como arzobispo de Munich. Juan Pablo II le llamaría poco después a Roma, y le tendría muy cerca hasta el final. Joseph Ratzinger soñaba con su jubilación, pero los cardenales le eligieron Papa. «Yo, debil siervo de Dios, he de asumir este cometido inaudito, que supera realmente toda capacidad humana», confesaba en la Misa de inicio de pontificado
Primera Misa, con su hermano.
Desde el día de su ordenación,
siempre sacerdote
Bautismo:
Nací el 16 de abril de 1927, Sábado Santo, en Marktl, junto al Inn. El hecho de que el día de mi nacimiento fuera el último de la Semana Santa y fuese la víspera de la noche de Pascua de Resurrección, ha sido frecuentemente recordado por mi familia; y más aún que fuese bautizado al día siguiente de mi nacimiento, con el agua apenas bendecida de la noche pascual (que entonces se celebraba por la mañana); ser el primer bautizado con la nueva agua se consideraba como un importante signo premonitorio. Siempre ha sido muy grato para mí el hecho de que, de este modo, mi vida estuviese ya desde un principio inmersa en el Misterio Pascual, lo que no podía ser más que un signo de bendición. Indudablemente, no era el domingo de Pascua, sino exactamente el Sábado Santo. No obstante, cuanto más lo pienso, tanto más me parece la característica esencial de nuestra existencia humana: esperar todavía la Pascua y no estar aún en la lucha plena, pero encaminarnos confiadamente hacia ella.
Ordenación sacerdotal:
Ordenación sacerdotal
La ordenación sacerdotal la recibimos en la catedral de Frisinga de manos del cardenal Faulhaber, en la fiesta de los Santos Pedro y Pablo de 1951. Éramos más de cuarenta candidatos; cuando fuimos llamados, respondíamos:Adsum, «Aquí estoy». Era un espléndido día de verano que permanece inolvidable como el momento más importante de mi vida. No se debe ser supersticioso, pero en el momento en que el anciano arzobispo impuso sus manos sobre las mías, un pajarillo -tal vez una alondra- se elevó del altar mayor de la catedral y entonó un breve canto gozoso; para mí fue como si una voz de lo alto me dijese: Vas bien así, estás en el camino justo. Siguieron después cuatro semanas de verano que fueron como una única y gran fiesta. El día de la primera misa, nuestra iglesia parroquial de San Osvaldo estaba iluminada en todo su esplendor, y la alegría, que casi se tocaba, envolvió a todos en la acción sacra, en la forma vivísima de una participación activa, que no tenía necesidad de una particular actividad exterior. Estábamos invitados a llevar a todas las casas la bendición de la primera misa y fuimos acogidos en todas partes -también entre personas completamente desconocidas- con una cordialidad que hasta aquel momento no me podía haber imaginado. Experimenté así muy directamente cuán grandes esperanzas ponían los hombres en sus relaciones con el sacerdote, cuánto esperaban su bendición, que viene de la fuerza del Sacramento. No se trataba de mi persona ni de la de mi hermano: ¿qué podrían significar, por sí mismos, dos hermanos, como nosotros, para tanta gente que encontrábamos? Veían en nosotros unas personas a las que Cristo había confiado una tarea para llevar su presencia entre los hombres; así, justamente porque no éramos nosotros quienes estábamos en el centro, nacían tan rápidamente relaciones amistosas.
Ordenación episcopal:
Ordenación episcopal
Aquel día fue un día extraordinariamente bello. Era un radiante día del comienzo del verano, en la Vigilia de Pentecostés de 1977. La catedral de Munich, que, tras la reconstrucción emprendida después de la Segunda Guerra Mundial, daba una impresión de sobriedad, estaba magníficamente adornada, transmitiendo una atmósfera de alegría que le envolvía a uno de una manera verdaderamente irresistible. Experimenté la realidad del Sacramento: que en él sucede algo que es verdad. Más tarde fue la oración ante la columna de la Virgen María -la Mariensäule- en el corazón de la capital bávara, y el encuentro con muchas personas que acogían al recién llegado, para ellos desconocido, con una cordialidad y una alegría que no se debía tanto a mi persona, sino que me manifestaba, una vez más, qué es el Sacramento. Saludaban al obispo, que lleva el misterio de Cristo, si bien tal vez la mayoría de los presentes no era consciente de ello. Pero la alegría de aquella jornada era precisamente algo en verdad diferente de la aceptación de una persona, que debía mostrar todavía su propia capacidad. Era la alegría de ver de nuevo presente aquel ministerio, aquel servicio en una persona que no vive y actúa para sí misma, sino para Él, y, por tanto, para todos.
Elección pontificia:
Primera bendición pontificia
Hemos sido consolados de nuevo realizando la solemne entrada en cónclave para elegir al que Dios había escogido. ¿Cómo podíamos reconocer su nombre? ¿Cómo 115 obispos, procedentes de todas las culturas y países, podían encontrar a quien Dios quería otorgar la misión de atar y desatar? Una vez más, lo sabíamos; sabíamos que no estamos solos, que estamos rodeados, guiados y conducidos por los amigos de Dios. Y ahora, en este momento, yo, débil siervo de Dios, he de asumir este cometido inaudito, que supera realmente toda capacidad humana. ¿Cómo puedo hacerlo? ¿Cómo seré capaz de llevarlo a cabo? Todos vosotros acabáis de invocar a toda la muchedumbre de los santos, representada por algunos de los grandes nombres de la historia que Dios teje con los hombres. De este modo, también en mí se reaviva esta conciencia: no estoy solo. No tengo que llevar yo solo lo que, en realidad, nunca podría soportar yo solo. La muchedumbre de los santos de Dios me protege, me sostiene y me conduce. Y me acompañan vuestra indulgencia, vuestro amor, vuestra fe y vuestra esperanza.
Joseph Ratzinger/Benedicto XVI

La ostra y los litigantes

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Una fábula que me parece siempre actual y en estos tiempos muy oportuna. Litigan unos con otros y la ostra se la come el más avispado de los intermediarios. ¿Quién se queda con las conchas o con la paja? 
Que se lo digan a aquel abogado gallego, que le daba la razón a las dos partes en una consulta por el litigio sobre una vaca. La señora del abogado escuchó las sendas consultas de los interesados y le dijo a su marido: ¿Cómo puedes decirle a los que han venido a consultarte sobre la vaca, que la vaca es suya? Y el abogado le contestó: No te preocupes, María. La vaca es nuestra!!! (A vaquiña e nosa!!!)
Ahí tienes la lección de la ostra y de los litigantes.

La ostra y los litigantes


Un día encontraron dos peregrinos en la arena de la playa una ostra que acababan de traer las olas; devorábanla con los ojos, señaláronsela con el dedo; pero al tratar con los dientes, tuvieron que disputársela. Bajábase ya el uno para cogerla, cuando el otro le dio un empello, diciendo: “Vamos a ver a quién le corresponde. El primero que la haya visto, ese la engullirá; el otro, le mirará. – Si eso vale, contestó el camarada, yo tengo muy buena vista, gracias a Dios.- No es mala tampoco la mía, replicó el primero, y os digo que he divisado la ostra antes que vos.-Pues bien: si la habéis divisado, yo la he olido ”

Estaban es estos dimes y diretes, cuando llego Don picapleitos, y le tomaron por juez. Son picapleitos abrió gravemente la ostra y se la tragó, a las babas de los litigantes. Y después de haberla saboreado, dijo con tono de presidente de sala: “Tomad; el tribunal os adjudica a cada uno de vosotros una de las conchas; marchad en paz”

Considerad lo que cuestan hoy los litigios; calculad lo que les queda en limpio a las partes; veréis cómo Don picapleitos se queda con todo el grano y no deja a los litigantes más que la paja.


El Papa Benedicto seguirá llamándose Benedicto XVI

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Ratzinger seguirá llamándose Benedicto XVI

 
 
Benedicto XVI
BENEDICTO XVI

Mantendrá solo el título de “Su Santidad”; mantendrá el “Papa emérito”, seguirá usando la sotana blanca pero dejará sus zapatos rojos. El 4 de marzo será la primera congregación de los cardenales

ANDREA TORNIELLICIUDAD DEL VATICANO
Joseph Ratzinger conservará el nombre papal incluso después de la renuncia oficial (el 28 de febrero a las 20.00 hrs.), es decir que seguirá llamándose Benedicto XVI y habrá que pronunciar las palabras “Su Santidad” para dirigirse a él. Se convertirá en “Papa emérito” o “Pontífice emérito”.

El portavoz vaticano, durante un encuentro con los periodistas esta mañana, explicó que Ratzinger seguirá vistiendo de blanco, pero con la sotana simple, y no con la “pellegrina”, esa especie de capa obispal. Además, indicó Lombardi, ya no podrá usar zapatos de color rojo. «Pero el Papa también tenía marrones y, en particular, el gustaban mucho unos zapatos que le regalaron en su viaje a México de 2012, en León».


A las 20 horas del próximo jueves, el anillo del pescador y el sello papales serán destruidos. Ratzinger seguirá llevando un anillo, pero ya no el anillo papal. El comienzo de la sede vacante estará marcado por un hecho significativo: los guardias suizos que se encargan de cuidar al Papa, desde el jueves por la tarde , dejarán Castel Gandolfo, porque a partir de ese momento ya no habrá Papa.

En cuanto a las Congregaciones generales cardenalicias, el decano Angelo Sodano convocará a los purpurados el día primero de marzo; esto significa que la primera congregación se llevará a cabo el 4 de marzo. Así que para saber cuándo será la fecha del Cónclave habrá que esperar otra semana.

Testimonio del Cardenal Rouco.

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Mucho se ha escrito en estos días y se seguirá escribiendo. 
La renuncia del Santo Padre, Benedicto XVI ha conmocionado a todo el mundo  porque nadie se ha quedado indiferente, para bien o para mal. Depende de la calidad de la vida cristiana enraizada en las diversas naciones y sus habitantes. El que tiene una formación cristiana  sólida, acepta la renuncia como un derecho reconocido en la Ley de la Iglesia.  Incluso ven en este acto del Papa una muestra de su gran humildad , respeto y amor a la Santa Iglesia, que no es suya, sino de Cristo. Por eso dice que la Iglesia está en buenas manos, las de Jesucristo, que sigue actuando dentro de su barca, con la fuerza del Espíritu y con la intercesión de la Virgen María,
Otros, que además pueden ser no amigos, pero no indiferentes, buscan argumentos humanos para enjuiciar a la Iglesia con los criterios políticos o mundanos, para incluso calumniarla por banderías inventadas o sacadas del contexto o para tratar de zaherir la actuación impecable del Santo Padre Benedicto XVI. Puede que esa sea su cruz en lo que le quede de vida. 
Gracias Santo Padre, por tantos años dedicados al servicio de la Iglesia de Dios. Que la Santísima Virgen le ayude en estos momentos tan importantes para la vida de la Iglesia. Franja.

CARDENAL ROUCO: "LA EMOCIÓN NOS EMBARGA. 

LE HEMOS QUERIDO COMO PADRE Y PASTOR VISIBLE

 DE LA IGLESIA UNIVERSAL". INFOCATOLICA.COM

«NO PODREMOS OLVIDARLE NUNCA»
El cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, ha admitido estar «emocionado» ante la despedida del Papa Benedicto XVI. «La hora de la despedida ha llegado: una despedida emocionada y agradecida. La emoción nos embarga. Le hemos querido como Padre y Pastor visible de la Iglesia Universal. No podremos olvidarle nunca ni en nuestro afecto filial, ni en nuestra vida cotidiana», ha subrayado.
27/02/13 10:11 AM | Imprimir | Enviar
(EP) Para el cardenal, Benedicto XVI ha guiado a la Iglesia Universal y «la ha conducido luminosamente durante ocho años» en el inicio de «un siglo y de un milenio extraordinariamente dramático y crítico, con palabras y obras, gestos y actitudes evangélicamente transparentes».
Ahora, según ha indicado, deja libremente en manos del Señor la elección de un nuevo Sucesor de Pedro «para el bien de la Iglesia y para su más vivo y fecundo servicio a la misión de ser y manifestarse» al filo del Tercer Milenio de la historia Cristiana.
Así, apunta que «el testimonio de no querer anteponer nada al amor de Cristo se hace conmovedoramente patente, máxime cuando la urgencia de una Nueva Evangelización se impone con una fuerza histórica y un dinamismo espiritual extraordinario».
El cardenal Rouco Varela le da «gracias de corazón por no haber dejado ninguna duda al hombre y a la sociedad contemporánea, tan sedientos de la verdad que la pueda rescatar de su crisis moral y espiritual endémica, en donde y en quien puede encontrar la esperanza: en Jesucristo Crucificado y Resucitado».
Según ha señalado, con su magisterio, el reto de la Nueva Evangelización «no sólo ha quedado urgido con una fuerza histórica y un dinamismo espiritual extraordinario, sino sobre todo presentado como la apremiante llamada del Señor a su Iglesia para el Tercer Milenio del Cristianismo» y como «la consecuencia apostólica obligada de la aplicación fiel del Concilio Vaticano II para este momento tan crucial de la historia de la Iglesia y de la humanidad»

miércoles, 27 de febrero de 2013

Último discurso del Papa en español

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Texto completo del último discurso del Papa

Este fue el discurso que pronunció Benedicto XVI en español

"Queridos hermanos y hermanas: "Muchas gracias por haber venido a esta última audiencia general de mi pontificado. "Asimismo, doy gracias a Dios por sus dones, y también a tantas personas que, con generosidad y amor a la Iglesia, me han ayudado en estos años con espíritu de fe y humildad.
"Agradezco a todos el respeto y la comprensión con la que han acogido esta decisión importante, que he tomado con plena libertad.
"Desde que asumí el ministerio petrino en el nombre del Señor he servido a su Iglesia con la certeza de que es Él quien me ha guiado. Sé también que la barca de la Iglesia es suya, y que Él la conduce por medio de hombres.
"Mi corazón está colmado de gratitud porque nunca ha faltado a la Iglesia su luz. En este Año de la fe invito a todos a renovar la firme confianza en Dios, con la seguridad de que Él nos sostiene y nos ama, y así todos sientan la alegría de ser cristianos.
"Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y de los países latinoamericanos, que hoy han querido acompañarme.
"Os suplico que os acordéis de mí en vuestra oración y que sigáis pidiendo por los Señores Cardenales, llamados a la delicada tarea de elegir a un nuevo Sucesor en la Cátedra del apóstol Pedro.
"Imploremos todos la amorosa protección de la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia. "Muchas gracias. Que Dios os bendiga".
Que la bendición de Dios 
Padre, Hijo y Espíritu Santo
 descienda sobre los lectores
 de este Blog Parroquial de Baiona
Publicación eltiempo.com
Sección Otros
Fecha de publicación 27 de febrero de 2013  Autor AFP

Siempre renuncias, Benedicto XVI

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Hace unos días recibí este artículo. Al leerlo por primera vez y de prisa no le encontré demasiado interés. Pero ahora que me lo han vuelto a mandar, lo he leído despacio y me parece apropiado para reconocer el valor de una renuncia. Puede que alguna cosa no sea exacta, pero nos da una buena idea de lo que es una renuncia. En este caso, muchas de esas renuncias de las que habla el artículo, no son renuncias negativas, sino una afirmación gozosa de una entrega. ¿Lo entenderás?  Franja.

     Siempre renuncias, Benedicto XVI

 Tengo 23 años y aún no entiendo muchas cosas. Y hay muchas cosas que no se pueden entender a las 8:00 am cuando te hablan para decirte escuetamente: “Daniel, el papa dimitió.” Yo apresuradamente contesté: “¿Dimitió?”. La respuesta era más que obvia, “O sea renunció, ¡Daniel, el papa renunció!”
El Papa renunció. Así amanecerán sin fin de periódicos mañanas, así amaneció el día para la mayoría, así de rápido perdieron la fe unos cuantos y otros muchos la reforzaron. Y que renunciara, es de esas cosas, que no se entienden.
Yo soy católico. Uno de tantos. De esos que durante su infancia fue llevado a misa, luego creció y le agarró apatía. En algún punto me llevé de la calle todas mis creencias y a la Iglesia de paso, pero la Iglesia no está para ser llevada ni por mí, ni por nadie (ni por el Papa). En algún punto de mi vida, le volví a agarrar cariño a mi parte espiritual (muy de la mano con lo que conlleva enamorarse de la chavita que va a misa, y dos extraordinarios guías llamados padres), y así de banal, y así de sencillo, recontinué un camino en el que hoy digo: Yo soy católico. Uno de muchos, si, pero católico al fin. Pero así sea un doctor en teología, o un analfabeto de las escrituras (de esos que hay millones), lo que todo mundo sabe es que el Papa es el Papa. Odiado, amado, objeto de burlas y oraciones, el Papa es el Papa, y el Papa se muere siendo Papa. Por eso hoy cuando amanecí con la noticia, yo, al igual que millones de seres humanos, nos preguntamos ¿por qué?. ¿Por qué renuncia señor Ratzinger?. ¿Le entró el miedo?. ¿Se lo comió la edad?. ¿Perdió la fe?. ¿La ganó?. Y hoy, después de 12 horas, creo que encontré la respuesta: El señor Ratzinger, ha renunciado toda su vida.
Así de sencillo.
El Papa renunció a una vida normal. Renunció a tener una esposa. Renunció a tener hijos. Renunció a ganar un sueldo. Renunció a la mediocridad. Renunció a las horas de sueño, por las horas de estudio. Renunció a ser un cura más, pero también renunció a ser un cura especial. Renunció a llenar su cabeza de Mozart, para llenarla de teología. Renunció a llorar en los brazos de sus padres. Renunció a teniendo 85 años, estar jubilado, disfrutando a sus nietos en la comodidad de su hogar y el calor de una fogata. Renunció a disfrutar su país. Renunció a tomarse días libres. Renunció a su vanidad. Renunció a defenderse contra los que lo atacaban. Vaya, me queda claro, que el Papa fue un tipo apegado a la renuncia.
Y hoy, me lo vuelve a demostrar. Un Papa que renuncia a su pontificado cuando sabe que la Iglesia no está en sus manos, sino en la de algo o alguien mayor, me parece un Papa sabio. Nadie es más grande que la Iglesia. Ni el Papa, ni sus sacerdotes, ni sus laicos, ni los casos de pederastia, ni los casos de misericordia. Nadie es más que ella. Pero ser Papa a estas alturas del mundo, es un acto de heroísmo (de esos que se hacen a diario en mi país y nadie nota). Recuerdo sin duda, las historias del primer Papa. Un tal. Pedro. ¿Cómo murió? Si, en una cruz, crucificado igual que a su maestro, pero de cabeza. Hoy en día, Ratzinger se despide igual. Crucificado por los medios de comunicación, crucificado por la opinión pública y crucificado por sus mismos hermanos católicos. Crucificado a la sombra de alguien más carismático. Crucificado en la humildad, esa que duele tanto entender. Es un mártir contemporáneo, de esos a los que se les pueden inventar historias, a esos de los que se les puede calumniar, a esos de los que se les puede acusar, y no responde. Y cuando responde, lo único que hace es pedir perdón. ‘Pido perdón por mis defectos’. Ni más, ni menos. Que pantalones, que clase de ser humano. Podría yo ser mormón, ateo, homosexual y abortista, pero ver a un tipo, del que se dicen tantas cosas, del que se burla tanta gente, y que responda así. Ese tipo de personas, ya no se ven en nuestro mundo.
Vivo en un mundo donde es chistoso burlarse del Papa, pero pecado mortal burlarse de un homosexual (y además ser tachado de paso como mocho, intolerante, fascista, derechista y nazi). Vivo en un mundo donde la hipocresía alimenta las almas de todos nosotros. Dónde podemos juzgar a un tipo de 85 años que quiere lo mejor para la Institución que representa, pero le damos con todo porque “¿con qué derecho renuncia?”. Claro, porque en el mundo NADIE renuncia a nada. A nadie le da flojera ir a la escuela. A nadie le da flojera ir a trabajar. Vivo en un mundo donde todos los señores de 85 años están activos y trabajando (sin ganar dinero) y ayudan a las masas. Si, claro.
Pues ahora sé Señor Ratzinger, que vivo en un mundo que lo va a extrañar. En un mundo que no leyó sus libros, ni sus encíclicas, pero que en 50 años recordará cómo, con un simple gesto de humildad, un hombre fue Papa, y cuando vio que había algo mejor en el horizonte, decidió apartarse por amor a su Iglesia. Va a morir tranquilo señor Ratzinger. Sin homenajes pomposos, sin un cuerpo exhibido en San Pedro, sin miles llorándole aguardando a que la luz de su cuarto sea apagada. Va a morir, como vivió aún siendo Papa: humilde.
Benedicto XVI, muchas gracias por renunciar.
Quien sepa el autor que me lo diga para incluirlo. Mientras figura como anónimo., aunque el nombre que se saca es el de Daniel. Franja.

Estampitas con Oración a la Virgen María

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Gracias, Santo Padre, por tu vida
 dedicada a Cristo y su Iglesia 
por medio de Santa Maria Virgen.
Para que le reces a la Santísima Virgen. Oraciones que sabes, y otras desconocidas y hermosas. Hoy rézalas por el Santo Padre Benedicto XVI, para que la Santísima Virgen le proteja en estos momentos de su vida, al dejarnos con ese amor que nos demuestra y que será bueno para la Santa Iglesia, porque Dios sabe más.

Estampitas con Oración a la Virgen María

¿Cuántas has rezado hoy?
Franja

martes, 26 de febrero de 2013

Vittorio Messori.habla del Santo Padre

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Mi primer encuentro con Benedicto XVI
Vittorio Messori. Periodista y escritor italiano,
 está considerado como el escritor
 de temas católicos más traducido del mundo.
Famiglia Cristiana, 22 de febrero de 2013
Traducción: Sara Martín
Preparándose para el 
En lugar de un temible Gran Inquisidor, encontré una persona entre las más corteses, mansas e incluso tímidas que había conocido jamás. En lugar de un ideólogo fanático, encontré a un hombre dispuesto a escuchar, a comprender, a interpretar lo mejor posible el pensamiento de su interlocutor, firme en lo esencial pero elástico en lo accesorio.
Los colegas me piden que cuente al menos los comienzos de la relación, que dura desde hace 25 años, con aquel hombre cuya renuncia ha conmovido a mil millones de católicos y creado un estado de alarma en el mundo entero. Y me recomiendan que no dude en seguir una «línea personal». Lo hago con gusto, pero también con un poco de melancolía: en efecto, con el imprevisto fin del pontificado de Benedicto XVI termina también (por lo poco que pueda valer) la parte central, la más comprometida de mi recorrido personal. Siento un poco de incomodidad al dejarme caer en el autobiografismo, pero así no sólo cumplo con el deseo de la revista: para justificarme, también se da el hecho de que esta pequeña historia se enlaza con las vicisitudes del Grupo que edita esta revista semanal.[1]
Sucedió de hecho que, al final del lejano año 1978, dejé tanto una ciudad como un periódico que amaba (Turín y La Stampa), aceptando la invitación del inolvidable don Zilli para crear el mensual religioso de Famiglia Cristiana, dándole el nombre más comprometido. Nada menos que la revista Jesús: al modo latino, que quede claro, no con la pronunciación inglesa que, para mi decepción, he escuchado después pronunciar muchas veces. La convocatoria en Milán se debía al singular e imprevisto éxito de mi primer libro, Hipótesis sobre Jesús, que había centrado la atención en lo que yo era hasta entonces y que no me disgustaba en absoluto: esto es, un simple y tranquilo redactor del suplemento cultural del periódico de Casa Agnelli.
La redacción inicial del nuevo proyecto mensual paulino estaba realmente reducida hasta el extremo: un director, don Antonio Tarzia (que volvió después a la dirección del periódico, después de otras experiencias editoriales), una joven y brava secretaria, Maura Ferrari y el que suscribe. Junto a don Totò, como sus amigos siempre lo habíamos llamado, decidimos que el plato fuerte de cada número sería una entrevista larga y en profundidad con los mayores protagonistas del pensamiento —ya fueran cristianos, ya fueran de otras religiones, ya fueran agnósticos o ateos— con el título «Diálogos sobre Jesús». De aquí nacería, después de años de trabajo, un libro que todavía permanece en el catálogo de Mondadori, Inchiesta sul cristianesimo. Cada mes añadía a mi colección el retrato de una persona con autoridad pero, a partir de un cierto momento, comencé a acariciar un sueño: ¿Por qué todo mi indagar se realizaba
alrededor de la fe, de la posibilidad de creer todavía? ¿Por qué no interrogar a aquel que —en la Iglesia católica— era el custodio, el guardián de la ortodoxia? Pablo VI había renovado profundamente lo que había sido el Santo Oficio, en torno al cual se había creado una tenaz leyenda negra. Para suceder a la temida institución se había creado una nueva Congregación, la llamada «para la Doctrina de la Fe». Juan Pablo II llamaría después para dirigirla al arzobispo de Mónaco de Baviera, ya profesor universitario de Teología, un tal Joseph Ratzinger. Había leído una Introducción al cristianismo suya que me había gustado, al igual que me gustaron las declaraciones y documentos que comenzó a producir en su nuevo servicio romano.
De esta manera, me atrapó una especie de pensamiento fijo: ¡Aquel cardenal bávaro era el hombre que yo necesitaba para completar mi gran serie de testimonios sobre la fe! Los pocos a los que se lo di a entender me miraban con una sonrisilla irónica; alguno me aconsejaba un poco sarcásticamente un periodo de reposo, ya que era evidente que comenzaba a delirar.
Pero, en resumen, ¿me daba cuenta de que, a pesar del cambio de nombre, aquella seguía siendo la heredera directa del Santo Oficio de los inquisidores, la única Congregación de la Iglesia cuyo archivo estaba todavía rigurosamente sellado, la institución que había hecho del secreto y del silencio su esencia? Sí, me daba cuenta. Y sin embargo... Y sin embargo sucedió que la vigilia del 15 de Agosto de 1984 paseaba delante del portón del gran Seminario de Bressanone esperando a Su Eminencia Joseph cardenal Ratzinger, que me había concedido una cita no para un par de horas sino para, quien lo diría, tres días.
El proyecto no era una breve entrevista para un periódico, sino una conversación sin cuartel que se convirtiera en un libro: la editorial, obviamente San Pablo, también porque (se lo reconozco con gusto y con agradecimiento) el director don Totò había sido de los pocos que no me había considerado incoherente, más aún, había trabajado también él para conseguir aquel objetivo que parecía una utopía. Como decía, paseaba en la plaza de Brixen—Bressanone, esperando alguna limusina negra con matrícula SCV. En su lugar, llegó una Volkswagen con matrícula Regensburg, conducida por un hombre de aire afable (supe después que era su hermano) y salió un sacerdote con un modesto clergyman de párroco, con un rostro de juvenil curiosidad que contrastaba con la corona de pelo totalmente blanco. Pero sí: era «él». Tres días después saldría de aquel portón con una veintena de horas de grabación en la bolsa de viaje que sacudirían a toda la Iglesia y que todavía hoy se siguen reeditando en muchos idiomas, bajo el título Informe sobre la fe.
Comenzó así una relación que, aunque de un modo lógicamente discontinuo, se prolongaría en el tiempo con diversos encuentros (hasta llegar a uno más bien reciente) que me permitieron profundizar en el conocimiento del hombre que me pareció rápidamente lo contrario precisamente a la «leyenda negra» creada sobre él. En lugar de un temible Gran Inquisidor, encontré una persona entre las más corteses, mansas e incluso tímidas que había conocido jamás. En lugar de un ideólogo fanático, encontré a un hombre dispuesto a escuchar, a comprender, a interpretar lo mejor posible el pensamiento de su interlocutor, firme en lo esencial pero elástico en lo accesorio. En lugar de un sacerdote tenebroso y hosco, encontré una persona de agradable humor, dispuesta a sonreír y replicar a las bromas con finura. En lugar de un hombre anclado en el pasado, encontré a una persona curiosa e informada no sólo de los avances y tendencias de los estudios teológicos y filosóficos, sino también de todo lo importante que sucedía en el mundo. En lugar de un cardenal encaramado a la púrpura, encontré a un sacerdote sorprendido por todo lo que le había sucedido, que había aceptado los altos nombramientos sólo por amor a la Iglesia y que hablaba con un poco de pena de los estudios interrumpidos, de los proyectos editoriales pospuestos sine die.
No era fácil, en el clima eclesial de aquel entonces, hacer pasar esta imagen, la auténtica, del presunto heredero de los inquisidores, por añadidura alemán y que incluso había pasado (obligado, al igual que todos sus coetáneos) por las Juventudes Hitlerianas. Quizá, sólo después de la elección al papado, la Iglesia y el mundo han descubierto poco a poco quien era verdaderamente el auténtico Ratzinger. Muchos, muchísimos, al descubrirlo le han amado. Y ahora, respetan su decisión pero se entristecen ante la perspectiva de no verlo ni escucharle de nuevo repetir —amablemente, no amenazadoramente— la verdad que la Iglesia anuncia.

Es necesario leer de estos artículos aclaratorio. Franja.


[1] Famiglia Cristiana, revista semanal que ha publicado originalmente este artículo, N. de la T.

lunes, 25 de febrero de 2013

Renuncia del Papa. Cábalas y elucubraciones.nº 2

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comentario de peter seewald  /www.aceprensa.com /+  artículo de  marco tossati /http://vaticaninsider.lastampa.it /miércoles  20 de febrero de 2013
18 DE FEBRERO DE 2013
Seewald, que se entrevistaba con el Papa para preparar una biografía, advirtió que su salud se había deteriorado: “Había perdido oído; no veía por el ojo izquierdo; había adelgazado tanto que el sastre tenía dificultades para ajustarle los trajes. Se mostraba muy delicado, todavía más amable y humilde, muy reservado. No parecía enfermo, pero no se podía ignorar el cansancio que se había apoderado de toda su persona, cuerpo y alma”.

“Nunca le había visto tan exhausto, casi postrado. (...) Mientras dos años antes, a pesar de los primeros problemas de la edad, aparecía todavía ágil, casi juvenil, ahora cada vez que llegaba de la Secretaría de Estado un nuevo dossier, lo sentía como un golpe”. “Soy un hombre anciano y las fuerzas me abandonan”, le dijo Benedicto XVI. “Pienso que basta con lo que he hecho”.

En un encuentro anterior, el pasado agosto en Castel Gandolfo, Seewald le preguntó cómo le había afectado el asunto Vatileaks. “No me dejo llevar por una especie de desesperación o dolor universal, simplemente me parece incomprensible. Aun considerando a la persona (Paolo Gabriele), no puedo entender qué se espera. No logro penetrar en su psicología”, dijo Benedicto XVI. Sin embargo, “sostenía que el suceso no le había hecho perder el rumbo ni le había hecho sentir el cansancio de su puesto, ‘porque siempre puede suceder’”.
 
En el artículo Seewald hace algunas reflexiones sobre Joseph Ratzinger. “Los años le han puesto a dura prueba. Era descrito como un perseguidor, cuando realmente era un perseguido, el chivo expiatorio acusado ante cualquier injusticia”. Pero “nadie le ha oído lamentarse”, ni “nadie le ha oído un comentario negativo sobre otras personas”.

A juicio de Seewald, Ratzinger es “un penador radical y un creyente radical, que en la radicalidad de su fe no empuña una espada, sino otra arma mucho más poderosa: la fuerza de la humildad, de la sencillez y del amor. Joseph Ratzinger es el hombre de las paradojas. Lenguaje moderado, voz fuerte. Mansedumbre y rigor. Piensa a lo grande, pero presta atención a los detalles. Encarna una nueva inteligencia para reconocer y revelar los misterios de la fe, es un teólogo, pero defiende la fe del pueblo contra la religión de los profesores, fría como las cenizas”.
 
Llama que vacila, por Marco Tossati
“En estos días se habla mucho de conspiraciones y de documentos relacionados con la renuncia de Benedicto XVI. Todo es posible, naturalmente. Pero he revisado una serie de apuntes que tomé a lo largo de los años sobre la salud del Papa. Algunas confidencias de gente que lo conoce y que yo había prometido no revelar mientras estuviera en el Trono de Pedro.

Después del anuncio de su renuncia, me siento libre de compartirlos. Al revisar mis papeles, el contexto que surge es el de un progresivo deterioro de su salud y de su energía, un cuadro que justifica absolutamente la difícil decisión que tomó el Papa.

Hace dos años: «El Papa no puede dormir por la noche y no quiere tomar medicamentos. Por eso a menudo tiene un aspecto cansado. Y los que le quieren insisten en que no haya ninguna cita antes de las 17.00, para que se pueda reposar un poco, sobre todo durante los viajes».

Pero los encuentros después del almuerzo no desaparecieron; a partir de las 15.30. El médico, el doctor Polisca, dice que puede continuar pero necesita tranquilidad, sobre todo no hay que perder de vista su presión. Este, ahora, es el principal problema, pues está sufriendo justamente por la presión. Polisca dijo: «cuidado con los aviones. Insisto en que pase el menor tiempo posible en los aviones, porque los peligros nacen ahí».

Y efectivamente parece que pesaron mucho los viajes intercontinentales, por lo que el próximo encuentro en Río de Janeiro por la Jornada Mundial de la Juventud habría sido excluido.

Hace dos años, nuevamente: «Otro problema, durante los viajes, es que se cae de la cama si es demasiado pequeña. En el Valle de Aosta, cuando se rompió la muñeca, fue seguramente porque se cayó de la cama. En Malta le prepararon una habitación bellísima, llena de objetos artísticos y de muebles de época, con una cama napoleónica con su baldaquino, bellísimo, pero muy muy estrecho. No pudo dormir durante toda la noche por el miedo de caer. Y al día siguiente, durante la Misa, se quedó dormido y uno de los asistentes lo despertó rozándole el brazo. “No dormí en toda la noche”, le dijo Benedicto XVI disculpándose».

El biógrafo Peter Seewald confirmó en estos días lo que me encontré en unos apuntes de hace un año y medio: «Está confirmado que casi ya no ve con el ojo izquierdo, y esto acarrea problemas cuando hay escalones y particularmente durante las Misas solemnes cuando tiene que caminar alrededor del altar».

«Se cansa con rapidez», esta afirmación me la encuentro con cada vez más frecuencia mientras voy llegando a mis apuntes más recientes. «Tiene mucha dificultad para levantarse por la mañana; a veces duerme hasta nueve horas de corrido. Porque necesita descansar». Y llegamos casi a los últimos meses. Otoño de 2012: «Se siente débil y lo dice, mientras que antes no lo quería decir». Usa el bastón también en la casa, porque le duelen la cadera y la rodilla derechas.

Seguramente le habrán dado algunas veces cortisona para aliviar el dolor. Los que lo observaban mientras los paseos de la tardecita notaron que antes caminaba, iba a ver las flores nuevas que habían plantado los jardineros; ahora da muy pocos pasos y luego se sienta en la banquita más cercana, como si ya no tuviera energía, ni el estímulo ni la curiosidad para seguir adelante.

Los problemas de salud de Benedicto XVI son bastante conocidos (el ictus de 1992, los marcapasos para el corazón, la presión, el insomnio, la vista, la deambulación); en cambio, son menos conocidos los de su “brazo derecho” el Secretario de Estado, que, desgraciadamente, parece también tener algunos problemas de la vista y, según lo que se murmura en los pasillos vaticanos, fue operado hace algún tiempo en una clínica de unas monjas de Génova”.

Marco Tosatti, vaticanista de ‘La Stampa’, se convirtió tras seguir a Karol Wojtyla [*Nota del editor: Sobre Marco Tossati, periodista y converso gracias a Juan Pablo II:

http://www.intereconomia.com/noticias gaceta/iglesia/marco-tosatti-vaticanista-%E2%80%98-stampa%E2%80%99-se-convirtio-seguir-karol-wojtyla]


Enlace a las dos noticias: y
Nota:
 
Después de leer esas noticias, ¿no pensáis que queda aclarada y  que además confirma la decisión de la renuncia del Santo Padre Benedicto XVI?  Y... que toda la literatura vertida en los medios durante los días después de la renuncia, son fruto de muy poco amor a la Iglesia y además de cierto rencor contra El Santo Padre? Franja

domingo, 24 de febrero de 2013

Renuncia del Papa. Cábalas y elucubraciones.

Santa Maria de Baiona diócesis tuy- vigo blogspot.com
¿Habéis escuchado el dicho: Calumnia, calumnia...que algo queda?
Eso es lo que están haciendo con el Santo Padre unos cuantos periodistas irresponsables, que por que no les han pedido consejo, y que además se les nota que no aman a la Santa Iglesia como debe ser amada, interpretan un acto heroico, la renuncia del Santo Padre, como una cobardía. Puede ser que ellos vivan de esas cobardías y por falta de escrúpulos, sin informarse en donde está la verdad, sin escuchar y meditar las propias palabras del Sumo Pontífice, acuden a unas fuentes contaminadas, que manan odios y resentimientos hacia la Iglesia y al Sumo Pontífice, el Vicario de Cristo en la terra. Por eso agradezco este artículo que acaba de llegar de 

ZENIT

El mundo visto desde Roma

y así lo copio con imágenes del Obispo Arizmendi, de San Cristobal de las Casas.
 Cábalas y elucubraciones
Por Felipe Arizmendi Esquivel
SAN Cristóbal DE LAS CASAS, 24 de febrero de 2013 (Zenit.org) - Ofrecemos el artículo de nuestro colaborador habitual, el obispo de San Cristóbal de Las Casas, Felipe Arizmendi Esquivel, sobre la actual situación de la Iglesia y la actitud a adoptar ante tanta cábala y elucubración, en gran parte de ambientes ignorantes de la marcha y modo de actuar de la comunidad eclesial.
*****
SITUACIONES
¡Cuántos comentarios ha suscitado la ejemplar renuncia del Papa! Unos lo admiramos por esta decisión evangélica y prudente, que lo confirma como un hombre muy inteligente, libre, sensato, sacrificado por la Iglesia, fiel a Jesucristo. Otros lo malinterpretan, diciendo que es una huida ante la gran responsabilidad del papado, o señal de no poder soportar las intrigas de la Curia Romana. Hacen sus cábalas sobre el futuro Papa, elucubrando si debe ser europeo, africano o de nuestra América.
Una articulista local, toda desconcertada, califica esta decisión como una infidelidad a Dios y un mal ejemplo para los sacerdotes y también para los casados, como si fuera una invitación a no ser fieles hasta el final en sus compromisos. Unos, desde lejos, dicen que debería hacer lo mismo que Juan Pablo II, quien ya muy anciano y enfermo, expresó no estar dispuesto a bajarse de la cruz.
ILUMINACION
Benedicto XVI no se baja de la cruz ni rehúye al trabajo. Su decisión es para asumir otra forma de cruz; es dejar los reflectores y el primado universal, para dedicarse a la soledad, al silencio y a la oración, sólo por amor y respeto a la Iglesia. No es cobardía, sino profunda madurez humana y cristiana. No se siente indispensable; sino que con toda humildad se hace a un lado, para que otros crezcan y vayan con más salud por todo el mundo, predicando el Evangelio, que es lo que Jesús nos ordenó y lo que más importa, más allá de las personas, pues todos somos transitorios. Pienso que, en adelante, la mayoría de los Papas harán lo mismo, pues los tiempos requieren a un Papa en pleno vigor.
Que el Papa renuncie a su ministerio no es algo inaudito y sin sentido. Está previsto en las normas de la Iglesia. No es una huida, ni una irresponsabilidad; menos una traición a Dios y a la Iglesia. Es algo que ha sucedido varias veces en la historia de la Iglesia y ésta sigue adelante, pues no es una empresa sólo humana. Jesucristo la fundó y puso a alguien en su lugar, a Pedro y sus sucesores, como cabeza suprema de la Iglesia. No dejó a ángeles, sino a seres humanos, limitados y temporales. Siempre ha cumplido su promesa de no abandonar a su Iglesia en ninguna circunstancia. Es su obra, su Cuerpo, que perdura a través de los tiempos y las personas. La guía, de forma invisible pero real, por el Espíritu Santo. Esta es nuestra fe; esta es la fe de la Iglesia, que nos gloriamos de profesar. Quien no tiene esta fe, nunca comprenderá esta realidad.
El Papa no es Jesucristo, ni dueño de la Iglesia. Es sólo su representante, su Vicario, su Siervo, con la única misión de llevarnos a Jesús y que siga su obra de salvación. Esta realidad mistérica no es apropiación arbitraria, ni ambición de dominio. Es un servicio; somos “siervos inútiles”, que sólo tratamos de cumplir lo que se nos encomienda, no como dominadores, sino simples servidores.
Benedicto XVI ha sido un gran regalo para la Iglesia y para el mundo. Quienes siguen manejando clichés negativos sobre su persona, no conocen su bondad, su sencillez, su humildad, su profundidad y al mismo tiempo su amabilidad con quienes de alguna forma lo hemos tratado. En sus palabras hay una gran espiritualidad bíblica, teológica, antropológica, litúrgica e incluso pedagógica. La iluminación que nos ha ofrecido es un aporte muy actual, que no todos comprenden ni valoran. Algunos, ignorantes de lo que es nuestra fe, esperarían que el Papa y la Iglesia se modernizaran, entendiendo por eso amoldarse a los criterios de este mundo. Eso ni lo esperen. Esa es una tentación que siempre debemos rechazar, sea elegido el Papa que sea. Nuestros criterios se fincan en el Evangelio, no en dar gusto a este mundo hedonista, relativista, consumista. Ser cristiano es saber ir contra corriente y ser fieles sólo a Jesús.
COMPROMISOS
No nos impresionemos por opiniones sin fundamento. La fe nos asegura que Jesús es el Supremo Pastor y que el Espíritu Santo asiste a su Iglesia. Oremos por los cardenales electores y vivamos con serenidad y esperanza estos tiempos. La Iglesia de Cristo sigue adelante, en medio de nubarrones y tormentas, con la luz de la fe que nos indica el camino.
Muchas gracias a  Mons. Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de san Cristóbal de las Casas, Chiapas por sus palabras en defensa del Santo Padre Benedicto XVI, que puede servir para iluminar algunas conciencias, que por cerradas, puedan necesitar de esta explicación. Franja.

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